Un sector con 2,2 millones de empleos

WASHINGTON (AFP).- En un país en vías de desindustrialización rápida, como Estados Unidos, las automotrices siguen constituyendo una fuente importante de empleo, especialmente en las regiones más pobres.
Los tres grandes fabricantes nacionales -General Motors, Ford y Chrysler- empleaban directamente a más de 400.000 personas a fines de septiembre.

Sin embargo, si se incluyen los empleos indirectos suministrados por los fabricantes de piezas, proveedores y concesionarios, el sector representa 2,2 millones de empleos y 65.000 millones de dólares anuales en salarios, según el Centro de Estudios sobre el Automóvil (CAR), vinculado a las Tres Grandes.

Por otra parte, los fabricantes son muy interdependientes: comparten numerosos proveedores y subcontratistas. Esta relación permite afirmar a las Tres Grandes que la quiebra de una de ellas precipitaría la caída de las otras.

En el escenario más negativo de hundimiento de los tres grupos se perderían más de dos millones de empleos en un país que cuenta con 137,6 millones de puestos de trabajo.

Esta cifra supera los 2,2 millones de empleos directos e indirectos, ya que también se verían impactos en otros sectores de la actividad: metales, química, electrónica, informática, comercio, etc.

El presidente de Ford, Alan Mulally, afirmó ayer que en realidad 4,5 millones de empleos quedarían amenazados en este contexto.

La industria está presente en todos los estados, desde Michigan, su cuna, hasta Alaska, con un promedio de 43.000 empleos por estado, principalmente en empresas concesionarias.

La cifra llega a más de 241.000 en Michigan, seguido por California (189.000), Ohio (159.000), Texas (137.000) e Indiana (111.000).

Michigan, Ohio e Indiana son estados que sufren enormemente con la desaparición de la industria pesada que había hecho su fortuna a comienzos del siglo XIX.

El año pasado, las Tres Grandes desembolsaron 22.200 millones de dólares en salarios y 102.000 millones de dólares en cobertura de salud.

Los fabricantes de Detroit financiaron en 2007 la cobertura de salud de más de dos millones de norteamericanos. Según el CAR, la quiebra de una de las tres grandes fábricas en 2009 se traduciría en una pérdida de salarios de 150.000 millones de dólares.

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