“Siento que hay mucha impunidad”

María de los Ángeles Guerra, viuda de Jairo González, se siente indignada porque un juez consideró que el alférez Garay Lepez disparó el arma reglamentaria sin intención de matar a Jairo y dejó en libertad al policía.
Ayer, los rumores que referían la posibilidad de que el alférez Gabriel Garay Lépez podía quedar en libertad motorizaron una cadena de mensajes de texto entre familiares y amigos de Jairo González, el vecino del barrio José Hernández que murió por el disparo del arma del policía. Los mensajes convocaban a una nueva marcha en pedido de justicia. Efectivamente, esa tarde, Garay Lépez quedó procesado por homicidio culposo y recuperó la libertad, mientras los conocidos de la víctima concluían la tercera caminata frente a las escalinatas del Poder Judicial. Entre ellos estaba María de los Ángeles Guerra, la mujer de Jairo.

La viuda dice sentir indignación por la determinación del juez Jorge Sabaini Zapata, quien modificó la calificación del hecho y definió anteayer la situación procesal de Garay Lépez en su carácter de magistrado subrogante del Juzgado del Crimen Nº3.

Para el juez el expediente tiene las pruebas suficientes para mutar la calificación inicial que pesaba sobre el alférez –homicidio simple– por la de homicidio culposo, ya que consideró que no tuvo la intención de matar a González.

“Estuvimos hasta las 10 de la noche en el Poder judicial. Siento que hay mucha impunidad, que todo esto fue manipulado. No puedo creer que un juez haya decidido que el policía que mató a mi marido ande suelto. Esto es aberrante”, le dijo María a El Diario en un contacto telefónico, a minutos de abordar un colectivo a Villa Mercedes.

Dijo que el viaje a esa ciudad tiene por finalidad “visitar a mi hermano Pablo, despejar la mente, aclarar las ideas para ver qué determinación tomaremos la próxima semana con el doctor (Eduardo) Agúndez”, su abogado, en relación a la disposición del juez.

Lo que sí está definido es que entre lunes ó martes realizarán una nueva caminata desde el barrio donde ocurrió el homicidio, el domingo 28 de diciembre. “Esta vez será a la mañana, para que la gente y los comerciantes del centro también nos apoyen en nuestro pedido. Hay familiares que están elaborando un comunicado de prensa, para que el hecho no solo tenga difusión en San Luis, sino también en medios nacionales”, dijo María.

“Tal como lo dijo el doctor Agúndez, nuestra familia siente esta medida como un manoseo. Yo fui testigo de todo lo que pasó, vi todo desde que llegaron y lo mataron. No hubo un forcejeo entre Jairo y el policía. El nunca le sacó el arma al policía. Retrocedió con las manos en alto, después se cayó al piso”, aseguró la viuda.

María acompañó al abogado que la representa durante la indagatoria a Garay Lépez, el lunes. “Yo no podía hablar, pero lo miré todo el tiempo mientras hablaba. El agachó la cabeza. Si pudiera le preguntaría por qué actuó así. Tuvo muchas alternativas, hubiera usado otros métodos, no tenía razones para sacar el arma”, dijo María, madre de Lucas Alejandro, el único hijo de Jairo, de 7 años.

Para María la conducta del auxiliar Diego Coria, que acompañaba a Garay Lépez, no es menos reprochable. “No hizo nada, por eso fue irresponsable. Fue un actor pasivo, un inoperante”, dijo. “Me parece que habría que revisar esta determinación de que una persona del Plan de Inclusión pueda portar un arma con tan solo 9 meses de formación. Ellos estudian para poder controlar de otro modo una situación de este tipo”, agregó.

Según ella, tres fueron los disparos que salieron de la 9 milímetros de Garay Lépez. Uno fue al aire, el segundo fue cerca de la pierna de Jairo y rebotó en un pino del playón y el tercero fue el mortal, el que dio en la cabeza.

La discusión

Tajante, María desestimó las versiones que indican que Jairo habitualmente la golpeaba. “Discutíamos de vez en cuando, es verdad. Pero no me pegaba. Ese día se cayó sobre la mesa de vidrio y la rompió. Eso causó un ruido muy fuerte. Los departamentos están tan cerca que los vecinos escucharon ese estruendo”, dijo. “Como padre era excelente. Nos conocimos hace 8 años. Al poco tiempo quedé embarazada y nos fuimos a vivir juntos. Era el único sostén de la casa”, dijo María, a quien un funcionario gubernamental le prometió un puesto de trabajo. Además de convivir con su hijo, María tiene a cargo a su madre. Tanto ella como el pequeño estaban en el departamento cuando se desató el altercado de la pareja.

La madrugada previa ambos habían estado en el departamento de unos vecinos, tomando. “El había tomado, pero poco. La discusión empezó porque íbamos a ir al campo, yo quería que descansara, y él no. Ahí empezó todo”.

Lucas, su hijo, no conoce las circunstancias de la muerte de su papá. “El dice que quiere ser policía, por eso solo le contamos que su papá se cayó, que lo llevaron al hospital y que se fue al cielo. Nada más. Todavía está shockeado”, dijo la joven.

Para afrontar las circunstancias, María dice contar con el apoyo de sus parientes y de la familia de Jairo: “Sus hermanos son como los míos y mi suegra es como mi segunda mamá”. Junto a ellos caminará la semana próxima hacia Tribunales, para pedir Justicia.

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