Las señales de la crisis

La recesión y la crisis ha dejado de ser un fantasma que ataca sólo a “los otros”. Los despidos en Mendoza, y la situación de muchos productores del Este y Valle de Uco son muestras de ello, lo mismo que la salida de depósitos rumbo a cajas de seguridad. Es una buena decisión el utilizar el fondo anticíclico. El problema es que no fue constituido como corresponde, y le faltan más de 200 millones de pesos.
Los primeros síntomas de la crisis empiezan a notarse en Mendoza. El Sindicato de Empleados de Comercio, como explicamos hoy en un trabajo sobre el desempleo; denunció que las cadenas de electrodomésticos despidieron a unas 125 personas durante el mes de octubre. En el Este, los trabajadores de la industria del vino están alerta por los signos de retracción, que se notan en el mercado del mosto y del vino a granel. Las grandes automotrices comenzaron con suspensiones de a centenares de obreros. La contratara es que las concesionarias que operan en Mendoza están despidiendo gente. Diez en una, otros seis en otra, ocho más en una de la Avenida San Martín Sur… Otro dato: La demanda de empleo temporario de cara al verano cayó abruptamente. Y en los bancos, es incesante el movimiento de dinero hacia fuera del sistema. Las sucursales que tienen cajas de seguridad, por ejemplo, tienen lista de espera. La plata está viajando rumbo al colchón, aunque aún no hay una “corrida”.

Y la lista sigue.

El mercado inmobiliario sufrió un “parate” que se nota, sobre todo, en alquileres. Muchas locaciones del centro comenzaron a desocuparse. Tan así, que un referente local como Santiago Debé recomendó –a través de un medio gráfico- que los propietarios de locales comerciales deben bajar sus expectativas y cobrar menos, ya que los dueños de los comercios optan por irse a sitios más chicos, más económicos, o incluso cerrar cuando no es el único ingreso de una familia. Y hay menos gente consumiendo en la calle. Se nota que el mendocino ha decidido cuidar el peso, gastar lo que necesita, y desensillar hasta que aclare. Incluso cuesta conseguir dinero circulante. “Para monetizar la plata te cobran un 3,5%... No hay… está durísimo…” cuenta un experto en administración y finanzas que se mueve en el mercado mendocino.

Las señales de la crisis pasaron a ser, entonces, carteles en rojo colocados en cada esquina. Por eso, los intendentes le han pedido a Celso Jaque hacer uso del fondo anticíclico, aquella “alcancía” de los mendocinos para enfrentar las tormentas. Así, se usarán 185 millones de pesos con los que está constituido el fondo para garantizar el empleo, mantener cierto nivel de obra pública (muy modesto, por cierto) y paliar la crisis. También acordaron que ese dinero no se utilizará para sueldos, y Jaque se comprometió a enviar a la Legislatura un proyecto de ley para repartirlo.

La pregunta es… ¿alcanza?

La primera impresión es que 185 millones de pesos para amortiguar una recesión que puede durar un año, o tal vez más, es como pretender curar el cáncer con una aspirina. Sin embargo, si hay un momento para empezar a usar ese dinero, es ahora. “La verdad es que en ese fondo deberían haber más de 400 millones de pesos… pero no se cumplió con la integración. Cobos no se hizo cargo, y la Legislatura le autorizó excepciones durante dos años” explicó uno de los “padres de la criatura”, creadores de este fondo. Claro, una cosa es afrontar una crisis con 400 ó 500 millones de pesos, y otra muy distinta con 185, aunque siempre es mejor que nada.

La crisis está entre nosotros. Cada sector está rearmando sus estrategias, revisando planes de expansión y de inversión, y preparándose para un clima recesivo. Es el momento en que cada moneda debe gastarse con absoluta responsabilidad. El fondo anticíclico va a contribuir a que el golpe de los primeros dos meses –no mucho más- no sea tan duro. Pero a no engañarse, es como pretender vaciar el lago de Potrerillos con una cucharita. Nos vamos a entretener un rato, y al final vamos a descubrir que resulta imposible.

Es de esperar que este dinero se utilice con criterio, en cada departamento, para contener las situaciones más graves, fomentar un pequeño margen de obra pública –que tiene algún efecto multiplicador- e incentivar el consumo. Y que no se malversen estos fondos. Para ello, la ley que establezca su reparto debe ser bien clara en cuanto a no usar el dinero en gastos corrientes, una tentación habitual en casi cualquier administración.

Mendoza juntó sus “nueces para el invierno”, mal o bien. Lo que ahora se necesita es responsabilidad ante la crisis, y no gastar los ahorros en “caramelos”, sino invertirlos en mantener la economía en marcha. Aunque sea, para que el golpe recesivo no sea tan terrible.

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