Amo y señor en el reino del desconcierto

MADRID.– Hay cierta lógica en el seleccionado argentino. Este cierre de año, con la lección que anoche España le dio, es simplemente la consecuencia de aquello que pretende ser un proyecto detrás de un gran objetivo –la Copa del Mundo, pero a estas alturas, con que el equipo juegue bien alcanza– y, en realidad, es un enjambre de nervios, egos, peleas, alegrías, emociones, más nervios, presiones, desconcierto…
Es un mojón correcto para un proceso, el de Diego Maradona, en el que reinó la inestabilidad. En definitiva, tiene que ver con la volátil personalidad del seleccionador argentino. Que pasó de estar abrazado con Bilardo en la noche de Montevideo por la clasificación hacia Sudáfrica a pedirle a Julio Grondona que lo mantuviera alejado de su cuerpo técnico y de sus jugadores. Que pidió a Ruggeri, después a Gamboa, otra vez a Ruggeri, que no quiso a Batista, que se desembarazó de Lemme y que sumó a Enrique.

La Argentina no es más que un montón de mensajes encontrados, como los cambios constantes de los jugadores y esquemas durante los 14 partidos del ciclo Maradona. Sale Gago del equipo, vuelve Gago al equipo porque se aclararon las cosas. Cambiasso no estaba en los planes, Cambiasso regresa a la selección en el último partido del año. La Argentina vs. España: Gago desde el arranque y Cambiasso va al banco de los suplentes y juega apenas 16 minutos.

Pero también comprende un universo de estrellas y todo lo que eso implica. Que algunos jugadores molestaban en la convivencia, que otros no le hacían bien al grupo, que otros eran los informantes del técnico...

El conjunto no encuentra el rumbo porque no tiene quién se lo pueda dar. Porque para Grondona todo pasa. Mira atento todo lo que sucede, prefiere no involucrarse en las disputas, intenta contemporizar. Pero también impone condiciones cuando Maradona quiere a tal o cual colaborador.

Que Messi es el mejor de todos y tenemos que hacerlo jugar donde se sienta más cómodo. Que Mascherano es el mejor de todos. Que Verón es el hombre que le va aportar equilibrio al equipo. Que Aimar es un fenómeno –anoche estuvo en el banco de los suplentes–. Que Di María está pasando por un momento fantástico. La Argentina se clasificó con lo justo al Mundial y sigue jugando tan mal como siempre.

En el reino del desconcierto, la Argentina forma parte de la realeza. Antes eran buenas las brújulas, quizás en estos tiempos sean buenos los "GPS". Allí se pueden marcar las rutas que se deben seguir; quizás haya alguna que permita encontrar algún camino mejor hacia Sudáfrica.

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