La que siempre queda previa

La que siempre queda previa
De acuerdo con un estudio realizado en el área metropolitana, la mayoría de los jóvenes escolarizados no sabe que tiene derecho a la educación sexual o a tener asesoramiento gratuito sobre anticonceptivos.
La mayoría de los adolescentes escolarizados del área metropolitana no sabe que tiene derecho a recibir educación sexual en la escuela y que puede ir a un hospital a pedir asesoramiento y métodos anticonceptivos gratuitos. La mitad de ellos no tuvo ni una charla sobre sexualidad en el aula a lo largo de 2008. Los datos surgen de una encuesta a medio millar de alumnos de 12 a 20 años de primaria y secundaria de la ciudad de Buenos Aires y el primer cordón del conurbano que realizó el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam) y que se dieron a conocer ayer en el marco de la Semana de la Prevención del Embarazo Adolescente No Planificado. "La búsqueda de la información se resuelve muchas veces por canales poco confiables como Internet, la televisión o sus pares, con quienes comparten las mismas dudas y mitos", advirtió la médica ginecóloga del Celsam y del Hospital Durand, Alicia Figueroa, al presentar las conclusiones del relevamiento.

"En la Argentina, cada cinco minutos una adolescente se convierte en madre y generalmente un adolescente varón es el padre, de acuerdo con las estadísticas oficiales", recordó la médica ginecóloga Diana Galimberti, directora de Celsam Latinoamérica y del Hospital Alvarez y coordinadora del Programa de Asistencia a Víctimas de Violencia Sexual de la ciudad de Buenos Aires. En total, nacieron en el país 107.109 hijos de madres adolescentes, según los registros de 2005, precisó. Galimberti aclaró que hay distintos motivos por los cuales una joven se embaraza prematuramente. "Apuntamos a las que no lo decidieron", precisó. "El 51 por ciento de los adolescentes argentinos –indicó– se inicia sexualmente entre los 15 y los 19 años."

Desde el Celsam, una asociación civil con presencia regional, apuntan a promover iniciativas educativas que pongan a disposición de los y las adolescentes información y recursos enfocados en educación sexual. Incluso, tienen una línea de consultas gratuitas: 0800-888-235726. "Hay mitos en relación a que la información en salud sexual y reproductiva promueve la promiscuidad y la actividad sexual temprana. Lo dicen los grupos más radicales, pero es mentira. La educación sexual, marcan distintos estudios, promueve la abstinencia sexual, posterga la iniciación sexual, aumenta el uso de anticonceptivos y reduce el número de parejas sexuales en los jóvenes", aseguró Galimberti, durante la presentación de los resultados de la encuesta del Celsam.

Durante el encuentro, estuvieron presentes representantes de distintas entidades científicas, como el presidente de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Buenos Aires (Sogiba), Jorge Vinacur; Ana Coll, integrante de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (Sagij), e Inés de la Parra, del comité científico de la Asociación Médica de Anticoncepción (Amada). El eje principal de las intervenciones fueron los obstáculos que persisten para que los jóvenes accedan a información y a métodos anticonceptivos, a pesar de que existe una ley nacional –la de Salud Sexual y Procreación Responsable– que les garantiza el acceso a consejería sin que tengan que ir acompañados de sus padres y otra, la de Educación Sexual, sancionada en 2006, que obliga a brindar esa formación desde el nivel inicial, en colegios públicos y privados, laicos y confesionales.

"Muchos médicos no transmiten información en sus consultorios porque no tienen resuelta su propia sexualidad. Hay provincias, como San Juan, donde está contraindicada en el sector público la entrega de anticonceptivos, y no sólo a los adolescentes, sino también a las mujeres adultas. En Tierra del Fuego, los adolescentes no pueden ir al hospital a buscar información porque son marcados. Y tampoco se puede encontrar en los baños de los bares máquinas expendedoras de preservativos", denunció De la Parra. "Dos o tres adolescentes me comentaron en los últimos días en mi consultorio privado que no les querían vender anticonceptivos en farmacias porque eran menores de 16 años. Hay que empoderar a los jóvenes en sus derechos", sostuvo Coll.

El relevamiento del Celsam encontró que sólo uno de cada cinco adolescentes consultados conoce la existencia de una ley que garantiza su derecho a recibir educación sexual. El 70 por ciento ignora que puede ir al médico para pedir asesoramiento y anticonceptivos. "Aunque saben que en los hospitales los métodos se entregan gratuitamente, no son conscientes de que ellos tienen el derecho de reclamarlos", analizó Figueroa. Y abogó por la apertura de servicios amigables a los adolescentes, "de acceso fácil y masivo". "Los chicos no están recibiendo lo que tienen que recibir", consideró la médica del Celsam y del Durand.

El 51 por ciento de los encuestados dijo que no había recibido ni siquiera una charla sobre educación sexual durante 2008 en la escuela. Entre quienes sí habían tenido acceso, la mitad sólo tuvo apenas una sola clase dada por un médico o un representante de un laboratorio. "Es decir, les habló alguien que se fue y no se quedó en la escuela para sacarles las dudas. Les preguntamos también si hablaron con otros del tema de la sexualidad y cuidados. El 64 por ciento respondió que sí, con sus pares. Se las arreglaron solos, como pudieron, muchas veces repitiendo mitos", observó Figueroa. Para el 40 por ciento que tuvo al menos una charla, la información que obtuvo "no le sirvió de nada".

También les preguntaron qué información les gustaría recibir: la opción más mencionada fue la prevención de infecciones de transmisión sexual (50 por ciento), seguida por métodos anticonceptivos (40 por ciento), y otras temáticas como el abuso sexual (16 por ciento), género, transexualidad y elecciones sexuales. "A los adolescentes les faltan interlocutores válidos que les den información sobre sus derechos", concluyó Figueroa.

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