Scioli volvió con el matafuegos al hombro

El gobernador intervino para evitar la ruptura en el bloque oficialista de la Legislatura. Las críticas contra Kirchner de un grupo de diputados habían abierto una crisis en el justicialismo bonaerense. La paz se sellará con una solicitada en los diarios.
Apenas pisó la Argentina, recién llegado de sus vacaciones en Suiza, Daniel Scioli se reunió con el titular de la Cámara de Diputados de la provincia, Horacio González, para bajarle el tono a la embestida de algunos legisladores contra el ex presidente Néstor Kirchner, el vicegobernador Alberto Balestrini y el mismo gobernador. El acuerdo al que arribaron en un almuerzo en la casa del mandatario fue la publicación de una solicitada en los principales diarios porteños, donde se ratifica el apoyo del bloque oficialista (aunque parezca un contrasentido) al proceso iniciado en 2003 por el matrimonio Kirchner y reivindica el rol de Néstor al frente del Partido Justicialista.

PINAMAR. Según fuentes de gobierno, el titular de la Cámara baja trató de bajarle el tono a la polémica suscitada por la difusión, en una reunión en Pinamar, de duras críticas a la conducción del PJ de parte de una veintena de diputados.

La salida para González, anfitrión del encuentro de la discordia, era pedirles a los suyos "no agitar las aguas" y sacar un comunicado de prensa apoyando a Kirchner, Scioli y las autoridades partidarias. Scioli, en cambio, le pidió un gesto más fuerte, que derivó en el acuerdo para publicar una solicitada que los comprometa públicamente en el pedido de tregua frente a la furia de Néstor.

La tarea para González, que convenció a Scioli de su alineamiento a la causa, no fue fácil. En el bloque oficial conviven distintas tribus, y se conserva un frágil equilibrio entre kirchneristas como Fernando "el Chino" Navarro, referentes de los barones del conurbano, como el mismo González, sciolistas como Guido Lorenzino, massistas como Gabriel Bruera y hasta ultraduhaldistas como Gabriel Villegas.

Sin embargo, una cosa es convencer a Scioli y otra a 37 diputados de firmar una solicitada declarando el amor incondicional a los Kirchner. Se trata de legisladores que esta misma semana dispararon munición gruesa contra los K, como el marplatense Juan Garivotto o el mismo Villegas. Será cuestión de ver para creer.

PÉREZ Y PÉREZ. Casi en paralelo a la reunión entre González y Scioli, el jefe de Gabinete de la provincia, el politólogo Alberto Pérez, habrá tenido que recurrir a una relectura de los manuales de su carrera para la entrevista que tuvo con su homónimo Raúl Pérez, jefe del bloque oficialista, y principal apuntado por las críticas de Pinamar y su posterior difusión.

Scioli, conciliador al fin, le pidió que le hiciera conocer el descontento, pero que consensúe una salida a la crisis.

Lo cierto es que el oficialismo perdió la mayoría de antaño y actualmente sólo son la primera minoría, con un bloque de 37 legisladores. El temor de algunos era que Pérez terminara dando un portazo y que se llevara consigo a un puñado de hombres que le complicarían la gobernabilidad de la provincia y, por concentrar el 40 por ciento de la población de la Argentina, terminarán también complicando a Cristina. El platense Pérez, a diferencia de algunos de sus colegas, trató por estos días de no echar más leña al fuego. Influyó en esa conducta su aliado, el intendente de La Plata Pablo Bruera, que se apoyó en el sciolismo después de su pelea con Kirchner. Y también, claro, el miedo a perder la jefatura del bloque. Su principal argumento es que "todo se trató de una operación de Clarín". Sin embargo varios de sus colegas ratificaron el tenor de las críticas, aunque las atribuyeron a un "clima de confianza". Los Pérez pactaron una tregua, que en el PJ bonaerense no suele sobrevivir más de lo que dura un juramento.

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