Siempre en contra de la lógica

Por Joaquín Morales Solá

Una de las principales arterias de la ciudad, la avenida 9 de Julio, estuvo cortada durante más de un día por agrupaciones piqueteras de izquierda. Lo que hicieron esos grupos políticos es ciertamente deplorable, pero lo que denuncian (el uso de los recursos públicos para incrementar el clientelismo político del kirchnerismo) es cierto. Fernando Cáceres un conocido ex futbolista, agoniza por el cruel disparo de un revólver en manos de un adolescente. En esas mismas horas, el gobierno nacional amenazó a la administración capitalina con retirar a la policía de sus lugares de trabajo en la ciudad por una deuda del gobierno que comanda Mauricio Macri.

La democracia admite tensiones en la conducción de la política, disensos que generalmente terminan en negociaciones. Cualquier gobierno, sin embargo, está obligado a preservar el orden público y a garantizar la seguridad de la sociedad. El cumplimiento de esa responsabilidad asegura la tranquilidad pública y la libertad de todos los ciudadanos. En el gobierno de los Kirchner, las cosas son siempre exactamente al revés de los manuales y de la lógica. La conducción de la política es férrea y no admite ni disenso ni negociación; las cosas deben aprobarse institucionalmente tal como se decidieron en la intimidad de Olivos.

En otro plano muy distante de esos rigores, vastos sectores sociales intuyen que viven cada día más cerca de la anarquía y que hay zonas de la ciudad y el conurbano (¿qué zonas? ¿dónde están?) en las que la frontera entre la vida y la muerte la establece el inasible azar.

Veníamos mal (o muy mal) con los cortes de rutas y de calles. Fue el gobierno nacional el que le dio nuevos motivos al escándalo callejero. Creó subsidios de 1500 pesos para la constitución de cooperativas de trabajo destinadas a los desocupados y colocó esa política en manos de jefes territoriales del kirchnerismo o de punteros políticos, como corresponde a un gobierno al que sólo acceden los amigos.

La senadora Hilda de Duhalde denunció públicamente la anomalía que sucede en Lomas de Zamora: el 50 por ciento de esos planes los maneja el diputado nacional kirchnerista Fernando "Chino" Navarro; un 30 por ciento está bajo control del interventor en el Comfer, el también kirchnerista Gabriel Mariotto, y sólo un 20 por ciento lo asigna la municipalidad. Según la denuncia de la senadora, los beneficiarios últimos de esos subsidios deben abonar entre el 15 y el 40 por ciento de los 1500 pesos al puntero que hace la conexión entre ellos y aquellos dirigentes oficialistas.

Varios intendentes del conurbano habían manifestado ya extraoficialmente su preocupación por esas cooperativas de trabajo, que ellos presentían como un método de acopio de votantes kirchneristas para eventuales internas del justicialismo.

Es la misma denuncia que hicieron los grupos de izquierda en la avenida 9 de Julio: los subsidios para los desocupados, dicen, tienen un destino político que no comprenderá, desde ya, a los simpatizantes de las agrupaciones que protestan.

Perseguido por su historia y por su culpa, el kirchnerismo es impotente frente a esas manifestaciones que abruman otra vez la rutina de importantes sectores sociales.

La Policía Federal criticó, en un hecho inédito tal vez, al gobierno elegido de Macri. Le reprochó una deuda de 40 millones de pesos, que la estaba obligando a retirar la custodia de varias zonas de la ciudad. Por mucho menos, Néstor Kirchner hubiera echado del servicio activo hasta los estudiantes de la escuela de la policía. Hace poco, un brigadier fue mandado a retiro por la ministra de Defensa, Nilda Garré, por haber aceptado tomar un café con un ex funcionario que no agrada al oficialismo.

Pero la conducción de la policía hizo política por cuenta y orden del gobierno de los Kirchner. Es otra cosa, entonces. Kirchner ya lo dejó desairado en el Senado a Carlos Reutemann; ahora intenta mostrarlo como un incapaz a Macri.

Macri les debe a los capitalinos más eficiencia y prontitud en el conflicto de la seguridad. ¿Qué duda cabe sobre eso? Pero también es cierto que, a falta de calor popular en torno a su propia figura, Néstor Kirchner está tratando de exhibir a sus competidores presidenciales como hombres ineficientes en el control del poder.

Sin embargo, el kirchnerismo es lo que más se asemeja ante la mirada social al descontrol en los recursos del poder. Nada se puede hacer, nada se puede mejorar cuando se trata del espacio público. Esos son los mensajes implícitos que llegan desde la cresta del gobierno nacional.

Tales incapacidades no eliminan, con todo, el descalabro institucional. ¿Qué hacía Aníbal Fernández peleándose con Macri en nombre de la Policía Federal? ¿No es Julio Alak, acaso, el ministro de Justicia y Seguridad y, por lo tanto, el jefe directo de la policía? ¿O la policía es un coto reservado del ministro Fernández?

Sea como sea, los funcionarios nacionales y capitalinos decidieron hablarse y escucharse entre ellos cuando el ex futbolista Cáceres entró tres veces al quirófano con el cráneo perforado por la bala de un criminal adolescente. Los empujó la conmoción social que provocó el definitivo infortunio de Cáceres.

El minué sobre la policía era ya insoportable. ¿Era necesario tanto para hacer tan poco? ¿Qué debería suceder con los piquetes para que los que gobiernan se acuerden de ese interminable tormento social?

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