Señales para los Kirchner sobre la proximidad de un tiempo distinto

Por: Eduardo van der Kooy

Algunas brisas que han empezado a soplar sobre la geografía política parecieran mas elocuentes que lo que vaticina el calendario. Ese calendario indica que mañana jurará la mitad de la nueva Cámara de Diputados que significará la pérdida de la mayoría kirchnerista de estos años. La traducción del fenómeno político, tal vez, demore algunos meses, hasta que se diluya el verano. La realidad no sabe de estaciones y varios episodios de los últimos días podrían estar anticipando aquel tiempo nuevo.

El juez Norberto Oyarbide está sorprendiendo. De alguna manera lo hace a diario con declaraciones muchas veces impropias de un juez. Pero la sorpresa no tiene que ver con su extravagancia: en las últimas horas progresó en la causa sobre medicamentos adulterados que empezó a tomar estado público durante la gestión de la ex ministra Graciela Ocaña en Salud.

No sólo ordenó la detención de uno de los históricos jefes sindicales, como Juan José Zanola, de la Asociación Bancaria. En su círculo afirman que dispone de otra lista con nombres de gremialistas que, antes o después, seguirían el camino de Zanola.

¿Acaso existían dudas sobre la conducta de Oyarbide?. Ninguna, al entender de Ocaña, bien empapada sobre la investigación. Pero el juez había dado algunas señales, en otros campos, que inducían a cierta confusión. ¿Cuáles?. Por ejemplo, la absolución del secretario de Medios, José Albistur, por manejo irregular de la publicidad oficial. La Cámara Federal de la Capital rechazó esa absolución y forzó la reapertura del proceso.

Oyarbide tiene entre manos un fardo de causas de elevada sensibilidad. Entiende en el caso Skanska, el famoso avión del ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, los subsidios irregulares del ONCCA, el escandalete de espionaje que salpica a Mauricio Macri y el supuesto enriquecimiento ilícito por el cual fueron denunciados Néstor y Cristina Kirchner.

Otro indicio poco claro de Oyarbide fue su comportamiento público en torno a la causa de espionaje. De un dia para el otro, con sus anuncios, la convirtió en un tema excluyente que, mas allá de su voluntad y sus intenciones, aportó algo de alivio a un Gobierno zamarreado por los cuatro costados.

Con el avance sobre los popes sindicales por los remedios adulterados el controvertido juez pareciera haber dado un golpe de timón. Al menos le habría bajado la intensidad a algunas de aquellas dudas que rodean su gestión.

Su decisión implicaría, a priori, un doble golpe para los Kirchner. El sindicalismo peronista, mas allá de la división entre los gordos cegetistas y Hugo Moyano, es una pieza clave en el débil armado político que posee el matrimonio. La adulteración de remedios es una cuestión que, por ahora, atañe sólo a la Obra Social de los Bancarios. Pero quizás hasta el mas desprevenido de los argentinos conoce que el negocio de la salud atraviesa la médula del gremialismo.

El otro costado que podría develarse es el de la financiación de la campaña de Cristina. Allí quedan todavía dos aspectos cruciales por aclarar: si fue cierto que los laboratorios involucrados en la adulteración de remedios aportaron dinero para la campaña presidencial; si fue cierto que para el mismo menester Guido Antonini Wilson traía dinero a la Argentina enviado por Hugo Chávez. El primer tema corresponde a la jueza María Servini de Cubría; la segunda cuestión estaría en territorio de nadie.

Quizás el bisturí que hundió en la investigación de los remedios le sirva a Oyarbide para recuperar una confianza pública que otros episodios habían menguado. Esa confianza le resulta imprescindible para maniobrar con el asunto mas espinoso: el del supuesto enriquecimiento ilícito del matrimonio.

Tan espinoso resulta que hay asuntos que se hacen públicos y otros que se mantienen bajo llave. El contador personal de la pareja presidencial se reunió con Oyarbide. Hay un hombre de confianza de Kirchner que frecuenta con sigilo al juez. La idea de los Kirchner es que esa causa muera cuando muera este año.

Oyarbide se mueve entre la espada y la pared. Tiene, por un lado, toda la presión del poder político kirchnerista. Pero sabe también que está en el centro de una escena política que tiende a cambiar, en especial, porque la oposición se propone recuperar algún protagonismo en el nuevo Congreso. Oyarbide es extravagante pero de zonzo no tiene un pelo.

Otea, por caso, lo que viene sucediendo en la Corte Suprema. Los jueces del Tribunal fueron los primeros en enfrentar de modo público la embestida sindical de la semana pasada. Existe en ese Tribunal, por otro lado, una mirada muy crítica sobre la conducta del Gobierno después de la derrota del 28 de junio.

El presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, eligió el lugar para expresar, con moderación, aquel pensamiento del conjunto del Tribunal. En la UIA expresó que la "falta de reglas claras y estables" explican el alto grado de conflictividad en la Argentina. También se quejó del modo en que el poder encara la solución de esos conflictos.

La UIA ha sido en estos días una caja de resonancia de múltiples críticas al Gobierno. Otro indicio que los Kirchner no debieran desoír: la entidad empresaria acompañó los años de crecimiento y el sesgo que el ex presidente dio a la economía. La brecha que comenzó a abrirse durante el conflicto con el campo se profundizó luego de las elecciones. Héctor Méndez, su titular, habló de "confrontaciones inexplicables". Eduardo Duhalde y los dirigentes de la Mesa de Enlace dispararon en ese mismo ámbito cuestionamientos al Gobierno.

Quizás otra señal de las dificultades y los tiempos que se avecinan pueda recogerse en la calle. La ciudad en las últimas semanas ha sido un infierno. El Gobierno ya no tiene capacidad de controlar lo que antes controlaba: los piqueteros no oficialistas que inauguraron hace poco el corte rutinario de la avenida 9 de Julio están acampando desde anoche en la Avenida de Mayo. La primera protesta fue contra el clientelismo: el kirchnerismo hizo promesas y logró superarla. Esta protesta sigue siendo contra el clientelismo, de reclamo para participar de los planes de empleo. Algún mecanismo político serio estaría fallando en el kirchnerismo.

Lo que está en juego es la calle, un lugar decisivo de la política en el ideario de Kirchner. A la calle irán los dirigentes del campo el próximo jueves; la calle la ganará la izquierda el 20 de este mes para recordar los muertos y la represión de la crisis del 2001. El matrimonio le ha pedido a Moyano y Luis D'Elia que refloten la movilización suspendida en noviembre.

Son las respuestas que les quedan cuando en la política despunta un cambio.

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