El Senado aprobó la reforma política

Con menos pasión que en otras jornadas que dejaron marca en 2008, y en el año que termina, el Senado transformó ayer en ley la reforma política impulsada por el oficialismo. Y con números holgados, 42 a 24. Los tres senadores por Santa Fe, Carlos Reutemann, Roxana Latorre y Rubén Giustiniani, votaron en forma negativa.
Establecer elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias para regularizar el caótico sistema de partidos y fragmentos de partidos que hoy impera en el país, e impedir que "un señor con mucho dinero empiece una campaña millonaria un año y medio antes, cuando todavía las elecciones no tienen ni fecha" —en obvia referencia a Francisco de Narváez—, fueron los argumentos principales con que el oficialismo defendió la nueva ley.

Cuestión de formas. Para la oposición, la negativa pasó más por las formas —"apuro", "atropello", "falta de consenso"— que por los contenidos principales de la nueva norma.

Tal vez por eso, pocos minutos antes de que el orador de cierre por el oficialismo, Miguel Angel Pichetto, terminara su intervención, fue el jefe del bloque radical, Gerardo Morales, quien le pidió una interrupción (el peronista se la concedió), y dijo: "Le ofrezco mi compromiso y el de mi bloque, que si hoy postergamos la sanción, en la primera semana de abril tratamos la ley y la consensuamos, incluso manteniendo el cuerpo principal". Por supuesto, se trató de una retórica efectista de último momento que el jefe del bloque oficialista no aceptó. "Usted no me puede garantizar esa votación en abril", le dijo, y tras cartón le pidió a Julio Cobos —presidente del Senado— que habilite la votación.

La sanción de la reforma política, o "electoral", como prefieren nominarla quienes la rechazaron buscando disminuir su estatus, tuvo una trayectoria en el Senado cargada de paradojas. Por un lado, el oficialismo aceleró con todo en las últimas dos semanas —cuando había anunciado que iba al Senado para marzo— y forzó la sanción con el aparente repudio de todos los opositores y el costo político de actuar sin consenso. "La van a votar en soledad", anticipó el rosarino Rubén Giustiniani, una hora de que se bajaran los votos. Sin embargo, 42 a 24 no lució a "soledad".

Por lo demás, la reforma hecha "a la medida de las necesidades de Néstor Kirchner", según argumentaron en especial desde el radicalismo, lo coloca al ex presidente, en tanto candidato en 2011, en la obligación de atravesar dos elecciones nacionales a padrón general, obligatorias. ¿Puede un candidato supuestamente enemistado con las grandes mayorías salir airoso de esas dos durísimas pruebas?, imposible. Esa convicción verdadera —distinta a la que exclama—, explica, en parte, la serenidad del radicalismo ante la nueva derrota de ayer en el Senado.

Distinta, y tal vez más rotundamente opositoras, fueron las posiciones expresadas por senadores de bloques más chicos, como el de Adolfo Rodríguez Saá o el mismo Giustiniani, quien continuará al frente de su monobloque por otros seis años, a partir de marzo. El Adolfo explicó con buen grado de detalle, y fue creíble, todas las peripecias que viene padeciendo en la provincia de Buenos Aires cuando intenta colocar sus boletas en los cuartos oscuros del conurbano (y que son similares a las que sufren sus opositores en la provincia de San Luis). Por eso casi rogó por la implementación de la boleta única, que no está contemplada en la nueva ley.

Comentá la nota