Sesión con escándalos postergó reforma política

Hoy hará un segundo intento. Apareció una modificación inesperada y polémica al proyecto de ley electoral. Opositores dejaron el recinto.
El kirchnerista Enrique Asbert denunció, poco antes de que la sesión pase a cuarto intermedio, que un ghost-writer del PJ incluyó, a hurtadillas, un cambio al proyecto de reforma de la ley electoral que es suficiente para poner patas para arriba la intención de modernizar el modo de votación; a tal punto que podría significar la anulación del espíritu anticlientelístico de la boleta única.

La revelación opacó el abandono escénico (y previsible) de juecistas y radicales molestos porque comenzaba la sesión y no estaban listos los proyectos de reforma política. Hasta Francisco Fortuna y Daniel Passerini eludieron explicar de qué se trataba el novedoso sticker que se agregó como elemento para votar, dando a entender que la desconocían. ¿Quién fue el ghost-writer? El último que soltó la lapicera fue el delasotista Domingo Carbonetti. La sesión sigue hoy.

Los legisladores justicialistas habían hecho hasta entonces, las 20 horas, un gran esfuerzo por dirigir la responsabilidad del desorden en que cayó la sesión hacia los juecistas y los radicales, a los que acusaron de dejar el recinto para provocar un escándalo mediático. Pero la paja en el ojo peronista fue inocultable cuando Asbert (Concertación Plural) alertó: “Hemos advertido algunas modificaciones”.

La sesión de ayer comenzó con la entrega de los premios Ramón Carrillo a un grupo de profesionales de la salud. Emotivo. Luego, correspondía tratar la modificación del radio urbano de Huinca Renancó. Nada de qué preocuparse. Pero poco antes de las 18, Miguel Ortiz Pellegrini (Frente Cívico y Social) apuró el tranco para quejarse de que los despachos definitivos con los proyectos de reforma política (código electoral, régimen de partidos políticos y ley orgánica municipal) todavía no estaban sobre las bancas, y mocionó que las iniciativas vuelvan a comisión (lo que significa, que se trate en otra ocasión). Los peronistas tenían la orden del gobernador Juan Schiaretti de aprobar la reforma política ayer mismo, sin dilaciones. Daniel Passerini (Unión por Córdoba-FPV), entonces, contraofertó un cuarto intermedio para que haya tiempo de leer los despachos, una vez impresos. Hipólito Faustinelli (Unión Cívica Radical), a su turno, coincidió con el juecismo y anticipó lo que vendría: “es inadmisible la presencia de la UCR en este recinto”, dijo. Incluso José Maiocco (Unión Vecinal Federal) afirmó que el procedimiento no era “serio”.

Como Campana trató de responder a los rostros desencajados del bloque oficialista que le indicaban postergar esa discusión para más tarde, mandó seguir el orden del día, y le negó el uso de la palabra al radical Miguel Nicolás. Este vio una luz y entró en bandeja a la base de Campana. A los gritos provocó que la oposición saliera del recinto.

Ortiz Pellegrini, Faustinelli, Maiocco y Liliana Olivero (Izquierda Unida) improvisaron fuera del hemiciclo una conferencia de prensa en la que manifestaron su indignación por lo sucedido. Aunque el argumento que revoleó Faustinelli fue débil: “nosotros íbamos a votar en contra, pero queremos saber a qué nos oponemos”. Más prudente habría sido declarar que querían conocer el contenido de los proyectos para resolver si votarían en contra o no. Juecistas y radicales reclaman una reforma de la Constitución y en ese altar sacrifican hasta las propias ideas que están incorporadas en los proyectos oficiales.

En el recinto quedaron los legisladores de UPC-FPV, los dos kirchneristas ex juecistas (Asbert y Silvia Rivero), y los unipersonales Kasem Dandach (Movimiento de Acción Vecinal), Raúl Albarracín (Recrear), José Villena (Movimiento Patriótico) y Modesta de Stabio (Vecinalismo Independiente). Todos ellos estaban anotados para votar a favor la reforma oficialista. También, Omar Ruiz (ARI), aunque éste salió en la estampida opositora.

Con mayoría simple estricta lograron aprobar el cambio al radio urbano de Huinca Renancó, porque varios justicialistas se habían levantado de sus bancas para buscar soluciones.

“Escándalos mediáticos”

Frente al desconcierto resolvieron, como primera medida, tomar un cuarto intermedio para ofrecerle ese tiempo a los opositores para que lean los proyectos, que suman más de 350 artículos. Poco después, el oficialismo dio una conferencia de prensa en la que Passerini acusó a los opositores de tener una “deliberada actitud de generar escándalos mediáticos”. Recordó, incluso, que aquellos ya habían adelantado que votarían en contra, pese a que muchas de sus iniciativas fueron incorporadas. Además, Passerini aseguró que mentían los opositores cuando decían desconocer los despachos finales. Luego, se vería que lo mismo le pasaba a los oficialistas.

Los acusó a juecistas y radicales de no querer terminar con las sumatorias y de pretender impedir la regulación del financiamiento de los partidos políticos, entre otras cuestiones fundamentales de la reforma (como también, la boleta única).

Mientras duró el cuarto intermedio se discutió en el salón contiguo al recinto, ya sin las golosinas que habitualmente endulzan las reuniones del bloque UPC-FPV, si debía aprobarse la reforma política ayer, pese a que el escándalo serían las imágenes privilegiadas por la televisión, teniendo en cuenta que les alcanzaban sus votos y los de sus aliados. Que no opinó Fortuna, que sí sugirió Dante Heredia, que no remató por teléfono Schiaretti.

Así se volvió al recinto con el plan de pasar a un cuarto intermedio hasta hoy a las 15, lo que le daría, juzgan, tiempo suficiente a los opositores para leer los despachos. Era un final tranquilo, hasta que habló Asbert, quien despabiló a los propios legisladores oficialistas de que el ghost-writer había hecho una trampilla.

La sorpresa

La cuestión está en el Artículo 53, inciso 9, donde se agregó que bastará pegar un sticker de un partido, en cualquier lugar de la boleta única, para que el voto sea considerado completo para esa agrupación. ¿De dónde salieron los sticker? Nadie lo sabía, aunque varios reconocían la caligrafía traviesa de Carbonetti, a quien le habían adjudicado la tarea de “pasar en limpio” las modificaciones trabajadas contrarreloj en cuatro agotadoras (pero insuficientes) jornadas de trabajo en las comisiones. Era evidente en los últimos días que en el oficialismo había un doble comando redactor, porque lo que iba resolviéndose en las comisiones era desmentido unos escalones más arriba en la jerarquía del bloque. Pero el delasotista, ¡justo un delasotista!, oscureció la sesión soñada por Schiaretti desde diciembre del año pasado. ¿Habrá otras novedades inesperadas?

Hoy sigue la sesión, y el UPC-FPV tendrá que esforzarse para recuperar los votos del binomio dela Concertación Plural, el del ARI (muy difícil) y, quizás, el del Vecinalismo Independiente, así como para que el tironeo interno no le haga caer ninguna mano propia.

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