Servicio militar, controversia para un problema estructuralServicio militar, controversia para un problema estructural

Servicio militar, controversia para un problema estructuralServicio militar, controversia para un problema estructural
El Atlántico consultó a diversos actores acerca de un proyecto que impulsa la vuelta de la "colimba". Voces a favor piden terminar con arbitrariedades y abusos dentro de las fuerzas. Hay quienes sostienen que no es función del Ejército formar y enseñar oficios a jóvenes de sectores más vulnerables, en nombre de la inseguridad. Un diputado pidió que sea de nuevo obligatorio.
La intención de un diputado electo salteño de que regrese el servicio militar obligatorio, como medio para fomentar la inclusión, puso en evidencia deficiencias del Estado en políticas sociales que contengan a los sectores más vulnerables. Pero también dejó al descubierto la intencionalidad de diversos actores de la sociedad de "poner orden" de la manera que sea. El eje del debate, sin embargo, pareciera erróneo: la tarea del Ejército no es formar a la juventud, sino ocuparse de la defensa nacional.

"Hay que operar sin anestesia. Tiene que haber un servicio militar obligatorio y comunitario", dijo Alfredo Olmedo, que representa a al partido 'Salta por todos', de la línea peronista de Juan Carlos Romero, ex gobernador de Salta. En su tierra natal lo reconocen como el hijo del "rey de la soja": su padre explota unas 400 mil hectáreas propias. Olmedo -que consiguió en 2007 una banca en el Senado de Salta empujado por una campaña millonaria y con un polémico recuento de votos- habla de "Servicio Comunitario Obligatorio". Pero, claro, sostiene que sería una combinación entre las Fuerzas Armadas y la comunidad. "El servicio militar debe imponer un orden y de ahí formar a los chicos en el trabajo. No hay límites en esta sociedad", refunfuñó en cada radio y canal de TV.

El Atlántico habló con diversos actores, de diferentes sectores sociales sobre el tema. Un abogado defensor de los derechos humanos se negó de plano y determinó que "no es rol del Ejército formar a los jóvenes". Una hija de un abogado laboralista desaparecido se expresó en el mismo sentido e interrogó acerca de quiénes serán los formadores dentro de la fuerza: "Si todavía hay 10 mil policías en actividad que actuaron durante la última dictadura militar, entendemos que lo mismo ocurre en las Fuerzas Armadas".

Por su parte, un ex combatiente de Malvinas se mostró a favor, pero puso algunos reparos. Planteó que los chicos no deberán hacer el servicio militar para limpiar casas de coroneles y pidió que la obligatoriedad no alcance a los jóvenes que puedan certificar que eligieron estudiar una carrera universitaria.

Por otro lado, los jóvenes, en su mayoría, se mostraron en desacuerdo. Aunque hubo quienes, en nombre del "combate contra la inseguridad", apoyaron la medida.

El servicio militar hoy no está derogado sino suspendido, a partir del asesinato de Omar Octavio Carrasco, un joven de 18 años a quien mataron a golpes en su tercer día como conscripto, en el cuartel neuquino de Zapala.

A partir del 31 de agosto de 1994 cuando el entonces presidente Carlos Menem aprobaba -a través de un decreto- su abolición se puso fin a un sistema casi centenario que había sido impulsado por Julio Roca en 1901.

Desde entonces comenzó a implementarse el servicio militar voluntario. En caso de que se apruebe la obligatoriedad ¿podrán coexistir? Existen varias diferencias: por un lado, que en caso de ser obligatorio la estadía en los cuarteles no se extiende más de 12 meses, cuando en el servicio voluntario los soldados pueden permanecer hasta cumplir los 28 años. Los sueldos que se pagan también son bastantes dispares: el voluntariado se abona en cerca de 2500 pesos, mientras que en caso de ser obligatorio el dinero no superaría los 300 pesos.

"UN ERROR ABSOLUTO"

José Luis Zerillo es abogado e integrante de APDH. Frente a los argumentos que plantean la necesidad de brindar a los jóvenes un lugar de contención y de enseñar pautas de conducta, uno de los referentes del espacio Nuevo Encuentro en Mar del Plata comprendió: "Es un error absoluto pensar que el Ejército es la institución idónea para fomentar la cultura del trabajo y la formación de los jóvenes".

Esto, dijo, tiene que ver con el "vaciamiento de la escuela pública", que se encarga enseñar valores más allá de lo que puede aprenderse en el seno de la familia.

"Ante la disgregación de la escolaridad se pretende suplir la presencia del Estado. Pero el Ejército está para defender la Nación de ataques externos", recordó Zerillo.

MUCHAS COSAS POR CAMBIAR

"A los que tuvimos la oportunidad de ir a Malvinas y defender a la Patria creo que nos sirvió", analizó José Figueredo, presidente de la Asociación de Veteranos Defensores de Malvinas (Avedema). El hombre enseguida remarcó su origen de familia humilde, la falta de oportunidades para hacer una carrera terciaria y con el correr de la charla mencionó que la colimba le había dado la posibilidad de "ser alguien en la vida".

Figueredo llegó a la Armada cuando tenía 15 años y fue ahí donde lo forjaron en una carrera basada en "el respeto, obediencia, comprensión por el otro".

Si bien se mostró a favor de que vuelva a implementarse el servicio militar obligatorio, sostuvo que deben hacerse "muchas modificaciones". En principio mencionó que los chicos que aspiren a seguir una carrera deberán quedar exentos. "No hay que cortarles la posibilidad de que puedan crecer", señaló.

Para el resto de los jóvenes, apuntó, debe implementarse. "Mal no les va a venir", sugirió. "El Estado no cumple su rol: los chicos no tienen contención de nada. Hay que garantizar a los padres un buen trabajo", explicó el ex combatiente. "Es necesario que tengan un horizonte", añadió.

Figuedero sugirió que se trate de seis meses de instrucción militar y seis meses con tareas de prevención. En este sentido, se refirió a la situación en Paraguay donde los soldados salen a la calle y a la ruta a hacer controles, aunque no cumplen la función policial. "No tienen que ir a cortar el pasto o limpiar a la casa del coronel", deslizó.

"Hay muchas cosas para modificar", insistió. En Estado Unidos, ejemplificó, los jóvenes "se mueren" por entrar a las Fuerzas Armadas. Por eso, Figueredo sugirió que es necesario implementar cultura y sostuvo: "El Ejército es el brazo armado del país". Enseguida pidió no mezclar "lo que pasó con los derechos humanos": "Fueron personajes, no fueron las Fuerzas Armadas en su conjunto".

"¿Qué sucedía si había un conflicto con Uruguay, por ejemplo?", interrogó el ex soldado. "Hoy no hay defensa, las Fuerzas Armadas están destruidas, no pueden hacer milagros", señaló.

Finalmente, el presidente de Avedema planteó que la vuelta del servicio militar obligatorio "es una buena salida para un montón de pibes que no tienen contención". En este sentido citó el caso de chicos chaqueños que hicieron la colimba con él: "No habían visto nunca un plato ni un cuchillo. Ahí les enseñaron a comer, fueron a la escuela a aprender a leer y escribir".

"HAY QUE DEPURAR LAS FUERZAS"

"¿Para qué volver a armar el servicio militar obligatorio? ¿Con qué objetivo? ¿Quiénes serían los encargados de entrenar dentro de los cuarteles?". Eleonora Alais, hija Hugo, abogado laboralista desaparecido en La Noche de las Corbatas durante la última dictadura cívico militar, se mostró en contra del proyecto.

"Creo que hay que disolver las fuerzas de seguridad y rearmarlas con gente del pueblo", mencionó Alais, quien recordó que en la policía bonaerense aún habría 10 mil efectivos que actuaron durante el proceso, incluso en centros clandestinos de detención.

"Además no hay que dejar pasar por alto lo que sucedió con el soldado Carrasco (Ver aparte) y lo que pasó en la Base Naval de Mar del Plata hace un año atrás cuando un chico terminó internado como consecuencia de una paliza que le dieron dentro de las instalaciones", recordó la joven. "Las Fuerzas Armadas aún no hicieron un mea culpa y tienen enquistados a personajes siniestros", determinó.

LA VOZ DE LOS JÓVENES

Para Nicolás, de 29 años, la intención de que regrese el servicio militar obligatorio es "excelente". "Me parece una buena medida porque es una forma de responsabilizar a los jóvenes. No lo veo como un elemento necesario para mandarlos a la guerra, pero sí para que aprendan oficios y realicen actividades; aprendan el respeto por las personas y valores. Estoy totalmente de acuerdo", determinó el joven.

"Es un deber y creo que sirve para saber defenderse y auxiliar personas", apuntó luego. Aunque dijo no estar de acuerdo si es que perduran los "abusos de parte de los superiores".

En relación a la expectativa en la baja de delitos, expresó: "No sé si reduciría la delincuencia, pero a lo mejor puede incidir".

Por su parte, Martín, de 24 años, planteó una postura diferente: "Si para combatir la inseguridad pensamos que solo alcanza con crear seres incapaces de pensar, preparados únicamente para obedecer órdenes y utilizar un arma, estamos equivocados".

"Un cuerpo de soldados -se explayó- exhibe una serie de 'reflejos condicionados'. Cierta formación es lograda mediante ciertas órdenes: su éxito reside en una reacción automática, una vez que son impartidas. Ahí naturalmente hay acción sin pensamiento. Si el soldado piensa es muy probable que no actúe: su acción depende, en cierto sentido, de la ausencia de pensamiento".

Francisco tiene 18 años y está finalizando el Polimodal. El adolescente se mostró en desacuerdo. "No creo que sirva", dijo. "¿Si un joven es adicto a las drogas dejará de serlo cuando entre al Ejército? Un adicto creo que necesita contención y un tratamiento, no que le den un arma", comprendió.

Bernardo, de 27 años, opinó: "No me parece bien. Por ahí no querés ir y te obligan. No creo que tenga que ser obligatorio".

Las voces son contradictorias. Hay rechazos rotundos y apoyos enérgicos. Incluso, Hilda "Chiche" Duhalde habló y dijo que hay que formar a los jóvenes desde una cuestión comunitaria. Pero el Ejército debe cumplir otra función. El debate queda abierto: ¿Qué sucede con las Fuerzas Armadas? ¿En qué estado se encuentran? ¿Cuál es la política de defensa nacional del país? Ir por más inclusión pareciera el camino correcto en medio de tantos pedidos de "mano dura" y penas extremas. Sin embargo, es el Estado quien debe garantizar una vida digna a los ciudadanos que se encuentran fuera del sistema y se los tilda -sutilmente, desde el Gobierno bonaerense- de "indignos". Los apoyos que recibe el proyecto son en nombre de la seguridad y pareciera que todo vale cuando de "rigor" y de "orden" se habla.

RECUADRO

Víctima de la crueldad del cuartel

La abolición del sistema militar obligatorio llega a partir del brutal asesinato de Omar Octavio Carrasco: un joven de 18 años que fue asesinado a golpes en su tercer día como conscripto, en el cuartel sureño de Zapala.

Carrasco había nacido en la localidad de Cutral-Có, provincia de Neuquén. Cuando cumplió 18 años fue convocado para realizar el servicio militar y asignado al Grupo de Artillería 161, de la localidad de Zapala.

Sin ganas de hacer la colimba ("corre, limpia, barre"), se incorporó al regimiento el 3 de marzo de 1994. Flaquito y tímido -cuentan las crónicas de entonces-, en su adolescencia vendía pollos para ayudar en la casa y leía la Biblia.

Dos semanas después de entrar al servicio militar, cuando sus padres, Sebastiana y Francisco, fueron a visitarlo, el Ejército les dijo que Omar había desertado. Nunca creyeron esa versión porque conocían bien a su hijo e hicieron de inmediato la denuncia.

El 6 de abril apareció el cadáver del soldado dentro del predio militar. "Lo habían golpeado con saña, en el piso. Una patada maldita le rompió las costillas y le perforó un pulmón. El ojo tenía un magullón tan profundo que se presume fue hecho con una pala", especifican las crónicas. Murió, solo, por las hemorragias internas. Las pericias determinaron luego que el episodio se había producido tan sólo tres días después de entrar a la colimba.

Seis meses más tarde, el entonces presidente Carlos Menem firmó el decreto que terminó con la conscripción. Dos años después, la Justicia determinó que la agresión fue un castigo por una supuesta falta cometida. Se dijo que era una forma de "avivarlo".

En enero de 1996, fueron condenados el subteniente Ignacio Canevaro y los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar. Todos se vieron luego beneficiados por la ley del 2 x 1. A otro militar, el sargento Carlos Sánchez, le dieron tres años por encubridor.

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