Las señales de alerta no evitaron nuevas muertes por fiebre amarilla

La conmoción por la primera víctima fatal en marzo pasado no fue suficiente para disparar las acciones preventivas que evitaran más casos mortales. Falta vacunación y concientización
Chacra 76. En las inmediaciones de las viviendas de los dos hombres que murieron hay alarma pero no se detectaron casos sospechosos. [Foto:Ramón González]

Posadas. La muerte de Lorenzo Rodríguez (39) de San Vicente en marzo de 2008 en el hospital Samic de Oberá sacudió a la provincia y al país. La fiebre amarilla había reaparecido con una víctima fatal después de 40 años.

El deceso fue la conclusión de una larga cadena de señales que se remontaban incluso al alerta del 2001 de fiebre amarilla en el Brasil y más cerca, a la aparición de monos muertos en Iguazú en noviembre del 2007 y en el Parque Piñalito en enero del 2008.

Desde entonces los monos muertos fueron apareciendo cada vez más al Sur provincial, primero en la zona Centro y después en el Sur provincial. Finalmente, hace dos semanas se confirmó el virus como la causa de muerte de monos a pocos kilómetros de Posadas y el lunes falleció un adolescente posadeño que había ido a extraer madera a la zona de Fachinal donde se encontraron primates muertos.

De lunes a lunes

“Acá, en el barrio, el 30 por ciento de los chicos no tiene las vacunas”, aseguró Oscar Blanco, tío de Nicolás, el adolescente de 19 años que falleció el lunes pasado de fiebre amarilla.

“Ese día vinieron todos a descacharrizar, a limpiar. Pero hay que estar de lunes a lunes y entrar en los barrios más humildes para que estas cosas no pasen”, remarcó Blanco, tras contar que su sobrino hacía changas para pagar sus estudios. Había ido a Fachinal a acompañar a un vecino de la otra cuadra a buscar leña para revender en Posadas. Su vecino, Gustavo Franco, falleció de lo que fue diagnosticado como hepatitis fulminante 24 horas antes. A Nicolás alcanzaron a practicarle los estudios y finalmente se confirmó que la causa fue la fiebre amarilla.

“No es cuestión de echarle la culpa a Salud Pública. Pero que hagan lo que tienen que hacer”, cuestionó Blanco. “Los chicos no están vacunados porque van a la salita y les dicen cosas como que no los pueden vacunar porque nacieron en el hospital”, indicó Blanco. No se refiere a la vacuna antiamarílica, sino al cronograma obligatorio de vacunación que según Blanco no completa el 30 por ciento de los niños.

En la familia de Nicolás todos están inmunizados contra la fiebre amarilla y no presentan síntomas febriles que podrían alertar sobre la presencia de la enfermedad.

Tampoco hay casos sospechosos en el barrio. Pero sí alarma. “Acá vinieron a fumigar pero como estábamos en el puesto de sandías no entraron”, contó David Ojeda, que vive con sus cuatro hijos y su mujer en la casa contigua. Allí todos estaban inmunizados contra la enfermedad de campañas anteriores, excepto la hija menor Vanesa de un año y cinco meses, que fue vacunada en los últimos días. Es que, en los operativos anteriores, era menor de un año.

A pesar de la alarma en el barrio, Gladis Silvero, que vive a dos cuadras, no se enteró de nada. “Es que siempre estoy yendo y viniendo de una chacra que tenemos acá cerca”, explicó. Afortunadamente ella y su nieto de siete años están inmunizados.

“Pasaron dos o tres veces. Limpiando y fumigando. Pero acá estábamos todos vacunados”, contó Gustavo Ojeda, de la casa de enfrente. Pero a pesar de los trabajos, los vecinos todavía sufren los mosquitos.

Responsabilidad gubernamental

“Si los gobiernos no toman las medidas sanitarias correctas sin dudas habrá un incremento de las enfermedades transmitidas por mosquitos como la fiebre amarilla que ya no sólo se darán en las zonas rurales sino en las ciudades” había advertido a EL TERRITORIO Ildelfonso Fernández Salas, jefe del laboratorio de Entomología Medica de la Universidad mexicana de Nuevo León.

El científico estuvo en Buenos Aires como disertante en el Simposio Internacional sobre Control Epidemiológico de enfermedades transmitidas por vectores. Advirtió que “es necesario que los gobiernos tomen conciencia de que estas epidemias seguirán en aumento y para evitarlo deben posibilitar los recursos necesarios para que la inteligencia científica provea las mejores medidas en materia de prevención y control”.

Fernández Salas explicó que “el cambio climático que genera un aumento progresivo de la temperatura del planeta y el movimiento de personas entre los distintos continentes son los principales causantes de la reaparición de estas antiguas enfermedades”.

La fiebre amarilla fue incluida en el informe “Docena Mortal” que enumera doce de las enfermedades promovidas por el cambio climático.

El 3 de noviembre pasado la ministra de Salud de la Nación, Graciela Ocaña, llegó a Misiones a distribuir fondos entre 21 municipios de los departamentos Iguazú, Eldorado, General Belgrano, Montecarlo y 25 de Mayo, para que implementen campañas fundamentalmente contra la fiebre amarilla. Ya entonces la ministra consideró que había que superar el 90 %de inmunización y empezar a librar la batalla contra el mosquito vector casa por casa. El monto global que se distribuyó entre los alcaldes fue de 525 mil pesos. “Este compromiso con los municipios esa para que cumplan con la concientización de la comunidad y el trabajo para eliminar los focos de crianza de larvas y lograr niveles de inmunización superior al 90 %”. Ocaña vinculó la reaparición de la enfermedad a la actividad de desmonte que hace que los monos migren hacia estas zonas.

Opinión el territorio

El problema es lo que no se hace

Las señales de alerta fueron claras. No hubo ni hay dudas de lo que había que hacer. Entonces, ¿porqué no se pudo evitar que dos personas más perdieran la vida por la fiebre amarilla? El problema parece estar en que no se hace lo que se sabe que hay que hacer.

A pesar del alerta tras conocerse la muerte del adolescente posadeño de 19 años que había ido a buscar leña a Fachinal, miles de visitantes ingresaron y egresaron de Misiones en plena explosión del brote sin que se exija el certificado de vacunación en la frontera. Descuidos semejantes pueden causar el viaje de la fiebre amarilla hacia los principales centros urbanos del país. Y aunque parezca increíble, todavía hay misioneros que no se vacunaron.

Las conclusiones de los trabajos de los epidemiólogos suelen ser fascinantes. Pequeñas señales en puntos diversos se van uniendo hasta formar una trama que muchos podrían considerar de ciencia ficción.

Casi por casualidad, un grupo de científicos que investigaba la vida de los monos carayá en el Parque Provincial Piñalito alertó sobre la mortandad de estos animales en enero del 2008. Así comenzó la historia que permitió desenterrar la mortandad de los carayá del Parque Península en Iguazú, en noviembre del 2007 que pasó ignorada y sin que se hiciera la denuncia correspondiente. Y alertar del brote que sin embargo produjo la muerte de un colono tabacalero de la zona rural de San Vicente en marzo pasado.

Vigilancia como la de los investigadores del Parque Piñalito son las que permiten ver la amenaza silenciosa. Sin embargo, en este caso el hallazgo fue parte de un hecho fortuito y no consecuencia de una acción preventiva constante.

Ahora la circulación viral avanza sobre Corrientes. “En cuestión de días o semanas vamos a tener monos muertos”, vaticinó Juan Antonio Pascual, director de Programas de Salud Pública de Corrientes. Aseguran que se realizan profundos trabajos de rastrillaje en toda la zona de riesgo. El final del tórrido verano que recién comienza dirá si logran evitar los casos humanos. Si lo hacen, habrán dado una lección a los misioneros.

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