Dos sicarios y un nuevo misterio

El hombre estaba en la Avenida del Libertador. Dos personas lo llamaron por su nombre y le dispararon. La víctima venía muy seguido a Buenos Aires. La principal hipótesis es que se trata de un asunto narco. El caso es semejante al doble crimen en el shopping Unicenter.
Juan Sebastián Galvis Ramírez fue indudablemente sorprendido. Cuando estaba sentado en un banco afuera de un negocio de náutica en San Fernando, dos hombres se acercaron en una moto, preguntaron por él y lo acribillaron. Según el primer análisis forense, le pegaron siete de los doce o trece tiros que le dispararon con al menos una pistola calibre nueve milímetros. A primera vista, el caso parece calcado del doble asesinato de narcos colombianos ocurrido en Unicenter en julio pasado. Con una diferencia extraña y significativa: Galvis Ramírez no vivía todo el tiempo en la Argentina. Entró cuatro veces al país, la última de ellas hace unos días, y siempre vino de Colombia, es decir que si lo mataron narcos colombianos en verdad podrían haberse ahorrado el pasaje porque Galvis Ramírez andaba más allá que acá. O tal vez sus cuatro viajes tuvieran que ver con alguna exportación de drogas a Europa, o algún encuentro con clientes o proveedores y lo mataron narcos que están más acá que allá. El grupo que acompañaba a Juan Sebastián estaba conformado por su padre, un cuñado y otro colombiano. Este último tiene antecedentes de narcotráfico y estuvo tres años preso en su país. Por el método y los personajes, todo apunta a sicarios del mundo de la droga.

La mecánica del homicidio no parece dejar mucho margen para las dudas. Galvis Ramírez se acercó al negocio de náutica de Avenida del Libertador 1999, en San Fernando, según parece porque su padre y su hermano querían comprar un gomón. Toda la familia estaba viviendo, según los investigadores, en el piso 37 de un lujoso edificio de Puerto Madero. Y el gomón lo querían para adosarlo a un yate que tenían en la zona norte del Gran Buenos Aires. A la concesionaria náutica llegaron en una camioneta Volkswagen Tuareg de 70.000 dólares, puesta a nombre de un modesto remisero. Como se ve, todos los elementos apuntan a movimientos propios de personas ligadas al narcotráfico: un hombre con antecedentes, testaferros, niveles de riqueza exorbitantes.

Lo cierto es que en la tarde de ayer, a las 16, Juan Sebastián se quedó con un amigo en la puerta de la concesionaria náutica, mientras su padre y su hermano entraron a hacer la compra. En ese momento, llegaron dos hombres en una moto de alta cilindrada, preguntaron por Juan Sebastián y, cuando esté se paró, lo asesinaron. Los homicidas podrían haber matado a todos los demás, pero dispararon contra uno solo, el que habían ido a buscar.

Al igual que en el caso de Unicenter parece que actuaron dos sicarios en moto. Aquella vez mataron a Héctor Edilson Duque Ceballos, Monoteto, y Jorge Alex Quintero Gartner, dos narcos ex paramilitares que, supuestamente, habían traicionado a su jefe, Carlos María Jiménez, alias Macaco. El único sobreviviente de aquella matanza fue Julio Andrés Jaramillo Gómez, que pareció actuar de entregador, pero tras una ardua investigación no se encontró nada en su contra y se le permitió irse del país. Los fiscales Diego Grau y Jorge Apolo, que estuvieron a cargo del expediente, no identificaron a los homicidas, pero no cerraron la causa. Algunos dicen que tienen elementos para acusar a un colombiano y a un argentino como mano de obra de aquel doble crimen.

La diferencia con el caso de Unicenter es que, aparentemente, aquello fue una guerra colombiana con ajuste de cuenta en Martínez. Es decir que la historia de narcotráfico y traición se dio allá, dos protagonistas se escondieron en la Argentina y los sicarios llegaron hasta acá para ejecutarlos.

En esta ocasión las cosas parecen diferentes, porque Galvis Ramírez y todos los que estaban con él viven en Colombia y sólo venían ocasionalmente a la Argentina. Juan Sebastián entró tres veces al país en 2008 y una en 2009, hace unos pocos días, y, según parece, lo hizo siempre en vuelos desde Bogotá. Además, sus cuatro ingresos fueron, invariablemente, como turista. Monoteto y Quintero Gartner, las víctimas de Unicenter, en cambio, estaban en la Argentina con documento falso, escondidos, y todo indica que al momento del homicidio llevaban meses en Buenos Aires. De todas maneras, entre los investigadores está la idea de que los Galvis tenían aquí una infraestructura respetable: es cierto que vivían en Colombia, pero también pasaban bastante tiempo en la Argentina.

Si, como todo indica, el asesinato de ayer tiene efectivamente que ver con el narcotráfico, da la impresión de no tener que ver con una guerra de allá, sino con una operación o una reunión realizada aquí. La especulación que realizan quienes conocen bien el movimiento del narcotráfico es que resultan moneda corriente las operaciones en las que narcos colombianos o mexicanos traen al país cocaína desde Bolivia y Perú y hacen desde Buenos Aires el envío a Europa. A veces, entonces, el centro de la movida está aquí.

Los sobrevivientes de ayer –el padre, el cuñado, el tercer colombiano y un argentino que parece que los guiaba en las compras– declaraban ayer ante los fiscales Diego Onorati y Luis Angelini. “Es muy probable que mantengan el silencio, como hizo el sobreviviente en el caso Unicenter. Lo que sucede es que en este caso se trata de un hijo y por ahí aportan algún dato más para aprehender a los sicarios. En la mayoría de las ocasiones, cuando pierden, pierden y no abren la boca. En los próximos días seguro que surge más información. Y, además, indefectiblemente aparecerán mujeres en escena. Tienen que ventilarse más datos que los que se conocen hasta ahora”, explicó a Página/12 un veterano juez.

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