El senador mendocino que prepara el proyecto de poder de la UCR y Cobos

Llegó a la presidencia de la UCR como figura de consenso entre los cobistas y sus rivales. Ahora tiene que armar la plataforma sobre la cual ese partido busca volver al Gobierno nacional.

Milita en el radicalismo desde su juventud y se destacó más en cargos legislativos que ejecutivos. En el Congreso, es uno de los principales opositores discursivos al kirchnerismo. Ahora vive en el campo.

Ernesto Sanz es ahora un hombre del campo. La afirmación no tiene que ver con alguna alianza política, sino con "un estilo de vida", como él asegura. Aunque el senador nacional pasa toda la semana en medio de la vorágine política en Buenos Aires, tiene su residencia en Cuadro Benegas, una localidad rural de San Rafael donde lleva adelante una granja orgánica con su esposa.

Por eso pasa de los debates ásperos con el kirchnerismo a ordeñar vacas y cuidar una huerta. "Vendí mi casa del Centro y me fui a vivir allí, es un cable a tierra fenomenal. Paso violentamente de la selva al paraíso", explica.

Sanz se convirtió en el presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical sin haberlo planificado, aunque asegura que es "uno de los honores más grandes" de su vida. Por delante le quedan varios desafíos complicados: tratar de solidificar ese partido y, sobre todo, mostrar que puede ser una alternativa de poder en 2011.

Para Sanz el gran desafío de ese sector para ser gobierno es "tender acuerdos con los distintos sectores de poder" de la Argentina. En ese sentido, una de las prioridades es trazar redes con el sindicalismo que hoy está enfrentado a Hugo Moyano para borrar el trauma de los radicales con ese sector.

Sanz comenzó a militar en la UCR a principios de los ’80, junto a Sergio Marinelli y Armando Camerucci, otros dos dirigentes de San Rafael. El único antecedente político de la familia era cierta afinidad de su padre con Arturo Frondizi, aunque asegura que en poco tiempo su familia se "decepcionó" con el ex presidente. "Me sentí identificado con el radicalismo, con su modelo de política. No me gustaba la JP y su idea violenta", relata Sanz, que fue el primer presidente de la Juventud Radical luego del retorno de la democracia.

En su paso por cargos públicos, ha dejado mejor recuerdo su labor legislativa que lo que hizo en lo ejecutivo. Fue y es un destacado senador (fue elegido legislador del año), pero tuvo una discreta intendencia en San Rafael. Dentro de la UCR formó el sector de los "territoriales", que le disputó poder a las líneas clásicas de ese partido. Hace tres años fue uno de los principales rivales de Cobos cuando éste se fue con Kirchner y también el principal promotor de su regreso.

Aunque asegura que los radicales gobernaron bien, para él el gobernador más destacable de Mendoza fue Bordón. "El último tipo (sic) que entusiasmó a los mendocinos con un proyecto colectivo fue José Octavio Bordón. En términos de gestión, yo me quedo con los dos gobiernos radicales, pero Bordón entusiasmó", aseguró hace tiempo.

Su estilo político se acerca al de los radicales clásicos, con discursos bien argumentados y extensos, más que con el de Cobos. Ahora a Sanz le toca reordenar y hacer renacer a un partido de 120 años de historia.

-¿Qué significa estar al frente de la UCR, se lo esperaba?

-No me lo esperaba, nunca trabajé para esto, no estaba en mis planes. Hace unos meses me empezaron a hablar que podía ser la figura del consenso de todos los sectores del partido. Al principio dije que no, porque no lo veía al partido demasiado convencido de lograr la unidad. Con el paso del tiempo la dirigencia fue madurando.

Dije que sí porque es necesario consolidar el proceso de unificación y dotar al partido de volumen, armar equipos técnicos. Tengo un norte hacia adelante. Yo quiero construir las cosas que le faltan a mi partido para llegar al 2011 bien. Hace tres años atrás estábamos pensando en la supervivencia y ahora pensamos en gobernar, las cosas son muy dinámicas. La tarea es apasionante.

-¿Puede ser parida de la oposición una alternativa de poder?

-No se contraponen, van en paralelo. Mientras vas consolidando un programa y fortaleciendo el Acuerdo Cívico, vas armando con solidez. Veo que se van a armar dos coaliciones. Una alrededor del peronismo y otra coalición alrededor de la UCR.

-¿Qué le falta a la UCR para ser alternativa de poder?

-Le faltan varias cosas. Terminar su proceso de reunificación. En Mendoza, por ejemplo, es un proceso que está trunco. También está el tema de Cobos. En algún momento tendrá que volver al partido para que se ensamble candidato y partido en un mismo espacio. Después al radicalismo le hace falta un programa de gobierno confiable, creíble, que tenga metas de cumplimiento. Y eso se logra articulando con los factores de poder. Eso le faltó al radicalismo en ocasiones anteriores. Tenemos que llegar al Gobierno sabiendo qué hacer y con quién hacerlo.

-¿Con qué factores de poder?

- Un ejemplo: uno de los factores de poder con el que el radicalismo tiene que resolver un trauma es el sindicalismo. Con el kirchnerismo se agota el moyanismo también. Hay otros actores importantes y el radicalismo tiene que articular desde ya, antes de 2011, reformas en la vida sindical porque este sindicalismo no le sirve a nadie, y que a nosotros nos sirva para garantizarnos gobernabilidad.

-¿Cree que Cobos es "sometible" a la estructura de la UCR?

-Si no se produce esto va a ser muy difícil que Cobos sea candidato. Cobos necesita de un partido como el radicalismo para ser candidato y no puede serlo desde afuera. Ya vivimos la experiencia de tener un candidato desde afuera y no fue bueno.

-¿Se ha imaginado qué rol le gustaría cumplir en un gobierno del radicalismo?

-La verdad, primero déjenme que me acostumbre a la posibilidad de que el radicalismo sea gobierno.

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