Según la Afip, Valeria Mazza no es un buen modelo

Su tren de vida no se corresponde con los impuestos que pagan, se lee en la presentación judicial contra el matrimonio Gravier-Mazza. Gastos de lujo liquidados como operaciones empresariales.Alejandro Bercovich
Pareja feliz. Valeria Mazza junto a su marido Alejandro Gravier disfrutando de la noche porteña. La Afip les quiere arruinar la fiesta.

La AFIP inició un juicio penal contra la modelo Valeria Mazza y su marido Alejandro Gravier por una presunta evasión tributaria que le habría hecho perder al fisco siete millones de pesos entre 2002 y 2005.

Según la denuncia del ente recaudador, a la que tuvo acceso exclusivo Crítica de la Argentina, el matrimonio habría montado una compleja ingeniería contable para computar como “gastos comerciales” sus viajes por el mundo, sus cubiertos de plata, la amortización de un Jaguar y un Land Rover y hasta excursiones de esquí por 430 mil pesos, que dedujeron de impuestos.

La maniobra denunciada incluye además a la madre de Gravier y a tres empresas donde la propia estrella figuró como directiva.

ASOCIACION ILÍCITA. La causa se tramita en secreto desde hace seis meses en el Juzgado en lo Penal Tributario número 3, a cargo de Juan Galván Greenway, y el fiscal actuante es Claudio Navas Rial. Entre otros mecanismos para llevar adelante la presunta evasión, la AFIP acusa a Mazza y a Gravier de haber contratado a media docena de monotributistas para que les facturen a sus empresas hasta 70 mil pesos anuales por servicios que nunca se prestaban. Según el texto, eso le permitiría al magistrado “probar la existencia de una asociación ilícita, constituida con el único fin de defraudar al fisco”.

TREN DE VIDA. La modelo, famosa en la Argentina y en Europa y casada desde 1998 con el empresario Gravier, mantiene un nivel de vida que los sabuesos del ente recaudador consideraron “incompatible con los volúmenes de impuestos que abona”. A los 35 años ya no es habitué de las tapas de Vogue, Elle ni Gente, pero reparte su tiempo entre la crianza de sus cuatro hijos (tres varones y una bebé que nació este año), una columna semanal en la revista de Clarín y una línea propia de productos de belleza. Gravier es un empresario diversificado: tiene intereses en el negocio inmobiliario, los juegos de azar y la industria del espectáculo.

LAS TRES VALERIAS. La denuncia penal incluye al matrimonio, a María Cristina Cirio de Gravier (madre de Alejandro) y a las empresas Vamagra S.A., Lo Soñado S. A. y AG Producciones. Las tres firmas tienen el mismo domicilio: Piedras 172, cuarto piso. En dos de ellas figura Valeria Raquel Mazza como directiva. En otra firma que funciona en la misma oficina (Gravci S.A.) el presidente es Emilio Gravier, otro familiar directo del marido de Valeria.

El ente recaudador, a cargo de Claudio Moroni, acusó en el escrito a la familia de utilizar esas empresas para eludir el pago de impuestos. Las firmas habrían pagado y descontado de sus liquidaciones los gastos de mantenimiento de su mansión en Acassuso, abonos de cable (con canales codificados), compra y reparación de electrodomésticos, colocación de cortinas, arreglos florales para los cumpleaños de la modelo y las fiestas de Navidad y acondicionadores de aire. También pasajes aéreos para toda su familia y allegados indirectos, acolchados y almohadones por $3.200 y una cartera de $15 mil, entre otros gastos.

NECESIDADES BÁSICAS. El matrimonio argumenta que los “gastos comerciales” deducidos de su carga tributaria son necesarios para mantener el negocio de la “imagen” de Valeria. Las sesiones de fotos y sus apariciones mediáticas requerirían que renueve su guardarropas, que se muestre en lugares top y que se vea siempre radiante.

En la fiscalía de Navas Rial investigan las impugnaciones del equipo de Moroni para probar si incurrieron en los presuntos delitos de evasión del Impuesto a las Ganancias y de IVA y de asociación ilícita para estafar al fisco.

PRONTO, VALERIA. La AFIP también acusa a la modelo de haber ocultado parte de sus ingresos en el exterior (especialmente en Italia, donde condujo eventos y programas televisivos) y de haber computado “en exceso” algunas retenciones efectuadas en los países donde trabajó.

A las tres empresas de la familia se las acusa de haber computado amortizaciones no vinculadas con su actividad específica, de no haber aportado la suficiente documentación de respaldo y de haber deducido gastos por servicios inexistentes. Son los que les habrían facturado los monotributistas contratados específicamente para ese fin.

CUESTIÓN DE PESO. Para los cuatro períodos fiscales de 2002 a 2005, el reclamo total de la AFIP asciende a siete millones de pesos. Tres millones son por deudas impositivas, un millón y medio por multas efectivas y otros dos millones y medio por multas en suspenso.

Desde su casa en la zona norte del conurbano, Valeria protagonizó varias polémicas por sus opiniones contra la adopción de bebés por parte de parejas homosexuales y contra los movimientos por los derechos gay. Eso le valió hace poco un duro cruce con el diseñador Roberto Piazza.

Los asuntos de plata fueron siempre monopolio de su marido Alejandro, quien además es su manager. Ahora ambos están pendientes del juicio.

La evasión vip

La denuncia judicial que la Afip radicó en la Justicia contra el matrimonio Gravier-Mazza refuerza una impresión generalizada entre los sabuesos tributaristas: la evasión de los grandes contribuyentes es extendida. Sólo en la provincia de Buenos Aires, el titular de la Agencia de Recaudación, Santiago Montoya, tiene 53 querellas contra grandes empresas y famosos por deudas millonarias. Entre los denunciados figuran el polista Adolfo Cambiaso, Dolores Blaquier, Alejandra y Julia Magdalena Miguens, countries que pagan como terrenos baldíos con vecinos de renombre. Es historia vieja el yate de contrabando de Daniel Pasarella e historia reciente las 4x4 con franquicia diplomática, causa en la que esta procesado el Chaqueño Palavecino.

OPINIÓN

Más que una cara bonita

Luciana Peker (Periodista)

No hay duda de que el pelo es el marco de su cara, que el agua le hidrató la piel y que sus ojos tan claros como rasgaditos son encantadores. Y que sirven para vender el agua que hay que beber o la ropa –hot– que hay que tener.

Cuando Valeria se casó con Alejandro Gravier él se puso una galera para estar a la altura de la mujer y vio en ella no sólo a la madre de sus hijos, sino a un alma mater para abrirle puertas.

El empresario no sólo facturó con la marca Valeria productos como maquillajes o jabones que podrían haber sido una factoría lógica de una cara bonita. También potenció el perfil pretendidamente solidario de Valeria (que siempre dijo que le hubiera gustado ser maestra diferencial) como el rostro generoso de una empresa de salud.

Valeria se sacó muchas fotos con chicos discapacitados, seguramente de corazón. El problema no fue que su corazón sea bonito sino que se haya querido usar su pasarela de beneficencia como modelo de una familia conservadora con todos los clichés: tres varones que se deslizan con esquíes y una nena que inspira una casa llena de flores, todos rubios, madre dedicada que trabaja pero que siempre está dispuesta a untar una torta en dulce de leche, madre abnegada que se cubre en pareo para las fotos de Punta del Este.

Valeria no sólo elige tener una familia numerosa de cuatro hijos. Valeria es una de las pocas argentinas a la que la monárquica revista Hola le pide que presente a su familia en tapa. Valeria proclama que la única manera de tener una familia es como dicen que Dios manda.

En España los heterosexuales ya no tienen coronita y le dijeron “Hola” a la adopción homosexual. Pero, en el 2004, Valeria se quejó y calificó de “aberrante” la decisión del gobierno español y arengó: “La adopción entre parejas del mismo sexo es una locura”.

En estos días, Roberto Piazza criticó que le hayan dado a Valeria la distinción a la “Excelencia Solidaria” en los premios a la Responsabilidad Social Comunicativa. No fue el único laurel a su pelo dorado. En diciembre del año pasado, el legislador porteño Jorge Enríquez, conservador y ultraopositor a la ley de educación sexual en la Ciudad de Buenos Aires, propuso darle un reconocimiento como personalidad destacada en el campo de los derechos humanos.

Valeria se convirtió en la cara de los que se escudan en la transparencia de sus ojos para ganar de más o pagar de menos. Y también –como si se tratara del mismo espejo– en los que quieren decir que las argentinas también son rubias, derechas y humanas para frenar el avance de derechos sexuales y reproductivos que –ahora mismo– se discuten en la Legislatura porteña.

El problema no es que Valeria sea modelo, sino que sea usada como modelo de la familia tipo argentina: generosos para la foto, y amarretes para cumplir con un Estado fuerte, pero exigentes para que el Estado no legitime nuevos modelos de familia.

Ojalá Valeria fuera sólo una cara bonita.

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