La Secretaría de Salud del Municipio brindó algunos consejos para controlar la hipertensión.

Es la enfermedad crónica más frecuente en esta ciudad y en el país. Destacan el tratamiento a tiempo y la prevención como principales herramientas para combatirla.
La hipertensión arterial es la enfermedad crónica más frecuente en Tandil y en todo el país. Se estima que más del 20 por ciento de la población la padece y es la primera causa de muerte entre los argentinos, aunque buena parte de los afectados desconoce su condición.

Su tratamiento a tiempo y la prevención son los factores más importantes para evitar consecuencias graves como el infarto de miocardio, por lo que la Secretaría de Salud del Municipio de Tandil dio a conocer una serie de pautas y recomendaciones para la comunidad.

De acuerdo con información brindada por el Ministerio de Salud bonaerense, el 25 por ciento de los adultos, y entre el 50 y el 60 por ciento de las personas mayores de 60 años son hipertensos.

“Lo grave es que la mitad de estas personas ignoran que padecen esta patología. De aquellas que saben de su enfermedad, sólo la mitad recibe un tratamiento; y de los pacientes tratados, sólo un pequeño porcentaje tiene su presión controlada”, indicaron.

Con el objetivo de promover una ciudad saludable, el Municipio recomendó a cada vecino aprender a alimentarse sanamente, evitando comidas con altos niveles de sodio y de grasa; realizar en forma constante actividad física: las caminatas por los variados paseos y paisajes de la ciudad son una excelente manera de disfrutar de una mejor calidad de vida; dormir bien para evitar el estrés; restringir el consumo de sal; evitar el exceso de alcohol y suprimir por completo el cigarrillo.

Guía para la prevención

¿Qué es? La hipertensión es una enfermedad de la pared arterial y se caracteriza por producir cambios en su estructura: reducción del diámetro de la arteria o su endurecimiento. De esta manera, la sangre fluye con más fuerza aumentando el daño y provocando la elevación de la presión arterial por sobre los valores considerados normales: por debajo de 140 de sistólica (contracción de la arteria) y por debajo de 90 de diastólica (dilatación de la arteria). Es decir que 140/90 ya es hipertensión, lo que habitualmente conocemos como 14/9.

La presión arterial varía con cada latido del corazón y está relacionada, entre otros factores, con los niveles de actividad física, alimentación, consumo de alcohol, de tabaco y estados emocionales.

Quiénes la padecen. Los valores máximos en una persona sana pueden elevarse, ocasionalmente, frente a una situación de estrés, pero eso no significa que el individuo esté enfermo.

Se considera recién que un adulto (40-45 años) es hipertenso cuando, luego de reiterados controles de la presión arterial, presenta valores iguales o superiores a 140 milímetros de mercurio de máxima y 90 de mínima (14/9). En personas de edad más avanzada (60 años) es normal que los valores se ubiquen entre los 16 de máxima y los 9 de mínima (16/9).

El paciente diabético y el insuficiente renal tienen otra cifra de normalidad. La presión de ellos tiene que estar por debajo de 13/8. Y si ese diabético además es insuficiente renal, los valores normales deben estar por debajo de 12/8.

Síntomas. El comienzo de la hipertensión es asintomático, y los médicos la llaman “silenciosa”, ya que en la mayoría de los casos no da señales. Sin embargo, algunos de los afectados pueden padecer dolor de cabeza, irritabilidad y mareos, aunque no a todas las cefaleas se les puede atribuir la enfermedad.

Pero no hay que esperar la aparición de un síntoma para ir a consultar al médico. La medición de la presión arterial debería ser una forma rutinaria del control de la salud desde la niñez y, por lo menos, una vez cada dos años se debe verificar si se mantiene dentro de los parámetros normales.

Causas y factores de riesgo. En el 90 por ciento de los casos registrados están afectados por la llamada hipertensión primaria o esencial. La medicina todavía no ha encontrado las causas específicas que la provocan, aunque existen factores genéticos o hereditarios que favorecen su desarrollo, por ejemplo, el sexo de la persona o tener familiares que padezcan o hayan padecido la enfermedad.

En el sexo masculino prevalece entre los 35 y los 40 años, mientras que en las mujeres se manifiesta a partir de los 55 y hasta los 60 años. Esto es así porque en las mujeres, las hormonas femeninas sirven de protección, retrasando la disfunción dotelial, que produce daños dentro de la arteria.

Estos factores genéticos o hereditarios, entonces, no pueden modificarse. Sin embargo, existen otros que si pueden revertirse y que son los externos, relacionados con el “estilo de vida”. Tienen que ver con las pautas culturales como el consumo de sodio, el estilo de vida sedentario, el consumo de grasas y de sodio, de tabaco y alcohol.

El 10 por ciento restante de los afectados corresponde a la hipertensión secundaria, la cual aparece relacionada con otras enfermedades como la diabetes, enfermedades del riñón o de la glándula suprarrenal.

Tratamiento y prevención. El tratamiento es de por vida ya que la enfermedad no se cura, sino que se controla. Tiene dos pilares básicos: la modificación de hábitos y el farmacológico. Un buen tratamiento comienza por el control de todos los factores de riesgo y en el caso de ser hipertenso existen medicamentos para estabilizar la presión.

Para prevenir la hipertensión, entonces, el paciente, además de controlarse periódicamente la presión, debe mejorar su calidad de vida, es decir, aprender a alimentarse, realizar actividad física, dormir bien para evitar el estrés, restringir el consumo de sal, evitar el exceso de alcohol y suprimir por completo el cigarrillo.

También es fundamental saber que no hay que consumir alimentos con alto contenido de sodio y de grasa, otros de los factores de riesgo de padecer hipertensión.

Los alimentos que contienen un elevado contenido de sodio son los embutidos, fiambres, quesos duros; los productos de copetín, conservados en salmuera, de confitería, y productos enlatados o envasados, que tienen conservantes derivados, en su mayoría, del sodio.

En el caso de que al paciente se le indique un determinado medicamento para mantener controlados y estabilizados los niveles de la presión arterial, es fundamental que no se lo abandone -salvo indicación médica-, ya que pueden producir efectos “rebotes” -según cada fármaco- y la presión puede subir más.*

La sal, un gran enemigo

Según datos de la Fundación Cardiológica Argentina, en nuestro país se consumen un promedio de 12 gramos por día, una cifra difícil de digerir si se toma en cuenta que la medida aceptable para prevenir la hipertensión arterial es de 5 gramos diarios y que, para los pacientes hipertensos, la indicación es de apenas 2 gramos. Es importante tener esto en cuenta ya que se considera que disminuir en 3 gramos la dieta diaria de sal baja la presión máxima en 5 puntos y la mínima en 2,5 puntos.

El organismo humano recibe el aporte de sal necesario a través de la ingesta de los alimentos naturales y el agua. El consumo de sal constituye un mal hábito adquirido que responde a pautas culturales.

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