El sector constructor no dialogará si antes no suspenden el Código Urbano

El reclamo de las cámaras empresarias (inmobiliarias y de la construcción) para que el municipio derogue el Código Urbano, aprobado tras un arduo debate en 2008, subió de voltaje. Ahora le exigen al intendente Miguel Lifschitz un "gesto concreto": que antes del viernes próximo, para cuando fueron citados a una reunión, se "suspenda" la norma. A su turno, el jefe comunal ratificó la voluntad de diálogo, pero desechó de plano posibles retoques a la reglamentación.
"No queremos más reuniones hasta que haya una señal clara", dijo el titular de la Cámara de Empresas Inmobiliarias de Rosario, Javier Grandinetti. Al planteo empresario se sumó la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra), alarmada por un inminente "parate" de la actividad.

La semana pasada, una multisectorial de constructores, arquitectos y albañiles envió una nota a la Intendencia pidiendo que provisoriamente se "revisen", "corrijan" o "suspendan" las normas que, a su entender, vienen frenando la actividad.

Básicamente, lo que objetan es el Código Urbano aprobado en reemplazo del que regía desde hacía cuatro décadas. Previo a la sanción de esa norma abundaron las consultas a especialistas, las polémicas y debates. Hubo incluso una audiencia pública en el Concejo y no faltaron los cruces entre oficialistas y opositores, vecinos de obras y constructores.

Sin embargo, ahora los sectores que intervienen en la construcción volvieron al ruedo para reclamar que se suspenda la norma "porque no generó el efecto deseado sino que perjudicó seriamente la actividad".

Respuestas. El nuevo planteo, que le llegó a Lifschitz por nota, tuvo dos respuestas. Una del propio intendente, quien citó a todos los actores a una reunión el viernes, aunque desestimó que si hay un parate se deba al nuevo código.

En ese sentido, el intendente advirtió ayer: "Se podrán estudiar alternativas para resguardar la actividad sin alterar las cuestiones fundamentales del código. Además, muchas de las objeciones tienen que ver con normas posteriores impulsadas por distintos concejales, y en algunos casos hubo superposición de elementos".

La otra réplica fue de la secretaria de Planeamiento, Mirta Levin, quien desmintió que desde la puesta en marcha del código ingresen menos permisos de edificación .

Levin reveló que los números oficiales muestran que, aun en el marco de la crisis global, durante los primeros tres meses del año se aprobaron 210 mil metros cuadrados de edificación, contra 230 mil en el mismo lapso de 2008.

Recién empieza. Sin embargo, Grandinetti afirmó que el problema recién empezará a evidenciarse por estos días, ya que "hasta hace poco las nuevas obras venían regidas por el código anterior".

Para el empresario, esa situación disimuló un hecho que empieza a visibilizarse y que puede tener "un impacto social y económico serio": está "bajando la presentación de permisos" de obra.

Por eso, Grandinetti pidió un "gesto concreto" y "previo" a cualquier diálogo. "No queremos más reuniones hasta que haya una señal clara", dijo, en alusión a una eventual suspensión de la normativa.

Ante el nuevo escenario económico, afirmó, la aplicación del código debería quedar sujeta a "respuestas técnicas y no políticas", producto de estudios de actores imparciales como la Universidad, para saber, por ejemplo, "cuántos permisos de obra entran por semana al municipio con la normativa nueva y cómo se está comportando el empleo en la construcción".

El titular de la Uocra Rosario, Julio Palma, también respaldó el planteo y pidió que la reunión no se haga el viernes sino, "a más tardar", mañana o el jueves. Luego alertó que el sindicato "ve venir un parate en la construcción" porque las normativas "restringen la inversión en edificación", por ejemplo, por la limitación en altura en determinadas zonas.

"Hoy hay trabajo, pero las obras empiezan y terminan. ¿Qué pasará si actualmente sólo se piden 20 permisos por día cuando antes había cien?", se preguntó Palma.

La "exigencia" corporativa de suspender la aplicación del código como requisito para asistir a la reunión del viernes causó desde risa hasta estupor en el Ejecutivo. "¿Cómo le van a poner condiciones al intendente para asistir a una reunión que ellos mismos plantearon?", indicó Levin, para quien la exigencia puede leerse como una "falta de respeto", una "locura", un "disparate".

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