Serruchos en ristre

Por: Norberto Firpo.

Una media docena de cariacontecidos kirchneristas, entre ellos Endometrio Peribáñez, pronostican que el año que acaba de irrumpir ha de ser pródigo en desestabilizaciones y aprontes destituyentes.

Desde luego, todos ellos otean el horizonte desde la óptica de Olivos y coinciden en este punto: la sinarquía internacional, la rencorosa oligarquía vacuna y muchos nostálgicos miembros de la casi extinguida clase media habrán de confabularse para hacerle la vida imposible al Gobierno. Según Peribáñez, contarán con la complicidad de todos los medios de prensa, astutamente empeñados en conseguir más avisos y más lectores mediante la falaz argucia de despotricar contra las autoridades hoy vigentes.

Así plantea Peribáñez la cuestión de fondo: "Este año es el que precede al de los comicios generales, o sea el año en que debemos aceitar los rulemanes, ya enmohecidos y chirriantes, de nuestro ínclito Frente para la Victoria. Hay que lubricarlos, para que nuestras arengas de 2011 resulten seductoras y nos garanticen un lugar de privilegio en la tómbola electoral".

De hecho, ya resuenan ríspidos vozarrones, que soplan del cuadrante gubernamental y que denuncian aviesos intentos de desestabilización: algunos senadores -los más modosos y solícitos- se revelan convencidos de que ciertos avisperos entraron en ebullición y que en ellos se urden planes siniestros, destinados a serrucharle el parquet a los enjundiosos pioneros del Calafate.

Y cualquiera diría que Aníbal Fernández, jefe de Gabinete, ya no vacila en sacudir su mostacho para denunciar cuanta gravísima mentira publican los pasquines que más circulan.

En perfecta sincronía, don Néstor no cesa de intuir infames contubernios, a contar desde el que ventiló Antonini Wilson, cuando creyó traer una valija llena de libros y alguien se la cambió por otra.

"Doña Cristina se reconoce algo quisquillosa por la desaforada carrera de infundios que comprometen su esplendorosa imagen de estadista, a cuyo servicio empeña todos sus desvelos y todos sus modelitos", sintetizó Peribáñez días atrás, ante uno de los columnistas políticos de este diario (que en ese momento hablaba por teléfono con una tía).

A su criterio, la idea de molestar a los Kirchner, tanto como la de echar pestes contra la plantilla oficialista, ha trascendido las fronteras patrias y ganado -impunemente- la atención de otros públicos: "Y todo por culpa de Transparencia Internacional, que volvió a ubicar a la Argentina entre las naciones más corruptas del mundo. Ocupamos el puesto 106, con Gabón y Niger, entre 180 países. ¿Aprecian ustedes que los apremios desestabilizaciones y/o destituyentes empezaron ya a globalizarse?"

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