Sentados sobre un polvorín

La recesión cada vez más posible condiciona el momento político, y acrecienta las raíces esenciales del proceso. La brecha entre ricos y pobres, como elemento de combustión. El MPN se emepeniza para hacer catarsis y resolver cómo llegar al 2011. La oposición acrecienta su postura, por ahora desde el ala más izquierdista.
En un contexto nacional donde cada sector clama por medidas frente a la amenaza un poco más real de una recesión por tiempo indefinido, con un gobierno sumergido en una terrible indecisión matrimonial, en Neuquén las dudas también superan claramente a las certezas.

El gobierno de Jorge Sapag comenzó el operativo “bono navideño”, para enfrentar lo que desde los barrios le comunican los punteros: se prepara un reclamo social que puede terminar en saqueos y explosiones de mayor violencia.

En un clima de creciente tensión por la interna del MPN, haciendo ya el balance de buenas y malas de un año complicado, el gobierno neuquino puso a su operador y negociador principal, Jorge Tobares, en la tarea plena de organizar sus horas para reunirse con sindicatos, supermercadistas, iglesias, clubes, empresarios varios, y concretar así el pacto social navideño.

La idea ya la había lanzado el intendente capitalino, Martín Farizano, con un hombre ducho en estas lides: Mariano Mansilla. El ex abogado de ATE y actual secretario de Gobierno municipal había acudido a los hipermercados con el discurso sustentado en la “responsabilidad social empresaria”, para hacer lo que antes hicieron los piqueteros: pedirle ayuda. O más concretamente, mercadería gratis para repartir entre los pobres.

Pero la relación política entre el gobierno y el municipio entró en crisis después que Farizano comprobara que frente a la violencia sindical, directamente proporcional al nivel de sus frustraciones, no había palabras ni conciliaciones retóricas posibles.

El intendente habilitó al “ala izquierda” para que saliera a denunciar que allí estaba la mano del MPN. Palabras más, palabras menos, tanto Mansilla como Jesús Escobar aseguraron que Santiago Baudino, el secretario general de SITRAMUNE, es una especie de soldado de la causa del MPN para recuperar el municipio, o al menos ganar las elecciones para concejales del año próximo.

Más específicamente, dijeron, responde al ala más dura y derechista del partido provincial, esto es, la que encabeza –al menos en la caracterización que hacen estos sectores- el ahora muy ocupado en desestabilizar gobiernos, Jorge Sobisch.

No se quedaron allí, sin embargo. Mansilla, al menos, destacó en un reportaje del diario Río Negro que si bien el ala sobischista es la más insidiosa, esto es parte del mecanismo de todo el MPN. Y englobó así en la cuestión al propio gobernador, Jorge Sapag.

¿Por qué el intendente Farizano envía estos mensajes? ¿Es parte de una conducta razonada, o expresiones de que el gobierno municipal no es solo vario pinto, sino también anárquico en sus posturas?

Se diría que hay un poco de todo.

Farizano no es ingenuo. Ha apostado todo a un camino que pasa por la unidad de los distintos, para enfrentar al “enemigo principal” –en la jerga del viejo maoísmo- que es en términos electorales el MPN. Cuando desde el gobierno provincial se le hace notar que sus funcionarios critican y ametrallan directa o indirectamente al gobernador, contesta que a él le hacen exactamente lo mismo ministros o secretarios de la gestión de Sapag. Ni hablar de la presunta pertenencia emepenista de la conducción del sindicato municipal.

Todo esto se juega mientras quienes protagonizan el juego son concientes que están sentados sobre un polvorín.

El polvorín –activo desde hace años en Neuquén- es la expresión concreta de una sociedad que ve agrandar año a año la brecha entre ricos y pobres.

Los ricos más ricos son cada vez menos; los que están bien o moderadamente bien, se suman al grupo en la percepción de vivir en una provincia acomodada. Entre todos, no superan el 50 por ciento de la sociedad neuquina.

El otro 50 por ciento es pobre. Estructural o coyunturalmente. El propio gobierno ha reconocido –lo dijo Tobares por LU5- que el “bono navideño” buscará llegar a unas 60.000 familias (después, se habló de 54.000). Son entre 200 a 250.000 personas. La mitad de la población provincial.

En tiempos de crisis, ese contraste neuquino –parte de la realidad nacional, pero exagerada por las condiciones estructurales de una economía petrolera- se acrecienta, y puede ser determinante.

El partido político que mejor percepción tiene de este fenómeno es el más experimentado en el uso y abuso del poder provincial: es decir, el MPN.

Por eso decíamos que el MPN se emepenizará. En la búsqueda de soluciones políticas a una crisis no deseada ni provocada –guste o no, es producto de los fenomenales desaciertos del matrimonio Kirchner- el partido hará catarsis en su interna, que por ahora enfrenta a Jorge Sapag con Jorge Sobisch.

Los cambios que evalúa hacer el gobierno, también responden de alguna manera a esa interna. El termómetro para una buena o mala gestión del MPN, es ante todo el propio MPN. Entre otras cosas, porque la mayoría de esa población que se divide entre pobres y ricos, es afiliada o tiene alguna relación con el partido provincial.

Así, hay tres niveles para el actual análisis político de lo posible: 1) la situación del MPN en relación con la coyuntura nacional; 2) la situación del MPN en relación con su interna; y 3) la situación del conglomerado de partidos que persiste en la gran coalición que apunta al 2011, en la que juega ante todo la experiencia de la capital neuquina.

Entre cambios de Gabinete, convocatorias multisectoriales, y constatación de que los pactos políticos-sindicales no suelen conducir a nada bueno, se verá interactuar estos niveles hasta fin de año.

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