Las semanas después

Por Mario Wainfeld

Los reflejos de los Kirchner. Las corporaciones preparan su ofensiva. El discurso de los industriales y la avanzada de los ruralistas. El preembarque para cambios en el gabinete. Los gobernadores, la coparticipación y lo que piden de veras. Cobos en carrera. La gobernabilidad, (ir)responsabilidades surtidas.

Fue una semana a todo vapor, todo indica que las próximas elevarán la temperatura y el vértigo, lo que ya es decir. Seguramente, a partir de mañana escalará la ofensiva de las corporaciones patronales contra el Gobierno. Y la Presidenta, así lo marca el tablero y lo corroboran las versiones de Palacio, modificará su elenco de ministros y secretarios-estrella en esta primera mitad del mes. El peso del veredicto electoral agranda o achica a protagonistas del poder político y del fáctico mientras acelera los tiempos.

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La Casa Rosada: Los reflejos del oficialismo durante el cruel día después deben analizarse en combo, observando qué hicieron Cristina y Néstor Kirchner. Escindirlos es una zoncera. Esto dicho, la señal que emitió el ahora diputado electo fue la más precisa. La Presidenta hizo bien en exponerse en una conferencia de prensa en la que no podía anunciar cambios de gabinete o de políticas al voleo, detonando un efecto dominó de versiones, paranoias y rumores. Incluso reconoció con ambages la derrota y confesó el dolor por la caída en Santa Cruz, un karma para cualquier político. Pero falló en el núcleo de su mensaje, expresado en el tono, en una aritmética electoral forzada y en mantener todos sus modismos. Las explicaciones contradictorias sobre la epidemia de gripe y el viaje a Honduras, no mejoran su posición. La solidaridad regional es fundamental pero quizá la coyuntura doméstica ameritaba que permaneciera acá, en plena convulsión, donde no es sustituible por persona alguna.

Los cambios en el gabinete comenzaron y seguirán. Graciela Ocaña era una salida anunciada, Ricardo Jaime sorprendió. Su renuncia descomprime un poco al Gobierno, lo alivia de un pésimo funcionario. Pero el manual Lerú de la política indica en la bolilla respectiva que hace falta más. Por cierto, las habas se cuecen en Olivos y no se filtra mucha data de allí. Las versiones más atendibles de Palacio dan por hechas las salidas de Guillermo Moreno y Carlos Fernández. Sergio Massa también ranquea entre los prescindibles. Las reglas del arte sugieren que algún funcionario más caerá en la volteada.

Oxigenar el gabinete, algo que debió obrarse en 2007, es imperioso, la funcionalidad de los cambios dependerá del perfil y la calidad de los relevos. Cambios en Economía, Comercio Interior y eventualmente Jefatura de Ministros son una movida importante.

La Presidenta deberá esmerarse para rodearse de colaboradores de perfil más alto que el que prima hoy, con aptitud para hacer agenda y sumar palabra al debate público. En Economía, la ecuación debe contemplar no poner un hiperministro digitado por (o servil ante) las corporaciones. El kirchnerismo supo siempre evitar esa concesión infausta. Pero al mismo tiempo, a diferencia de lo actuado, hace falta un protagonista con volumen propio, con aptitud para negociar en un contexto de merma y de agrande de las contrapartes. Alguien que sepa representar al estado en las "mesas" y en el ágora, con volumen propio para dirigirse a los líderes corporativos "de tú a tú" como dicen los españoles. El casting es reducido, la tarea tan delicada como esencial.

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Los compañeros: Néstor Kirchner se mostró abatido y muy trabado para expresarse en la noche de la derrota, previsible en alta proporción pero sorpresiva para el voluntarista (o negador) disco rígido del oficialismo. El lunes por la mañana, repentizó. Renunció a la presidencia del Partido Justicialista (PJ) anticipando y obviando demandas y reproches en ese sentido. En su discurso, despegó a Daniel Scioli del resultado, una señal valorable que no bastaba para dispensarlo de los costos de la caída. Fue un mensaje hacia fuera, un rebusque para ganar tiempo (material sensible y escaso). Habilitó, o forzó, al gobernador bonaerense a hacer una ronda de llamadas y reuniones con los compañeros ganadores para rearmar el PJ.

Scioli emprendió la ríspida tarea, o sea abrió su oreja a reclamos y balances electorales que se veían venir desde hace meses. Vaya si se hizo oír el colectivo de los triunfadores, dominado por "la liga del cincuenta por ciento" (los mandatarios de San Juan, Tucumán, Chaco y Chubut, especialmente, que lograron mayoría absoluta) y por el mayor beneficiario surgido de las urnas, Carlos Reutemann.

Algunos se hicieron oír rehusando hablar. En un gesto que prueba que el dialoguismo oscila mucho en función del poder relativo que se posee, Lole no respondió la llamada de Scioli. El uso despótico del celular, un tópico de las relaciones amorosas y de la política.

José Alperovich tampoco se reunió con Scioli. Otros se avinieron, con distintos matices de cortesía pero con un pliego de condiciones similar. Más acción y más horizontalidad en el partido (que a ningún peronista de fuste lo erotiza demasiado), una conducción donde primen los ganadores. Se empezó a conversar sobre una interna abierta en 2011, Reutemann también la aludió. Dendeveras, ninguno está muy ansioso al respecto. Es un horizonte remoto, que se puede desandar veinte veces. Ese porvenir virtual y vidrioso, sí adoctrina sobre el presente: el kirchnerismo ya no liderará el PJ.

Reutemann, que no gobierna, va por su carril: ya se verá cuánto confluye con el de los gobernadores. Francisco de Narváez se pasea por los medios mientras sus operadores incitan deserciones en la bancada del Frente para la Victoria. Si el peronismo no cambió sus hábitos abruptamente, las habrá. Lo que está más en duda es el Norte de los borocoteados. ¿Hacia Unión-PRO, hacia el neoperonismo de Felipe Solá o al cobijo de Reutemann, el más presidenciable, el más reconocido por la dirigencia justicialista disidente, el más confortante para el establishment?

Los gobernadores le enrostraron a Scioli el bastón de mariscal que cargan gozosos en sus mochilas. Mario Das Neves primereó mocionándose para el 2011. Otros son más cautos, pisan sobre seguro, no perciben al chubutense como un líder, más bien lo definen como un intrépido. El sanjuanino Gioja no esconde sus ambiciones y (según husmea el cronista, recorriendo el respectivo espinel) acaso le saque un tranco de pollo a sus colegas, en el inicio de la carrera. Ninguno de los otros se lanza ni se baja, hoy y aquí.

El PJ se irá reformateando, entre tanto hay cuestiones más acuciantes. El peronismo triunfante, incluido el más afín al gobierno nacional, exige más federalismo, esto es, mejor reparto del poder y, sobre todo, de la plata. La coparticipación federal es una bandera común, pero sólo pour la gallerie. Las exigencias constitucionales para esa ley traban o, quién sabe, imposibilitan la unanimidad necesaria. Con cuidado, surgen propuestas alternativas, más sencillas de operar. El salteño Juan Manuel Urtubey habló de un Fondo de Convergencia, donde se vuelquen más recursos para las provincias, derivándoles su administración. Puede ser uno de los modos de distender el conflicto latente entre nación y provincias, si la idea se enriquece. Más recursos pero contra metas cuantificables, fijadas con algún grado de planeamiento nacional.

Se reformulan añejas demandas, en el marco de la flamante correlación de fuerzas. Mayor coparticipación en el impuesto al cheque, la más recurrente. La discusión del Presupuesto Nacional no será un paseo entre la tropa propia, cada uno pedirá "su partidita", el oficialismo debe prepararse para eso. La contrapartida no es baladí, la gobernabilidad futura depende de un equilibrio inestable con el peronismo gobernante. Sería pésima noticia para los que se prueban la pilcha de Carlos Gardel pensando en el 2011 que el mandato de Cristina Kirchner se interrumpiera, con la interna irresuelta y Julio Cobos como sucesor institucional. Ese es el común denominador con el kirchnerismo, significativo aunque peliagudo para implementar.

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Los correligionarios: Julio Cobos sinceró su ambición de competir contra el oficialismo, desde el despacho vicepresidencial, toda una innovación argenta. Sus listas arrasaron en Mendoza y el resto de los astros se alineó a su favor. Elisa Carrió quedó muy golpeada por el fiasco en Capital. El pasable desempeño en Buenos Aires no la mejorará, el tercer puesto no es la gloria. Hermes Binner perdió. Por un hocico, sin ser el candidato... perdió igual. La UCR queda a la vanguardia del panradicalismo, después del 28 de junio.

El radicalismo, en conjunto, hizo buena elección tanto en la suma de sufragios como en la cosecha legislativa. Para eso le sirvió su implantación nacional, que mantuvo repechando la catástrofe electoral de 2003. Aunque consiguió mayoría amplia solamente en Mendoza, ganó algunas provincias más y sumó de a poquito por minoría en otras.

Para los boinas blancas, Cobos es el mejor prospecto de presidenciable, porque (aunque novicio en la UCR) es radical y se lo ve más permeable y confiable que Carrió.

Los radicales fueron a por el tablero parlamentario, central en la etapa y su bastión más fuerte. Se apuraron a reconocer al Frente para la Victoria como primera minoría, con derecho a presidir las dos Cámaras. Y reclamaron, con cifras en la mano, las vicepresidencias a fuer de segunda minoría. Felipe Solá bregará para desbancarlos pero seguramente el FPV les hará gamba y cerrará trato.

Con el frente interno más o menos ordenado (se están imprimiendo más facturas para Carrió) los radicales se aprestan para la renovación de autoridades partidarias para fin de año. A ellos el partido los erotiza, acaso demasiado. La síntesis imaginable sería un correligionario afín a Cobos pero que no lo acompañó en su breve transfugueada a la Concertación. Su coterráneo Ernesto Sanz es un candidato potente, con la foto de hoy.

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El poder que no se vota: Entre las paparruchadas que están de moda, está la de subestimar el riesgo institucional en ciernes, en un país con una cultura política jacobina y un conjunto de corporaciones con síndrome de abstinencia. Hasta se habla del nacimiento, de facto, de un sistema parlamentario cuando, en estos, el oficialismo es mayoría en el Parlamento, como condición de existencia.

Un oficialismo debilitado, una oposición en ascenso pero dispersa deberían (en el tan sonado "país normal") construir un cuadro de articulación que permitiera gobernar a la Presidenta, corrigiendo rumbos en función del mensaje de las urnas. Pero no un oficialismo humillado, supeditado a aplicar el programa de los otros, que en realidad no existe.

Las corporaciones de empresarios rurales y de la industria ya asedian, e irán por más. La AEA y la UIA (cuyos conductores reales son Paolo Rocca y Carlos Blaquier) formulan sus reclamos en forma civilizada, para los usos locales. Piden un dólar a 4,30 pesos, lo que como planteo de máxima sujeto a regateo no es una exorbitancia para las costumbres locales. También una ley de ART que mantenga sus actuales niveles de rentabilidad e insensibilidad social. No es novedad.

Lo más denso es el New Deal que bosquejan, en rigor un Deal provecto que renace. Lo conversan aún con funcionarios nacionales, en tono mundano. Su narrativa, más o menos, asume que Kirchner fue un presidente necesario, por las medidas que tomó y aún por su decisionismo. Pero, se ponen prospectivos, "la emergencia pasó y hay que volver a la normalidad". La normalidad, leyendo los pliegos escritos en tinta limón, es un Ejecutivo sumiso ante el poder económico y colonizado por él. Un pope del sector le comentó, tiempo ha, a Página/12 su remembranza de los años felices: "Menem nos invitaba a Olivos, a charlar, comer. Algunos hasta participaban en festicholas. Duhalde nos consultaba cualquier decisión aunque no fuera de nuestro sector específico". No reivindican al riojano, sueñan con los tiempos del bonaerense, también con los últimos de un ya vencido Raúl Alfonsín, los de Fernando de la Rúa. A las cúpulas patronales les encantaría que Hugo Moyano dejara de ser el secretario general de la CGT. A los compañeros Gordos, también. Quizá vayan buscando su desplazamiento, con Luis Barrionuevo como ariete pero no como líder. La hora de la moderación puede estar sonando. Moyano es menos moderado que los Gordos en el trato y más firme en las exigencias por los derechos de los trabajadores, he ahí el intríngulis, que seguramente se irá sustanciando a fuego lento, más allá del invierno.

De cualquier manera, el punto más desestabilizador son los reclamos de la Mesa de Enlace, único factor de unidad de la oposición fortalecida por las urnas. El reclamo de su supresión, cuanto antes, está en gateras y podría suscitar un horizonte muy denso. Un corte abrupto de ese ingreso fiscal desfondaría al estado y dejaría al Gobierno inerme. La Presidenta dispone del recurso constitucional del veto pero los ruralistas tienen de su lado la extorsión por vía de la acción directa, la patota y el desabastecimiento.

El intríngulis interpela a un oficialismo que quiere mantener el timón y una oposición que ahora talla fuerte. La gobernabilidad depende de ambos factores. Todos deberían ser garantes de la institucionalidad que no equivale a un gobierno rehén, ni sordo ni encerrado.

Si primara la sensatez (materia escasa en este suelo) a todos podría convenirle, atravesando una crisis mundial, se mantuviera la estabilidad económica, los equilibrios fiscales y no hubiera mermas importantes del nivel de empleo. Pero la doctrina Biolcati-Grondona está latente, ése es el espíritu democrático de las corporaciones y de la vieja derecha argentina.

El desafío para la nueva derecha, el peronismo-otro y el radicalismo es cooperar para evitar un desmadre institucional, destituyente en términos objetivos.

El desafío para el gobierno es aceptar que entró en una etapa, a la baja, en la que debe extremar la sutileza y la negociación para mantener lo sustancial de sus convicciones, evitando una salida catastrófica.

Entre estos protagonistas y estos riesgos transcurrirá un caliente mes de julio.

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