No será una llegada triunfal la de la Presidenta al G-20

El arribo coincide con los malos pronósticos de Wall Street sobre el país; sólo Lula la recibiría
WASHINGTON.- No será precisamente una llegada triunfal. Cuando aterrice hoy aquí con su receta para cambiar el orden financiero mundial, la presidenta Cristina Kirchner se topará con señales sutiles de la irrelevancia en la que ha caído la Argentina en el mapa del poder durante los últimos años.

Primero: ninguno de los jefes de gobierno que participarán de la cumbre extraordinaria del G-20 para debatir salidas a la gravísima crisis global pidió cita con la delegación argentina. La Argentina sí solicitó audiencias, pero hasta ayer sólo el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva había confirmado un lugar en su agenda.

Segundo: la Argentina tendrá que soportar la presión de Estados Unidos y otros países industrializados para reducir, en el futuro, el número de participantes de este grupo informal creado hace 10 años con el fin de prevenir catástrofes económicas y discutir reformas al sistema financiero internacional. Sería uno de los primeros en quedar desafiliado si prosperara el plan.

Además, la llegada de la Presidenta coincide con una andanada de augurios negativos por parte de los principales analistas de Wall Street sobre el futuro económico del país.

La delegación argentina podrá consolarse con que la cumbre en sí misma empieza algo devaluada: fue convocada por un George W. Bush en retirada, mientras que su sucesor, el demócrata Barack Obama, optó por quedarse en Chicago y no comprometerse con el resultado del debate.

Como sea, la Presidenta quiere pelear su cuota de protagonismo en esta primera escala de una gira de 10 días que el domingo la llevará a Africa del Norte. Trae preparado el reclamo de una reforma integral de los organismos multilaterales de crédito, en especial del Fondo Monetario, de modo que se convierta en motor de la recuperación mundial. Traducido a los intereses del gobierno argentino, que aporte fondos frescos sin intervenir en la política interna de los países acreedores, indicaron fuentes oficiales.

Esta postura es acompañada, con matices, por Brasil y otros países emergentes. Y tiene bastante que ver con lo que pedirá el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, uno de los más fervientes impulsores de una reformulación del orden financiero global que lleve a una mayor regulación de los mercados.

Cristina Kirchner tiene intenciones de dialogar aquí con Sarkozy antes o durante las deliberaciones de la cumbre, pero hasta ayer no había confirmación francesa sobre una eventual reunión bilateral.

Tampoco se prevé que haya esta vez un encuentro oficial con el español José Luis Rodríguez Zapatero. Pasó algo curioso con él: la Argentina había promocionado su "presión" para que España, que no integra el G-20, pudiera estar en la discusión. Lo dijo la Presidenta la última vez que vio a su colega, en El Salvador. Y poco después el embajador en Washington, Héctor Timerman, presentó un pedido formal en ese sentido.

Al final, Zapatero consiguió una silla, pero en público sólo agradeció a Sarkozy por haberle permitido "colarse" en la cumbre, cuyo debate central será mañana en el histórico National Building Museum.

Más allá de esos detalles, las complicaciones del caso Aerolíneas Argentinas no abren demasiadas expectativas de otra reunión Cristina Kirchner-Zapatero.

En la Casa Rosada comentaban días atrás el interés por tomar contacto aquí con el equipo de Obama. La autoexclusión del presidente electo enfrió la idea, pero igual habrá intentos por entablar nuevas relaciones con Estados Unidos.

Pedido de audiencia

Ayer le llegó un pedido de audiencia de la presidencia argentina al senador republicano Richard Lugar, un histórico miembro del Comité de Relaciones Exteriores que suena entre los nombres de la oposición que Obama podría integrar a su equipo de gobierno. La cita se prevé para hoy.

Lugar ha sido muy crítico de la política argentina hacia los Estados Unidos después de la airada reacción kirchnerista ante las investigaciones del FBI por el caso Antonini.

También se recuerda aquí el duro informe que firmó en septiembre pasado en el que califica de "sombrío" el clima de inversión en la Argentina. Sin embargo, en aquel mismo documento, opinaba que el futuro presidente norteamericano debía invitar a Cristina Kirchner a Washington para relanzar las relaciones.

La primera actividad oficial de la Presidenta en Washington será su reunión con Lula. Brasil confirmó ayer que la cita se agendó por pedido argentino y que tiene como fin acordar una estrategia común en la cumbre.

La Presidenta quería verse con Lula desde que estalló la crisis global y la Argentina empezó a sentir con fuerza el impacto de la devaluación del real en Brasil.

A Lula también se le frustró aquí su pretendido contacto con Obama. Según fuentes norteamericanas, en el comité del nuevo líder norteamericano le ofrecieron una reunión con Madeleine Albright, ex secretaria de Estado en tiempos de Bill Clinton. Lula desechó esa cita, pero a cambio pudo hablar por teléfono con el futuro presidente, que hasta le prometió una visita a Brasil para el año próximo.

Por la noche, la Presidenta está invitada a la cena que ofrece Bush en la Casa Blanca a todos los dignatarios participantes de la cumbre y sus cónyuges. Cristina Kirchner irá sola: su esposo, el ex presidente, estará por entonces en la vecina Santiago de Chile. En su caso, sí, como disertante estrella en una cumbre de "líderes progresistas".

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