La Selección dio el golpe ante la poderosa Serbia.

Vencio 3 a 2 en Belgrano a una de las tres mayores potencias de este deporte, por la Liga Mundial.
Ahí está, de fondo, el tablero que todavía refleja el extraordinario 15-13 del quinto y decisivo set. Ahí están, estirando los músculos y el festejo un grupo de héroes deportivos argentinos que no pueden parar de celebrar. Ahí está, inmutable y mirando para otro lado, un juez de línea que trató de hacer lo que no pudo el equipo serbio y levanto, aunque sin concretar su tropelía, una banderita de la deshonestidad. Aquí está, como antes, la historia del vóleibol recibiendo nuevamente con los brazos abiertos a la Selección argentina.

Es que el equipo conducido por Javier Weber superó a Serbia, a la poderosa selección local que ocupa un lugar entre los tres mejores equipos del mundo, por 3-2 y ante unos 5.000 espectadores que se fueron del estadio Hala Pionir sin poder creer lo que acababan de presenciar.

Este triunfo celeste y blanco, además, acerca a la Selección a un probable acceso a la segunda fase de la Liga Mundial, instancia en la que se cruzaría con los ganadores de grupos, el mejor de los segundos y Serbia, por ser el país organizador.

Gran partido de la Argentina en ataque. Esos 14 puntos que por triplicado anotaron Ocampo (excelente, viniendo desde el banco), Quiroga y Spajic, demuestran que en la variedad estuvo parte del éxito. Y que Scholtis, quien fue titular, salió por la lesión en la rodilla izquierda de Chávez y retornó, hizo un partido como para extender el crédito que le otorgó Weber para que pruebe si puede ser el punta (el atacante más pesado) que necesita todo equipo que busca el más alto nivel.

Y Serbia, sin su armador titular (el veterano Grbic) y sin Ivan Kilykovic, su atacante más confiable, jugó de a ratos a la altura de la potencia que es. Castigó seguido por la puntas con Kovacevic y de a ratos se hizo imparable por el centro con Podrascanin, que metió 20 y fue el goleador del encuentro.

Sin embargo, esta Argentina ya aprendió a sufrir y ahí está también otra de la virtudes. Luchó hasta en los peores momentos defendiendo a morir con el buen regreso de Meana como líbero. Tocó mucho la pelota en la red con Spajic y Porporatto, para luego defender y contraatacar con la velocidad de Quiroga y Guille García por la orillas.

En su etapa de reconstrucción, la Selección se va poniendo de pie con trabajo y triunfos. Este, ante Serbia, y en su casa, se parece muchísimo a los de aquellos equipos de los años '80, a los de esos días felices que hoy se añoran para el vóleibol argentino.

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