Segundas partes pueden ser buenas

"Si a los empresarios nos dan una palmada, nos ponemos a invertir", comenta Aldo Roggio a este diario, admitiendo una idea que también anima a sus más encumbrados colegas: les incomoda más el "estilo confrontativo" del Gobierno que las medidas concretas.
Para el constructor, las perspectivas económicas de este semestre comienzan a mejorar. Es el mismo escenario que vislumbran los ejecutivos de IDEA, según una encuesta de expectativas publicada ayer en el Precoloquio de la entidad: el 25 por ciento considera que la economía estará "mejor" o "mucho mejor" en los próximos meses.

El relevamiento de D’Alessio Irol concluye que hay "un cambio de tendencia para el segundo semestre", apuntando dos razones para el optimismo: la mayor demanda en el mercado interno y el impulso de las exportaciones. Como consecuencia, los encuestados prevén que se mantendrá el nivel de empleo.

Similar optimismo sobre su sector admitía el miércoles en la reunión del Council of Americas Cristiano Rattazzi, habitualmente crítico de las políticas oficiales. Aunque señalando que la suerte de los industriales es dispar, el titular de Fiat reconocía que "gracias a la aspiradora que es Brasil, las automotrices están en un momento de bonanza". Desde el delicado sector energético, Fernando Pujol también ofreció pruebas de que no todo está perdido. El presidente de la filial local de AES (operadora de la distribuidora Edelap y algunas generadoras) aseguró haber invertido 600 millones de pesos el último año. "El nuestro es un negocio de largo plazo", se animó.

A ojos de los grandes empresarios, hasta los 420 dólares que vale la tonelada de soja relativizan las penurias de algún sector del campo. Denuestan las retenciones como un impuesto "distorsivo". Pero también coinciden en que la vetada ley para eximir del gravamen a algunos distritos afectados por la emergencia es inaplicable por la imposibilidad de controlar el origen de cada grano que se exporta.

Lo dicen en riguroso off the record. No sólo para evitar la confrontación con los hombres del campo sino para no avalar explícitamente la decisión de un gobierno que los inquieta por sus modos más que por sus políticas. Como constructor, Roggio bien sabe de palmadas, ya que pertenece a uno de los sectores más mimados por la política oficial. La lista de los que reciben algún aliciente es larga y variada y bien puede incluir a petroleros como Carlos Bulgheroni, de Pan American, o al diversificado Eduardo Eurnekian.

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