Semana de medidas, apuntando al mosto y a los vinos tintos

Finalmente, la agenda de los gobernadores complicó el acuerdo final y los anuncios de las medidas vitivinícolas para la próxima cosecha, que iban a firmarse el viernes pasado. Gioja y Jaque, sin embargo, ya combinaron las pautas esenciales y serán los ministros Benítez y Mercau los encargados de formalizar esta nueva versión del acuerdo San Juan-Mendoza.
Los trascendidos tanto en Desamparados como en el Barrio Cívico siguen indicando objetivos estratégicos y medidas: El principal propósito es sostener una producción de mosto que le permita a la industria cumplir con las expectativas de una exportación que -por los compromisos adelantados- anticipa unas 110.000 o 120.000 toneladas (el 60% de ello a Estados Unidos, se estima). Cabe acotar que esto es meramente sostener una exportación similar a la del año pasado, porque en la temporada 2007-2008 se superaron las 210.000 toneladas. Concretamente, en el período enero-noviembre la consultora MRT calculó una caída de las exportaciones del concentrado en un 46%. En este sentido los ministros y sus gobernadores ya habrían pautado con ese propósito un cupo obligatorio de elaboración del 20% (otros lo suponen más cerca del 22%). Esto sería reforzado con un aumento de las multas para los productores y elaboradores que no elaboren ese "piso" mínimo: Llevarían la multa actual a 6 pesos por quintal, fondos que finalmente irán a las arcas del Fondo Vitivinícola, que sirve para solventar otras políticas vitivinícolas. La preocupación, por ahora, en el mercado internacional del mosto es la presencia del jugo de manzana -China presiona con ellos- con precios que rondan los 1.100 dólares la tonelada, cuando un buen concentrado de uvas en los niveles ajustados de calidad, ronda en Estados Unidos los 1.400 dólares.

Habrá complementariamente una política de auxilio financiero, fundamentalmente propiciando la elaboración de mostos -tal vez tasas diferenciales para apoyo crediticio- y de ahí en más chequear la evolución de la cosecha, por volumen y por elaboración. Es que el otro propósito tiene que ver con los stock de vinos disponibles para abastecer el mercado. Como habría un superávit que rondaría los 7 u 8 meses al cabo de la temporada en el caso de los blancos, el propósito es incentivar la producción de tintos (que podrían terminar la temporada en déficit, si se sostienen las actuales condiciones de las demandas internas y externas). En Mendoza se insiste en que inicialmente al menos, el gobierno no tiene pensado repetir la experiencia -complicada- de asumir operativos de elaboración, pero se estudia la posibilidad de que se promueva el apoyo a la exportación de vinos blancos comodities para los importadores rusos y venezolanos (se calcula que con 25 centavos de dólares por litro, "darían los números" para recuperar las gruesas salidas de los años 2006 y 2007 (que llegaron a constituir casi el 60 % de las exportaciones, sobre todo por la influencia rusa). O sea, maneras de descongestionar las existencias de blancos abundantes y propiciar en cambio que mejore el alicaído stock de los tintos (los de la gran demanda nacional y mundial).

De todas maneras, por ahora al menos, la naturaleza amaga y sacude con tormentas, pero no ha hecho variar demasiado los cálculos del INV -según sus propios técnicos y pese a las críticas de productores que insisten en que hay menos racimos- O sea, el Instituto -que promete otros 2 chequeos de ajuste antes de la vendimia- calculó en la primera estimación 26,7 millones de uva (2.670 millones de kilos) para todo el país, con un 23% de aumento respecto al año pasado (25% más en Mendoza; 17% en San Juan). No creen demasiado los viñateros, que en el Este mendocino y en San Juan suponen viñas menos pródigas que las que calculan los hombres del INV. La clásica tensión de cada temporada, por otra parte. Mientras, en el mercado hay expectativas y precios sostenidos (rondando los 0.95 y 1.10 para el sulfitado y los vinos blancos y por encima de los 2.30 y 2.50 para los tintos según intensidad de color y calidad de elaboración). Por cierto, todos hacen especulaciones por la cosecha y los precios de las uvas. Es otro cantar, claro: Los bodegueros que tienen que poner envases en las góndolas o vender al exterior, conocen las expectativas viñateras y temen que un exabrupto en el precio de los racimos lleve el vino a valores que puedan desplomar los despachos y los envíos externos. Las expectativas son las previsibles: El asunto son las uvas tintas a la buena elaboración y las blancas con preferencias al concentrado exportador de mostos. Anda suelto el miedo a que los productores se entusiasmen con la elaboración de blancos escurridos básicos, cuyos stock estarán sobrando al fin de la temporada.

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