“Siento una decepción grande como la Basílica”

Roberto Alonso fue inscripto como empleado del bloque de diputados provinciales de la Coalición Cívica junto a la denunciante Eliana Cufré.
Cobraba 600 pesos a través de Miguel Juárez. El diputado Juan Carlos Juárez le dijo que el beneficio era “por lo que ya hiciste, no por lo que vas a hacer”.

- ¿Usted renunció al cargo que ocupaba en la Cámara de Diputados, en el bloque de la Coalición Cívica?

- Renuncié a la Cámara de Diputados y renuncié al GEN. Una cosa está atada a la otra. Hubo dos o tres ocasiones en las que decidí alejarme pero me convencían de quedarme. Me daban un montón de razones, pero mi decisión actual está vinculada con lo que entiendo que tiene que ser la política.

- ¿Qué relación tiene su decisión con la denuncia contra Juárez que se conoció en estos días?

- Una gota más para saturar el vaso. Mi tema en la Cámara estaba relacionado con la obra social. En determinado momento mi hijo tuvo un problema de salud bastante grave que mi obra social no cubría. Juan Carlos Juárez me dijo que me iba a conseguir una pero me tenía que integrar. Me consiguió un trabajo con un sueldo. Era bastante poco, lo que me impediría ir a La Plata todos los días. Me aclaró que no era una limosna, que no tenía que tomarlo a mal. Y me dijo que no era por lo que tenía que hacer, sino por lo que ya había hecho yo por todo el grupo. Supongo que colaboré bastante para que lleguen a donde están. Le dije que de alguna manera quería compensar el pago porque ñoqui no soy, no fui, ni voy a serlo. Entonces Juan Carlos me dijo que me iba a mandar trabajo por internet y ‘vos lo resolvés’. Así le hice una serie de trabajos relacionados con la comunicación, que es lo que más domino.

- ¿Le armaba gacetillas de prensa?

- Exactamente. Armaba textos o algún discursito. Por ahí pasaba mi trabajo. Pero mi mayor preocupación era poder conformar un partido como tal, con una mesa directiva. ¿Por qué ahora no sale ningún dirigente a defenderlo? Porque no los tiene. Por eso estoy escribiendo una nota que voy a titular ‘De caciques, indios y democracia’. Margarita Stolbizer es una persona que realmente vale la pena conocer. Pero más allá de ella, los armados políticos parecen especies de pymes, donde se realizan negocios. No se prepara gente, no se forman dirigentes y sólo ponés personas a cobrar 600 pesos para que te digan ‘sí jefe’.

- ¿Cuándo selló su acuerdo laboral? Porque tengo entendido que viajó a inscribirse a La Plata junto con Eliana Cufré.

- Eliana Cufré es una pobre chica y no lo digo peyorativamente. Cuando dice que al llegar estaba todo hecho y cobró un sueldo, es porque un mes antes nos habían pedido los datos. Yo viajé con auto y le hice la gauchada de traerla de vuelta a Luján. Ahí me expresó que había cobrado unos 300 pesos. A mí eso no me interesaba porque cada uno tenía sus arreglos y yo no sabía cómo era su relación con Miguel (Juárez). Eliana me preguntó cuánto había cobrado yo y le dije que no había abierto el sobre. Por eso me consta que ella no pergeñó ningún plan para destruir a nadie. Sólo buscaba que le dieran lo mejor posible. Es una chica sumida en la miseria, como tantas otras personas. Y aprovecho para decir que coincido con la descripción que hizo el diario en el editorial ‘Disculpe el señor’.

- Suena injusto, pero da la impresión que si le seguían dando 200 o 300 pesos por mes, su denuncia jamás se hubiese conocido.

- Claro. Cuando fuimos a votar por la interna del sindicato a la lista del GEN, arreglé un tema de la obra social y ella me comentó otra vez lo del cobro. Le dije que hablara con Miguel y con Juan Carlos, pero me explicó que ya lo había hablado y que le habían dicho que necesitaban ese dinero para repartirlo con otras personas. Y agregó que no pretendía más plata, sino que por lo menos se lo pagaran en negro porque de esa manera podía acceder a planes sociales.

Por eso digo que la chica no miente, no miente. Desde lo cotidiano de lo político se podrá decir que habló y debió haberse callado. Pero la chica no miente.

- Hoy usted está fuera de la Cámara y del GEN. ¿Realmente se fue o lo echaron?

- Me fui. Buscaron retenerme, pero creo que fue más por lo que podía decir. Pero siempre me comporté bien y no tengo un nombre ligado a lo corrupto sino más bien a lo kamikaze.

- ¿No tiene trabajo ni obra social?

- Trabajo tuve siempre. Nunca nadie me mantuvo. El sueldo de la Cámara era 600 y pico de pesos. No es un sueldo.

- ¿Se lo pagaban todo?

- Sí, sí, a mí sí. De pronto por ahí faltaban 40 o 50 mangos pero no los reclamaba. Es más, no lo iba a cobrar nunca. Cuando me cruzaba por casualidad con Miguel él tenía el sueldo y me lo daba.

- Junto con usted y Cufré, ¿hicieron su ingreso laboral algunas personas más?

- Sí, sí.

- ¿Sabe qué fue de esa gente? ¿Siguen trabajando?

- Sí, están, los conozco a todos. Hay gente a las que esos 600 pesos les resultan muy importantes. Y hay gente que no tiene dignidad y los 600 pesos lo reciben como premio a su alcahuetería.

- ¿Es mucha gente más?

- Debe haber de otros sitios que no son Luján. El día que nos inscribieron había dos o tres personas que no eran de Luján. De Luján fuimos tres personas y yo.

- ¿Qué opina sobre estas “ayudas” que brindan los Juárez?

- Es el caciquismo. Una cosa es que yo dé un subsidio a una escuela, pero lo hago orgánicamente desde un partido político. Y otra cosa es que yo dé el subsidio porque soy bueno y soy el Fulano que da subsidios, al mejor estilo de Prince. Por eso mismo, seguramente ahora buscarán un chivo expiatorio y dirán que esto fue preparado por alguien. Nadie se animó a decirle al jefe que lo de esta chica estaba mal.

- Como en el caso de Cufré, ¿usted también conserva los recibos de sueldo?

- Sí, siempre los tuve. A mí me mandaban el sobre en una bolsa de polietileno cerrada como empleado del bloque de la Coalición Cívica. Y contribuíamos con el 3 por ciento para el mantenimiento del partido. Todo lo manejaba Miguelito Juárez. Acá todos manejan cosas pero nadie tiene cargo en el partido. Por eso yo quería la conformación de una mesa. Cuando planteás ese tema el ninguneo es absoluto. Vos no podés pensar, vos no estás para eso. Estás para decir ‘sí jefe’. Sé que hay gente que siente dolor porque me fui. Pero siento una decepción grande como la Basílica. Me costó enormidades salirme del partido para acompañar a Juárez, pero le creí. Es una profunda decepción que da ganas de matar a alguien. Por eso quiero dejar madurar las cosas y que no digan que uno habla por bronca.

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