La sequía a 300 km de Mendoza

Los Andes recorrió la zona afectada por la falta de lluvias más cercana a la capital mendocina. En diferentes parajes puntanos el paisaje está irreconocible, la postal verde y húmeda ha dejado lugar a ríos y lagos secos y tierra resquebrajada.

Ríos, lagos y espejos de agua secos. Pasto, yuyos o simplemente tierra resquebrajada donde antes hubo agua. Animales muertos y miles de familia con problemas de abastecimiento de ese líquido, donde en el mejor de los casos pueden disfrutar de este bien esencial y básico solamente durante algunas horas contadas del día, mientras que en el peor de los casos ya no disponen ni de una sola gota de agua potable.

Estas son postales, situaciones cotidianas que todos los días reflejan los diarios y noticieros nacionales, con características similares, los mismos problemas, pero con escenarios que van rotándose: Córdoba, Catamarca, Tucumán y, más cercano en el tiempo y geografía, San Luis.

Justamente, Los Andes recorrió durante todo un día las zonas más afectadas de la vecina provincia, donde prácticamente han olvidado el significado de la palabra lluvia -no se han registrado precipitaciones en los últimos nueve meses- y donde el disponer de agua durante más de 24 horas sin cortes o bajas de presión es considerado un lujo y un buen golpe de suerte.

Todo, a menos de 300 kilómetros de Mendoza y al oeste de Córdoba, quizás la región más castigada por la sequía. Sin embargo, los especialistas destacan que la sequía no llegará a Mendoza, ya que las condiciones climáticas y el sistema de abastecimiento de agua es diferente.

Si bien vecinos y autoridades de San Luis aún afirman -casi tocando madera- que a nivel general la situación no es tan crítica como en la provincia mediterránea, en la localidad turística de Potrero de los Funes, por ejemplo, hace 15 días entraron en emergencia hídrica mediante la cual la cooperativa privada que produce y suministra agua (que fue quien declaró la emergencia) ha "llamado" a los vecinos a hacer un uso racional del agua y -en algunos casos- ha anunciado cortes provisorios y rotativos.

"Justamente esta mañana (el pasado viernes) me llegó una nota de la cooperativa en la que me informaban que durante el día de hoy iban a empezar con cortes por unas horas. La verdad que es muy grave la situación; todos los días tenemos que rezar para que llueva aunque sea un poquito, pero no hay caso. Se viene un verano duro", son las palabras de resignación de la encargada del camping Don Goyo, uno de los más históricos del perilago, para describir la situación.

Incluso, ella misma, como una de las habitantes que más tiempo lleva en la zona, se angustia al hacer una analogía entre el paraíso que solía ser ese punto turístico hasta hace un par de años y cómo ha ido mutando.

Basta con recorrer cada uno de los puntos de la zona para entender y compartir la preocupación de los vecinos y entender el por qué del drama. El río homónimo a la localidad está seco, desde hace ya varios meses. Ni siquiera un hilo de agua corre entre las piedras. No hay nada, salvo algunos niños que saltan entre las piedras y se divierten haciendo sapitos con piedras que arrojan en algún ocasional charco que aún sobrevive.

"Pobre río, está triste", exclama una vecina que ocasionalmente va pasando por el lugar y observa con melancolía y dolor lo que antes fue un río y hoy es una huella. Y si se tiene en cuenta que el cien por ciento del agua potable que se produce en el lugar proviene de ese río, ya que la del lago no puede ser tratada para el consumo, se hace un poco más clara aún la crisis. Están viviendo con las reservas.

"Hace algunos días la cooperativa de agua de Potrero envió un comunicado donde llamaba a la gente a hacer un uso más racional del agua, a no lavar autos, veredas, regar grandes espacios ni llenar piletas. La idea es restringir el agua lo máximo posible, dejándola sólo para el consumo, bañarse y el lavado de cosas básicas", resaltó por su parte Natalia, encargada de otro camping a la orilla del lago.

Pero la sequía también ha dejado su huella en el paisaje, postal para la que han colaborado los grandes incendios registrados en la zona durante los últimos meses. Mientras en las laderas de los cerros es poca y nada la vegetación verde, al tiempo que sobresalen los arbustos, yuyos y restos de árboles incinerados, en uno de los costados del lago la orilla se está corriendo cada vez más adentro y el lago va perdiendo terreno.

"En los 9 meses que llevamos sin lluvia, el agua se ha retirado al menos 20 metros", destaca la propietaria del complejo al tiempo que recorre la costa y señala lo que hasta hace algunos meses fue una especie de isla-mirador rodeada de agua y hoy está rodeada simplemente de aire.

Desde la Municipalidad de Potrero de los Funes, en tanto, destacaron que la situación conflictiva existe y que se han encargado de difundir el comunicado de la cooperativa de agua de la zona, referida al uso prudente del agua y a cepos para diferentes actividades. No obstante, aclaran en que no son ellos quienes se encargan de delinear las medidas y los planes a seguir, sino que lo hace la misma cooperativa.

La Punta

Otro de los lugares más castigados por la sequía y sus nefastas consecuencias es la localidad de La Punta, uno de los municipios más importantes de San Luis. Prácticamente pegada a Potrero, en La Punta la situación no difiere en nada y, por momentos, se torna más dramática, aunque por ahora el agua no falta.

"Hace 9 meses que no llueve, aunque todavía no estamos en situación de emergencia hídrica. Lo que ha declarado el Gobierno provincial es la pre emergencia, que consiste en una alerta con restricciones para el uso del agua. Se apela a la concientización de la gente para no derrochar agua que sirva para el consumo".

"Si la gente no toma conciencia, no revierte la situación actual y, además, no llega a registrarse una lluvia importante, dentro de 15 días La Punta y algunas otras zonas de San Luis pueden llegar a una situación de emergencia como la que se vive en Córdoba, que puede incluso llevar a que se sectorice el consumo y la distribución de agua", resaltó a Los Andes, Ariel Morales, jefe del departamento de Servicios Públicos de La Punta. Y consideró que si bien la situación en su comuna es grave, no supera aún la crisis de Potrero, donde ya se declaró la emergencia.

Sintéticamente, el funcionario -que además es ingeniero hídrico- se refirió a la matriz del problema que hoy vive San Luis. "Hay dos grandes diques que alimentan todo lo que es la zona de La Punta, la ciudad de San Luis, la localidad de Juana Koslay e inmediaciones. Son el (dique) Esteban Agüero y La Florida. Mientras que el nivel en La Florida es normal, el dique Esteban Agüero está seco, con un nivel que no supera los 3 metros; ínfimo. Desde hace varios meses ese dique está complicado, porque se consumió toda el agua que había en el invierno y hoy ya no queda nada, por lo que ahora habrá que recurrir a la de La Florida", explicó Morales.

Los lugareños y el funcionario no logran ocultar la preocupación. Es que si bien destacan que se trata de una zona que históricamente ha mezclado lo húmedo con lo árido, dicen que es la primera vez en muchos años que pasan tantos días sin lluvias. "Por lo general, para mediados de octubre ya ha caído una gran lluvia que suele calmar lo seco que dejó el verano y trae algo de alivio hasta que se normaliza la situación. Pero este año eso no sucede aún", continuó Morales en alusión a las precipitaciones retrasadas.

Recorrer de extremo a extremo La Punta también es suficiente para advertir que esa localidad, caracterizada por sus paisajes verdes y húmedos durante todo el año hoy se debaten entre el amarillo de las plantas y yuyos que aún están en pie -producto de la sequía- y el negro carbonizado que dejó de recuerdo la seguidillas de incendios registrada desde agosto.

Ricardo Muñoz es albañil y vive en el barrio Los Lejes de ese distrito, con tanta mala suerte que decidió hacer unos retoques a su casa en lo peor de la crisis hídrica. "No sale absolutamente nada de la canilla, no puedo trabajar y ni siquiera tomar agua. He tenido que sacar con baldes del tanque, y ya no queda mucho", destacó el puntano.

Como si se tratara de un chiste de mal gusto, en lo peor del día -cerca del agobiante mediodía del viernes- un problema en una de las cañerías que abastecen de agua a La Punta sufrió una rotura por un desperfecto, lo que derivó en un corte total de agua, al menos por unas horas, en algunos barrios.

El Trapiche y El Volcán

Quedando bien evidenciado que el problema está sectorizado y avanzando cada vez más por algunas regiones de la provincia vecina, en la localidad de El Trapiche también se viven días duros y secos.

"Directamente el río está seco, y en el dique Trapiche no queda nada de agua. Allí sí que prácticamente está todo seco, y eso termina repercutiendo en la zona de El Volcán también. La cooperativa de agua de acá, al igual que en otros distritos, ha restringido al máximo el uso del agua, limitándolo exclusivamente al consumo y nada más", resaltaron en tanto desde la Municipalidad de El Volcán.

En los tradicionales balnearios artificiales de la zona, donde dos grandes piletones se llenan con el cauce del río, hoy es apenas escasa el agua que llega y el nivel ha bajado notablemente.

El drama de los incendios

Quizás la metáfora no sea la más indicada, pero si hubo un detalle que no hizo más que echarle nafta al fuego fueron los numerosos incendios forestales que se vienen registrando en la zona desde los últimos días de invierno y a lo largo de toda la primavera.

Más allá de su origen -los vecinos resaltan que habrían sido intencionales-, el principal problema está en que el clima seco y la falta de lluvia hacen propenso el ambiente para que el fuego se expanda con rapidez, consumiendo todo lo que encuentre en su camino.

Para tener una idea, en La Punta -según destacó Morales- en lo que va de la temporada primavera los bomberos y personal municipal han tenido que luchar contra 70 incendios, algunos más graves, otros no tanto, algunos fáciles de controlar y otros incontrolables.

"Este año han pasado todas. Junto con la sequía, los incendios han devastado absolutamente todo; es un desastre. Hay zonas serranas que históricamente han sido verdes, más al lado del Este provincial, y si uno hace un recorrido después de las 18 ve que los chivos, jabalíes y hasta pumas tienen que bajar a la altura de las rutas y caminos de la llanura en busca de agua y comida porque más arriba el fuego consumió todo", resaltó otro poblador en diálogo con Los Andes.

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