"Hay que ir a un seguro universal para evitar el clientelismo"

Lo dijo a LA NACION Daniel Arroyo, ex viceministro de Desarrollo Social
"El Gobierno hoy tiene una falsa contradicción entre la idea de generar trabajo y la necesidad de crear un derecho universal. Pero creo que hay que erradicar de una vez por todas esa tensión y avanzar hacia un seguro universal, para evitar todo tipo de clientelismo."

No lo dice un referente de la oposición, sino un ex funcionario del Gobierno que estuvo trabajando codo a codo con Alicia Kirchner. Desde hace varios años Daniel Arroyo viene planteando la necesidad de crear un derecho universal para la niñez. Pero hasta ahora su voz no ha sido escuchada. Y no es porque haya estado en lugares ajenos al poder. Todo lo contrario. Fue funcionario nacional y ministro de Desarrollo Social bonaerense.

Arroyo está convencido de que el derecho universal es el único camino posible para atacar la situación de pobreza en la que, asegura, hoy vive más del 30% de la población. La cifra que lanza es claramente contraria al 15% que arroja el Indec. Arroyo tiene un fundamento para eso: "La metodología con que hoy se mide la pobreza es poco creíble y hay que repensarla de inmediato", dijo a LA NACION en su oficina de director del Banco Provincia, en el microcentro porteño.

-¿Cree que hay que ir a un esquema de universalización para terminar con el clientelismo y los programas focalizados?

-Sí, creo que hay que ir a un esquema de universalización de las asignaciones familiares en donde todos arranquen de un mismo piso. Desde 2003 hasta 2008 el país creció y en los últimos años hubo un aumento del costo de vida y una paralización de las actividades productivas. Ante esta nueva realidad hay que encarar una nueva política social. Extender el sistema de asignación a todos demandaría unos 10.000 millones de pesos, a 180 pesos mensuales por chico. Haría falta una inversión adicional de 8000 millones. No más.

-¿Por qué cree que el Gobierno se opone a esto?

-Creo que se hizo una falsa contradicción entre crear trabajo y generar un seguro universal. No hay contradicción. La mejor política social es crear empleo, pero esta política de asignación no va contra el trabajo formal. Antes se creyó que el crecimiento económico iba a generar empleo y que esto se iba a acomodar solo. No fue así y por eso hay que aplicar una política de derecho universal.

-¿Cree que esto terminaría con el clientelismo que se ve cuando se reparte a un movimiento social en detrimento de otro?

-Los movimientos sociales representan lo que nadie ve. Trabajan en los barrios y ocuparon el rol que el Estado y los partidos políticos no ocupan. Pero estoy convencido de que el sistema clientelar no funciona con ellos. No creo que los movimientos sociales respondan automáticamente a las exigencias de un político.

-¿Ve que hay una falta de controles en el Estado con relación a los planes sociales?

-Hay un desafío grande con la superposición de programas. Hay que organizarse de otra manera y descentralizar a niveles locales.

-Pero esto daría más poder a los intendentes y generaría una tensión con grupos piqueteros, como se ve ahora...

-La única forma es generar espacios locales como los consejos consultivos, que no funcionaron porque no manejaban recursos y no estaba toda la comunidad. Los intendentes son los actores elegidos y que mayor representatividad tienen. No se los puede aislar. El problema es que si no hay una coordinación con la comunidad, se dará una puja natural por ver quién recibe los planes.

-¿Cree que el plan para cooperativas ayudará a eliminar el clientelismo?

-No veo contradicción entre eso y la universalización. Los movimientos sociales llegan bien abajo y por eso, cuando se arman las cooperativas, aparecen. Pero la mejor forma es definir cómo se manejan los recursos. La forma de evitar el clientelismo es evitar la discrecionalidad. Esto se da por la universalidad o por consejos consultivos en los que estén todos.

-¿Qué falló en el Gobierno para que hoy no se dé este plan de universalización?

-Todos debemos hacer una autocrítica y repensar todo. Creo que la autocrítica del Gobierno debe ser que se creyó que la economía daba más de lo que dio y que parte de las mejoras iban a mejorar el empleo. Y hay que aprender para futuro que la economía tiene límites.

-¿Está de acuerdo con la metodología para medir la pobreza que usa el Indec?

-No. Debe existir una redefinición de metodologías de medición de pobreza. Hoy nadie puede dar un porcentaje exacto, pero sin duda estamos en un 30% de pobreza.

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