Sesenta familias buscan escapar de sus casas porque se están hundiendo

Preocupación. Todos los departamentos de la zona están agrietados y hay lugares con graves hundimientos de suelo. Muchos vecinos pusieron sus propiedades en venta porque quieren irse, pero aseguran que es imposible por el estado de las estructuras.
Magalí Ocón compró uno de los departamentos de las torres ubicadas frente al canal San Martín, en intersección con la calle Pedro León Gallo, y asegura que fue “un grave error”. Al poco tiempo, se empezaron a romper los azulejos del baño, y empezaron a reaparecer las grietas en la cocina y la sala de estar. Son grietas que ya existían, y habían sido disimuladas con una improvisada refacción por parte de los dueños anteriores.

La situación de Magalí y sus hijos no es diferente al del resto de las sesenta familias que viven en ese complejo habitacional del barrio Industria. La mayoría son los adjudicatarios originales, y ya debieron hacer numerosas reparaciones – todas transitorias, y de poca duración – porque el terreno está colapsando y las torres están empezando a venirse abajo.

“Todos nos queremos ir de aquí”, asegura Magalí, y relata que ella tiene que “estar en verano con alfombras porque tengo levantado el piso, por las grietas que se están haciendo, los cerámicos se están rajando, y también las uniones de la pared con el techo”.

Walter Lasarte, otro de los vecinos de estas torres rosadas y venidas a menos, asegura que se le va rompiendo cuatro veces el baño, cambió todos los pisos de la casa y sus ventanas no se cierran. Cada uno va poniendo desde su bolsillo y lo va haciendo. Lo va poniendo como puede. “Tenemos que traer gente de afuera para que haga los arreglos de a poco – cuenta Walter – y mientras tanto seguimos pagando la cuota de la adjudicación”.

El deterioro de las instalaciones ha hecho que también las cañerías y las cloacas se destruyan. Lo que provoca que muchas casas no tengan agua, y las que la tienen, no la puedan tomar porque sale sucia.

Los que más sufren estos problemas son los vecinos de la planta baja, que tienen las rajaduras y hundimientos más importantes del suelo, porque sus propiedades deben soportar el peso de todo el edificio.

Juan Pablo es uno de los jóvenes vecinos de la planta baja. Explicó que “cada bloque de departamentos tiene una sola cámara, que se tranca y no da abasto. Ahí van los desechos de todas las cocinas y los baños, eso hace que los caños se rompan y todo eso vaya para abajo, y termina influyendo en que colapsa el terreno”.

Los vecinos deben pedir asistencia externa para desatrancar las cámaras, para lo cual deben reunir 150 pesos a la semana, “y muchas veces entre todos no llegamos”, señala Juan Pablo.

El personal del Instituto Provincial de Vivienda y Urbanismo ya realizó varios recorridos por la zona, tras los planteos de los vecinos. En este momento, en las oficinas del Ipvu se está estudiando la posibilidad de realizar un “rescate estructural”, que consistiría en al emisión de un préstamo para que los vecinos puedan realizar una reparación.

Esta decisión todavía está en análisis, porque “se está viendo si corresponde o no”, según dijo el propio presidente del Ipvu, Daniel Nassif. La primera condición para darle el apoyo a los vecinos, sería la organización para la conformación de un consorcio, cuya falta es una de las principales causas que aduce el Ipvu por los descuidos en las estructuras.

Comentá la nota