Seis meses para salvar o hundir al gobierno

Los principales dirigentes del MPN son muy concientes de que no hay mucho tiempo para determinar un rumbo de mayor coherencia entre el gobierno y la organización política que lo respalde en el tramo final de la actual gestión. Tres sectores negociarán y confrontarán en un dialéctico y fulgurante proceso. Nadie quiere un fracaso de gestión, pero la tentación es pronosticar un Apocalipsis para el caso de que hubiera un recambio político en el 2011.
No se necesita ser un genio para entender las dificultades de Neuquén, y el por qué de su increíble presupuesto de gastos de más de 6 mil millones de pesos para sus poco más de 500.000 habitantes. Se necesita, por el contrario, saber apenas lo más elemental de las matemáticas.

De sus poco más de 500.000 habitantes, Neuquén tiene unos 200.000 en situación de pobreza (desempleados o subempleados), que reciben asistencia (ayuda social) del Estado. Otros 200.000 viven directamente del Estado, por tener al menos un miembro de la familia trabajando en algún sector o dependencia estatal. Y los poco más de 100.000 restantes viven de la actividad privada, con la salvedad de que un importante porcentaje de esa actividad privada también está relacionada con el Estado.

¿De dónde se alimenta el Estado, para a su vez alimentar a tantos ciudadanos? También es una cuenta elemental: regalías + coparticipación + recaudación impositiva propia.

Este año, las tres fuentes de ingreso se resintieron. Las regalías cayeron en términos relativos pero reales, porque la producción de gas y petróleo no ha cesado un solo día de caer. La coparticipación cayó porque el Estado nacional aumentó sus propios ingresos a costa de reducirle ingresos a las provincias. Y la recaudación impositiva propia cayó fundamentalmente por el arrastre de la caída de la actividad petrolera, que pagó menos impuestos porque produjo menos y hubo menos contratos.

Al mismo tiempo, los gastos del Estado se mantuvieron en alza. Una combinación de factores casi naturales lo explica sin necesidad tampoco de sesudas o geniales interpretaciones de la realidad: la planta de empleados creció, creció la masa salarial, creció la ayuda social porque hay más pobres, y se mantuvieron constantes los gastos provocados por la ineficacia de la burocracia estatal, factor que se combina con la corrupción estructural del Estado, que no solo ofende el concepto de ética ciudadana, sino que genera también gastos innecesarios.

¿Es posible ser optimista con este panorama?

El gobierno ha bajado la orden no escrita de exhibir firmeza y confianza en la capacidad de recuperación de la economía a través de la política ejercida por el MPN. Curiosamente, la misma consigna tiene la oposición interna al gobierno.

Es una reacción comprensible. La gestión de Sapag estuvo demasiado tiempo ahogándose a sí misma utilizando los recursos negativos de la crisis internacional y nacional como explicación del descalabro financiero estatal, mientras exhibía retóricamente las presuntas bondades de una política permisiva hacia los gremios y afiliada al kirchnerismo con el presunto objetivo de construir una tierra nueva.

Sufre, en este sentido, el síndrome del carcelero, que un día descubre que él es tan prisionero como el sujeto que lo mira del otro lado de las rejas.

Para decirlo claramente: el MPN ha tomado plena conciencia de que a Sapag no le conviene destruir a Sobisch, así como a Sobisch no le conviene destruir a Sapag, porque el resultado sería una implosión sobre el partido que lo dejaría indemne ante el avance lento, dificultoso, pero constante de los políticos de la oposición que –gobierno tras gobierno del MPN- suben peldaño por peldaño la escalera que conduce al poder provincial.

En este contexto, el MPN está tentado de salir al ruedo haciendo lo mismo que ya hizo Menem en los ’90, y Kirchner en esta década. Salir a decir que si el MPN es expulsado de la administración provincial por una derrota electoral, Neuquén perdería su propia esencia y todo terminaría de derrumbarse.

Es una tentación peligrosa. A Menem no le fue bien vaticinando el triunfo de la Alianza y un consecuente e inevitable desastre, que efectivamente se produjo. A Kirchner difícilmente le vaya bien poniéndose a sí mismo como la única posibilidad para un país atormentado, intentando convencer a los demás (para convencerse a sí mismo) que sólo el autor del desastre puede salir del desastre.

Por eso, el MPN tiene solo una posibilidad: decidir un rumbo coherente en la relación partido-gobierno antes de la mitad del año próximo. Esto, con distintas palabras, con distintos gestos y con distintos hechos, es lo que están repitiendo los principales referentes partidarios.

Lógicamente, implica un proceso de extrema tensión, que combinará negociaciones con confrontaciones potencialmente fuertes.

Tres sectores principales juegan este juego definitorio.

El primero, es el del propio gobierno, que propone la continuidad del proceso iniciado en el 2007. Concretamente, propone a Jorge Sapag hasta el 2015, aliado con el kirchnerismo o con el peronismo que le gane al kirchnerismo, o con el radicalismo que le gane al peronismo: no importa quién esté en la Rosada, sino llevarse bien.

El segundo es el del universo interno que encabeza tenazmente Jorge Sobisch. El ex gobernador impulsa una recreación de todas sus experiencias como síntesis argumental hacia el futuro, una revitalización del concepto que se debe hacer desde Neuquén lo que el Estado nacional nunca aportará (Neuquén se ha construido a sí misma), y fundamentalmente la concepción de que la renta del Estado debe dirigirse con mucho mayor énfasis hacia el desarrollo del sector privado, sin permitir la ingerencia sindical en las decisiones al respecto.

El tercer sector que participará de este breve aunque fulgurante proceso determinante en el partido provincial es el que responde a la construcción de una "tercera vía", asociada o no a cualquiera de las dos vertientes hasta ahora principales (sapagismo-sobischismo). Este grupo es construido desde el incipiente liderazgo del diputado nacional José Brillo, y pretende ser la opción más horizontal, sustentada en una exhibición de capacidad técnica mezclada con renovadas dosis de democratización de estructuras.

No hay que descartar que en este proceso de no más de seis meses, que definirá qué MPN tendrá Neuquén para jugar la carta brava en 2011, el gobierno concrete más cambios en el Gabinete para corregir las falencias del manejo de los recursos que ha sufrido hasta ahora. Completado el paquete de medidas pensadas para prorratear el ahogo financiero (reforma fiscal, canje de deuda, toma de créditos) ahora el gobierno quiere más creatividad en el manejo de los recursos, sin sucumbir necesariamente a una nueva concesión a los gremios estatales, que redundaría en un insoportable y nuevo aumento de la masa salarial.

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