El scoring porteño, una copa a medio llenar

Por Angeles Castro

Siempre ante una copa servida hasta la mitad hay quienes la consideran medio vacía y quienes opinan que está medio llena. La reciente instauración en la ciudad del sistema de licencias de conducir con puntaje no constituye la excepción.

Entre los pesimistas sobran en estos días las críticas porque la aplicación de las sanciones previstas, o sea la quita de puntos por cometer ciertas infracciones, sólo alcanza al 40% de los automovilistas que circulan por la Capital; el otro 60% tiene registros de conducir otorgados en otros distritos y, por lo tanto, permanecen ajenos a las penalidades que rigen para los porteños. Ergo, ellos no encontrarían motivación para cambiar su comportamiento al volante, adoptar conductas más seguras para ellos y quienes los rodean y colaborar así para que haya más orden en el tránsito, de manera que ocurran menos accidentes viales.

Tal es la meta que persigue el sistema mundialmente conocido como scoring : modificar hábitos peligrosos de los conductores con el objetivo de evitar más pérdidas de vidas y lesiones graves en siniestros viales. Busca una mayor seguridad vial.

Que el scoring porteño actualmente no pueda abarcar a toda la población a cargo de vehículos no significa que sea malo. Se podrá decir, en todo caso, que es parcial.

¿Pero no vale, entonces, considerar la copa como medio llena? Los optimistas señalan que no es poco que un 40% de los que manejan por calles y avenidas de la ciudad se sientan "incentivados" a mejorar su desempeño por el temor a ser castigados y hasta a quedar inhabilitados para conducir, si esto sirve para que tanto ellos como el 60% no abarcado por el sistema de puntaje y sus penalidades viajen más seguros. Porque en el tránsito el desliz de un chofer puede terminar siendo un dolor de cabeza para el que circula un auto más atrás. O para un peatón que se cruza en su camino.

El incentivo parece, de alguna manera, estar funcionando, aunque a sólo una semana de su instrumentación tal vez sea arriesgado sacar conclusiones. Por ahora, el gobierno porteño evalúa mediciones según las que en los controles de alcoholemia cada vez se detectan proporcionalmente menos conductores con alcohol en sangre. Manejar ebrio es una de las faltas por las que más puntos se rebajan.

Lo deseable residiría en adaptar las legislaciones provinciales y nacional para extender la hoy parcial aplicación del scoring , terminar de llenar la copa y que haya -aunque la relación no siempre es tan directa- menos conductores peligrosos al volante.

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