El Senado, listo para sancionar un Presupuesto con cuentas de ficción

Por: Alcadio Oña

Diputados ya había votado un Presupuesto para 2010 lleno de inconsistencias y cosmética fiscal. Esta semana el Senado hará lo mismo, sin reparar en datos nuevos que alteran cuentas clave y desde luego no figuran en el texto aprobado por la otra Cámara.

Sólo un ejercicio de responsabilidad determinaría que los senadores oficialistas incorporen las novedades al proyecto y lo devuelvan con cambios a Diputados. Sin dudas, impensable.

En estos días, el Gobierno anunció dos medidas que implican mucha plata no computada en el Presupuesto: el aumento de las asignaciones familiares y el plan hijos. Entre ambas suman unos 14.500 millones de pesos y deben ser cargadas a las cuentas de la ANSeS.

Nada de todo eso consta en las planillas del organismo. No está en el proyecto que aprobó Diputados, ni aparecerá en la ley que ahora sancionarán los senadores.

Todo se hace al modo K. Como mandar un Presupuesto que autoriza gastos en 2010 y serán pagados al año siguiente. Disponer endeudamiento o avales por miles de millones para inversiones del Ministerio de Planificación, que tampoco son computados en el gasto. O anunciar un recorte a los superpoderes que el Senado vota y después, por orden de Olivos, es cajoneado en Diputados. Mientras tanto, los legisladores oficialistas levantan sus manos sin chistar.

El resultado de los malabares fiscales le permite al Gobierno presentar un superávit mayor al que habría si incluyera lo que excluye. Y con superpoderes ilimitados puede, además, mover partidas de un lado al otro.

Tan solo por el plan hijos y el aumento de las asignaciones familiares, el gasto público crecería alrededor del 17 % respecto de 2009. La suba prevista en el Presupuesto es del 12,4 %: otra cosa que tampoco será corregida por los senadores oficialistas.

Desde el principio ese 12,4 % ya era ficción pura, sin siquiera considerar las últimas novedades. Entre enero y setiembre, el gasto aumentó al 30 % y el número final del año no será muy diferente.

¿Alguien puede creer que de un día para el otro se bajará abruptamente del 30 % al 12,4 %? Si lo hicieran, habría un brutal ajuste fiscal.

Tal vez sea más probable, en cambio, que la recaudación impositiva suba el 17 % proyectado en el Presupuesto, por efecto de una mejora en la actividad económica, gracias a la soja y a la inflación real. Aun así, significaría un salto enorme, pues en lo que va de 2009 los ingresos de la AFIP apenas evolucionan al 8,4 %.

Ya es una pata floja que todo el crecimiento se sostenga, hoy, en los recursos que vinieron desde las AFJP. Sin ellos, el 8,4 % se transformaría en 2,3 %.

Esto revela que la recaudación por impuestos puros está pinchada. Con un agregado: en 2010, la ANSeS necesitará sus propios recursos para atender los nuevos gastos, y su caja no lucirá igual.

El cuadro completo de las cuentas públicas explica que el Gobierno piense en salir a buscar créditos, aquí y afuera, no bien cierre el canje con los bonistas. Es plata para pagar deuda y de paso liberar fondos para la inversión pública. O simplemente caja.

Pero si el financiamiento no resulta suficiente, habrá a mano arriba de 10.000 millones de pesos del Banco Central. Son las utilidades que cosechará este año, por la devaluación y la valorización de los títulos públicos que tiene en su cartera. Unos US$ 2.600 millones que podrían ser usados en caso de apremios con los vencimientos de la deuda.

El 2010 será el año del endeudamiento. Unas más, otras menos, también las provincias lo ven como una vía de escape al ahogo de sus cuentas. Pero no será la única, pues vuelven a estar a la orden del día los ajustes impositivos.

Tal cual pasa con el Presupuesto Nacional, los programas provinciales no contemplan ninguna mejora salarial. Como es obvio que las habrá, necesitarán plata y mucha: los sueldos les consumen el 50 % del gasto, o más en algunos casos.

Con las demandas docentes pisándoles los talones, los ministros del interior temen al aumento que el Gobierno acuerde en su propia paritaria. Aunque no tiene maestros, siempre ha resuelto sin consultar: al final, pagan las provincias. Y enganchado al incremento a los maestros viene el del resto de los empleados públicos.

Por este camino se llega a un lugar conocido: Olivos o, si se prefiere, al financiamiento discrecional de Olivos. Es el conocido jueguito de premios y castigos, en el que talla la plata que reúna el poder central y así el Presupuesto Nacional sea un nido de inconsistencias.

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