La seducción y la realidad

Por: Ricardo Roa

La primera impresión es que se trata de cosas contradictorias. El operativo seducción que ensayó en Olivos la Presidenta la noche del martes con un grupo numeroso de grandes empresarios. Y el clima de crispación que durante todo ese mismo día había provocado Kirchner en actos armados para eso y con tv amiga incluída.

Cristina Kirchner dijo que no busca meter una cuña entre los empresarios, justo cuando ellos ocultan cada vez menos las críticas a ciertas medidas del Gobierno y se agrupan cada vez más para enfrentarlas. Si no se trataba de una cuña, se le pareció bastante.

Parecido a una fiesta de casamiento, los Kirchner y sus ministros presidieron cada una de las mesas y ella recorrió todas al final, para saludar a los invitados. No faltó nada en esa sobreactuación amable. Salvo que le creyeran las promesas de diálogo, esta vez adornadas con alusiones solemnes al Bicentenario.

Y que también creyeran que los Kirchner pueden cambiar y vencer esa irrefrenable inclinación al conflicto y la agresión permanentes. Justamente la que Kirchner había mostrado sin ningún cuidado apenas unas horas antes, descalificando a grito pelado. Y después de pelearse en continuado con el enviado de Obama y con los jueces que le fallan en contra y hasta la propia Corte. Y todo el tiempo con la oposición.

¿Cómo creer en alguien que es capaz de afirmar que no perdió el 28 de junio? ¿Qué otra cosa votó la mayoría de la gente sino contra de él? Hasta es posible que niegue los datos de una encuesta en la que casi 6 de cada 10 argentinos piden en esta Navidad trabajo, salud, seguridad y estabilidad económica y política.

Y en esto no hay ninguna contradicción con la realidad. Ni operativos de seducción que valgan.

Comentá la nota