A siete años de la crisis, el grito "Que se vayan todos" es apenas un recuerdo

El 80% de los legisladores electos en 2007 ya hacían política en 2001.
Nadie se ha ido. Ni por voluntad propia ni por la exclusión del voto.

Aquel "que se vayan todos", aquel grito que atronaba en las calles a fines de 2001 y amenazaba con poner en jaque a la clase política en pos de una renovación, languidece como esos recuerdos lejanos y cada vez más borrosos.

El asunto admite muchas lecturas (los politólogos lo observan como un fenómeno complejo), pero los números son contundentes: cuatro de cada cinco legisladores que lograron sus bancas en las tres elecciones que prosiguieron a la crisis política, económica y social que marcó el final del gobierno de De la Rúa, venían de ocupar cargos políticos.

Un informe, elaborado por el investigador Rodrigo Mallea, que trabaja para el Centro de Estudios Nueva Mayoría, indica que en 2003, 2005 y 2007, la Cámara de Diputados puso en juego un total de 385 escaños; el 79 por ciento de quienes fueron elegidos (306 diputados) habían ocupado un cargo anterior a la crisis. "Apenas un 21 por ciento (79 diputados) representó una genuina renovación", determina el informe.

En el caso del Senado, las cifras demuestran que llegaron aun menos caras nuevas: el 96 por ciento de los elegidos en ese mismo lapso provenía de la arena política tradicional.

¿Y el descontento?. La desconfianza en los partidos persiste, pero la recuperación económica sirvió para acallar gritos y cacerolazos.

Vale recordar: en el tramo más caliente de la crisis, las encuestas llegaron a revelar que el 70 por ciento de la población exigía un cambio general de nombres y de figuras relevantes de la política argentina.

Para Carlos Strasser, profesor emérito de FLACSO --donde fundó la Maestría en Ciencia Política y Sociología que dirige desde hace 30 años-- "no hay que extrañarse mucho de que se repitan las figuritas".

Strasser cree que "el oficio de la política y los propios partidos políticos se han desprestigiado mucho". Esto es: hay poca gente valiosa interesada en dar el salto a la actividad pública. "Es un signo de la época", piensa el autor de "Democracia y desigualdad".

La teoría del "que se vayan todos", según Marcelo Leiras, director de Licenciaturas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, es de un cumplimiento muy improbable. Me pregunto por qué debería llegar a la política gente inexperta".

"Tendemos a concentrar nuestra atención y nuestros votos --razona Leiras-- en gente reconocida públicamente y con alguna trayectoria pública previa. Es obvio: no se fueron todos porque no quisimos que se fueran todos. E hicimos bien. Tomar decisiones políticas es una tarea muy compleja para la que solo la experiencia política nos prepara bien".

¿Cuál es el camino entonces para oxigenar la actividad pública?. El politólogo propone "militar, ganar experiencia, ganar elecciones y gobernar mejor que los que se aspira a reemplazar".

El trabajo de Nueva Mayoría indica que los cargos en el Congreso son "los más accesibles para aquellos que quieren poner un pie" en el mundo de la política. Se renuevan, en promedio, 128 cargos cada dos años.

¿Bastan concurrir a las urnas tan seguido para mejorar la conducción de un país?.

María Matilde Ollier, licenciada en Historia de la UBA, con un doctorado en Ciencias Sociales de FLACSO y un doctorado en Ciencias Políticas en la universidad estadounidense de Notre Dame, alerta: "Con vociferar que se vayan todos no se cambia la política. Porque los políticos y la calidad de la política se corresponden con la calidad de la ciudadanía donde esa política se desenvuelve".

Ollier cree que la consigna de diciembre de 2001 "fue un momento de bronca de la clase media tanto por la confiscación de sus ahorros como por el fin de la ilusión de que un peso valía un dólar. Se trató de una consigna cuyo cumplimiento era incompatible con el funcionamiento de la democracia".

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