Las sencillas razones de una aspiración presidencial

Por Carlos Pagni

Cuando hace una semana, en la Asociación Empresaria Argentina, Oscar Lescano anunció la candidatura presidencial de Eduardo Duhalde, los empresarios y sindicalistas sentados a la mesa se pusieron a reír. Ayer, igual que muchos otros dirigentes, se preguntaban por las razones de Duhalde.

Son sencillas. La principal es que quiere ser presidente. Lo desea desde 1995. Y aspira a llegar por el voto, no como la vez pasada. Si bien Duhalde confesó ese sueño en muchas conversaciones -entre ellas una con Lescano y Carlos West Ocampo-, el lanzamiento se definió el último lunes, en las oficinas de Luis Barrionuevo. Delante del gremialista, de Graciela Camaño y del bonaerense Carlos Acuña, Duhalde se puso a pensar en voz alta. Dijo que necesita tiempo para recuperar el 60% de imagen positiva con que abandonó la presidencia y que perdió, según él, porque la gente le reprocha haber engendrado a los Kirchner. Se propuso hacer un trabajo artesanal de reconstrucción del PJ, invitando a cada expresión interna, por minúscula que sea, a constituirse en agrupación.

Tiene pensado entregar 1500 carnets para integrar una "confederación peronista". Ayer pasó la mañana grabando mensajes para reproducir en Entre Ríos, Santiago del Estero, Catamarca y Chubut el próximo 17. Pero la prioridad es la de siempre: controlar la provincia de Buenos Aires para, desde allí, controlar el país. En esto Duhalde y Kirchner comparten una idéntica fe demográfica.

Hay una razón más ramplona que sirve de coartada a la postulación de Duhalde: "Es que no hay otro". Verdad provisoria. Para muchos peronistas es prematuro mostrar ambiciones ahora. Duhalde invitó al salteño Juan Manuel Urtubey a sincerar sus pretensiones. Urtubey agradeció, pero explicó que debería crecer en popularidad para dar ese paso. A Daniel Scioli, en la misma casa de Lomas de Zamora, le exigieron algo más riesgoso: emitir patacones e independizarse de Kirchner. Pero Scioli reforzó su sumisión.

Con Carlos Reutemann, Duhalde no se habla, salvo a través de los diarios. El santafecino se quejó hace un mes de que Duhalde lo presionaba y le devolvió la postulación. Se lo entendió como una ironía. Pero Reutemann -ahora se comprende mejor-quería desbaratar una jugada.

Con Mauricio Macri, Duhalde está ofendido. Siente que él y Francisco De Narváez lo menosprecian. Tiene razón: ellos creen que es imposible alcanzar el poder desde el PJ y, sobre todo, con Duhalde en la foto. Queda Felipe Solá, hoy más concentrado en capturar la presidencia de la Cámara de Diputados que en cualquier otra aventura.

Duhalde simulará no tener nada resuelto. "No quiere ahogar la fantasía de nadie. Necesita a todos. Seguirá siendo ambiguo", explica alguien que es su sombra. Sin embargo, él cree que si alguien no propone un sueño de poder, será imposible arrebatar el PJ a Kirchner. Otros factores que podrían colaborar se muestran remisos. La jueza María Servini de Cubría, en sus reuniones con dirigentes del duhaldismo, adelantó que no intervendrá el PJ: "Kirchner renunció por TV, pero no presentó ningún escrito", se excusó. Tampoco la crisis fiscal, indispensable para aflojar las ataduras de intendentes y gobernadores, tiene la gravedad que preveían en Lomas: "Mientras nosotros entregamos carnets, Néstor reparte plata", lamenta un escéptico. El principal activo de Duhalde sigue siendo el 80% de rechazo a Kirchner.

Existe un último motivo para que el ex presidente exhiba sus aspiraciones. La política se está enrareciendo: violencia sindical, maniobras de inteligencia, agitación callejera, conspiraciones aquí y allá. La excusa de publicar libros ya no alcanza para atravesar ese paisaje. A Duhalde le llegó la hora de salir de la penumbra, antes de que Kirchner termine de adjudicarle todo lo malo que sucede en su contra.

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