SECUESTRO Y MUERTE DEL CONSIGNATARIO DE DOBLAS Leen el veredicto en el juicio a Retamar

Extremos: el tribunal que integran los jueces Jesús Los Arcos Vidaurreta, José Mario Triputti y el subrogante Pablo Diván, pronunciarán la sentencia a las 9 horas. El juicio fue seguido por los familiares del consignatario asesinado. El fiscal pidió prisión perpetua. La defensa, la absolución.
Daniel Horacio Cóccaro Retamar, el único acusado del secuestro y muerte del consignatario de Doblas, Norberto Horacio Martín, escuchará hoy, a partir de las 9 horas, el veredicto del Tribunal Oral Federal que lo juzga. Así llegará a su fin el juicio que se desarrolló durante siete largas jornadas, bajo estrictas medidas de seguridad, por las que desfilaron más de cuarenta testigos.

El secuestro y muerte del consignatario se produjo el 16 de marzo del año pasado, en un hecho que conmocionó a la sociedad, ya que tuvo ribetes poco habituales para la provincia. En un primer momento, se llegó a pensar que había actuado una banda de secuestradores foráneos y se movilizó a investigadores especializados de la Policía Federal y expertos en secuestros extorsivos de La Bonaerense.

Sin embargo, la investigación policial determinó que el delito tuvo un solo autor, solitario. Y apuntó contra un ex convicto que hacía poco más de un año que vivía en Doblas, donde se asentó con su mujer y una hija de cuatro años.

En esa pequeña localidad se ignoraba que el muchacho que hacía changas en el campo, atendía un pequeño negocio de baratijas y asistía a un templo evangélico, había purgado 16 años en la cárcel por el robo y crimen de un despensero en una villa veraniega de la costa atlántica.

Las certezas

No hay testigos directos ni huellas dactilares que incriminen a Retamar, que fue detenido diez días después del hecho. Sí existe una serie de testigos que lo ubican en el sitio por dónde transitó la camioneta de Martín a partir de la última persona que lo vio con vida, y otros que lo sitúan en el lugar donde apareció la camioneta abandonada, en Alpachiri, y también lo reconocen como el pasajero que poco después tomó dos remises para viajar desde allí hasta Macachín, y luego hasta Doblas.

Además, la acusación se basa en que la viuda de Martín y un policía que estaba a su lado cuando recibió uno de los llamados extorsivos, en el cual pidieron 150 mil pesos de rescate, reconocieron la voz de Retamar como la del secuestrador. También en el rastro de una zapatilla que se encontró en la escena del crimen, coincidente con las huellas del calzado que se secuestró debajo de un ropero en el allanamiento que hizo la policía en la vivienda del acusado.

El fiscal Jorge Bonvehí pidió una dura pena. Se trata de la máxima condena que prevé el Código Penal, la reclusión perpetua con la accesoria por tiempo indeterminado. Argumentó que la peligrosidad criminal de Retamar es extrema y que no mostró ningún gesto de arrepentimiento. Hasta lo comparó con la crueldad que ejercieron Arquímedes Puccio o Mario Firmenich en los crímenes que los llevaron a la cárcel.

Martín fue ejecutado a la vera de un camino vecinal, la ruta 3, que une Doblas con Alpachiri (pasa por la escuelita rural Urdaniz). La policía halló el cadáver maniatado de pies y manos con cables y alambres, con dos cortes precisos en el cuello y un fuerte golpe en la cabeza. El cuerpo había sido escondido entre un pastizal, debajo de unos árboles. Pero lo mataron a diez metros de ese sitio, donde se halló una bolsa de nylon, que el asesino colocó en la cabeza de la víctima para no salpicarse con sangre.

Las dudas

El abogado defensor, Lino Gómez, pidió la absolución de Retamar y atacó la seriedad de las pruebas que incriminan a su defendido. Sostuvo la teoría de que la policía armó la causa a partir del descubrimiento de los graves antecedentes penales de su defendido y para mostrar públicamente un rápido esclarecimiento del caso.

“Soy inocente, no hice absolutamente nada”, declaró Retamar en el juicio. El acusado declaró citando de memoria fojas del expediente y preguntándose por qué nadie de Doblas lo reconoció en los dos identikits que difundió la policía los primeros días, en base a la descripción de los testigos que vieron al pasajero sospechoso, algunos de los cuales lo identificaron a él mismo en rueda de presos, cuando ya había sido detenido.

El defensor Gómez no se privó durante el debate de buscar embarrar la cancha, cuando sugirió que Martín podría haber sido víctima de un “ajuste de cuentas”, perpetrado a partir de las personas que hace varios años atrás fueron condenadas por un caso de abigeato en el cual el consignatario tuvo cierta participación, como encubridor.

El abogado alimentó una de las dudas que revolotean en la causa: por qué el secuestrador de Martín lo mató inmediatamente después de haber llamado por teléfono pidiendo el rescate, sin esperar una respuesta o la posibilidad de cobrar el dinero.

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