Secreto imbancable

En Suiza, Luxemburgo y Austria impera el secreto bancario. La crisis fisura la complicidad mundial ante la falta de transparencia financiera. Tema para la cumbre del G-20.
El cinismo es el valor más cotizado en las Bolsas mundiales. Prueba de ello, en medio de la quiebra más honda que haya conocido el sistema financiero internacional en las últimas décadas, tres de los principales países europeos que practican el secreto bancario, Suiza, Luxemburgo y Austria, siguen defendiendo ese lucrativo principio, en contra de las evidencias y las ya abrumadoras críticas de los demás socios europeos. El secreto bancario ha demostrado su poderosa eficacia para las transacciones mafiosas y el fraude fiscal, al tiempo que dota a los Estados donde está vigente de fondos oscuros provenientes de todos los puntos del planeta y, por consiguiente, de una riqueza sin proporción alguna con la realidad del país. Hay países grandes como dos barrios de Buenos Aires que, gracias al secreto bancario, tienen un PIB de nación industrializada. Pero la crisis financiera internacional fisuró en parte el silencio y la complicidad mundial que durante décadas protegió a esos Estados caja fuerte. Estados Unidos, Alemania y Francia son los países que más han presionado a los paraísos fiscales europeos para que modifiquen una legislación que, en épocas de crisis, es sólo lucrativa para el receptor de capitales.

Pero las malas costumbres no se pierden de un día para otro. Reunidos este fin de semana en una cumbre propuesta por Suiza, Luxemburgo y Austria se presentaron como víctimas de críticas injustas. El problema para estos tres países radica en que el G-20, que se reunirá a principios de abril en Londres, intenta elaborar una lista negra coherente de paraísos fiscales donde pueden estar presentes estas tres naciones europeas. ¿Qué dicen hoy Luxemburgo, Berna y Viena? Sacaron de la manga una deliciosa fórmula que el ministro luxemburgués del Tesoro, Luc Frieden, explicó así: “Los debates a propósito del secreto bancario se llevan a cabo en recintos de los que nosotros no formamos parte, como el G-20. Exigimos entonces que se nos abran las puertas de esos debates para ver cómo se establece la lista de los paraísos fiscales”. En suma, hay que abrirles las puertas de los foros para que ellos no abran las cajas fuertes de sus bancos donde duermen de manera fructífera los capitales de origen inconfesable. Suiza, Luxemburgo y Austria se declararon dispuestos a trabajar para que el fraude fiscal sea sancionado, pero no quieren oír hablar de levantar el secreto bancario. ¿De qué vivirían si así lo hicieran? Por ejemplo, Luxemburgo, que es un Gran Ducado, saca un provecho considerable de sus actividades financieras. Estas, en 2007, representaron más de un tercio de las riquezas del país y la mitad de sus ganancias fiscales. Hans-Rudolf Merz, el ministro suizo de Finanzas, dijo que era preciso “preservar la esfera privada”.

Estas declaraciones no ocultan sin embargo una realidad ineluctable: la explosión del sistema internacional y la necesidad de reformarlo, aunque sea tímidamente, no le evitará a los Estados caja fuerte mostrarse más cooperativos. La transparencia del sistema financiero internacional es el tema central de la agenda de la cumbre del G-20. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, amenazó con incluir a Suiza en la lista de los paraísos fiscales que el G-20 piensa actualizar. Desde luego, Luxemburgo, Suiza y Austria no son los únicos países del Viejo Continente donde impera el secreto bancario. Bélgica también lo practica, al igual que Liechtenstein y el Principado de Mónaco, un paraíso diseñado a orillas del Mediterráneo donde se lavan muchos fondos tóxicos. Pero Suiza está en el centro de la tormenta luego de que, en febrero pasado, Estados Unidos obligara al banco suizo UBS a entregarle los nombres de unos 300 clientes norteamericanos acusados de fraude fiscal en los Estados Unidos. El banco suministró los nombres y pagó una multa de 780 millones de dólares. Esa lista de 300 nombres es una migaja comparada con los 52.000 nombres que exige el fisco de Estados Unidos. Se trata de un fabuloso tesoro valuado en 15 mil millones de dólares. Alemania y Francia se quejan por lo mismo, tanto ante Suiza como ante Luxemburgo. Los contribuyentes de peso se evaden hacia esos paraísos cuya prosperidad es fruto, entre otras cosas, de la evasión fiscal.

La presión internacional y la amenaza que hace pesar la cumbre del G-20 han modificado un poco la actitud de esos países. Suiza, particularmente, se muestra cooperativa y empieza a adelantar algunas fórmulas de compromiso para atenuar la presión. Sin embargo, el secreto bancario no se cambiará. Suiza lo puso en práctica mediante una ley adoptada por los diputados en 1934 y Luxemburgo recién en 1984. Los expertos calculan que cada año 400 fortunas dejan el territorio francés para pedir asilo fiscal en Irlanda, Bélgica, Suiza, Londres, Luxemburgo o Liechtenstein. Mónaco, la isla de Man, Guernesey, Jersey, Gibraltar, Andorra y Liechtenstein están definidos por la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) como “paraísos fiscales no cooperantes” que funcionan, además, con el secreto bancario. Bélgica, Suiza, San Marino, Luxemburgo y Austria figuran en la lista como paraísos bancarios. Los lavadores de dinero tienen una amplia selección de territorios donde poner los capitales a salvo de toda indiscreción.

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