Scioli y los dos temas sobre los que no va a hablar hasta la noche del 28

Por: Eduardo Aulicino

Daniel Scioli está metido con todo en la campaña: actos y más actos en el Gran Buenos Aires y también en el interior. Esa actividad lo atrapa casi por completo, pero igual se hace tiempo para pensar desde ahora en sus pasos poselectorales. El gobernador y sus principales allegados analizan la cuestión casi a diario y un par de cosas aparecen claras, aunque nada se dirá de ellas hasta que estén contados los votos. La primera: la decisión de seguir en la gobernación. Y la segunda, atada no sólo a los resultados de la Provincia: la necesidad de dar una señal rápida hacia el interior del peronismo, quizá la noche del 28.

Las dos cuestiones se complementan en sus planes a futuro. Y parten de un presupuesto: Scioli siente que su aporte a la pelea electoral tiene que ser capitalizado sin demoras en la rediscusión del poder dentro del peronismo, cuya dimensión sólo podrá ser evaluada en función de los números que surjan de las urnas.

En medio de los cruces de encuestas con distintos pronósticos, desde las cercanías del gobernador buscan transmitir sólo optimismo. En esa línea, creen que fue vital el invento de las cuestionadas candidaturas testimoniales, para asegurar el alineamiento del aparato del PJ, asociado en muchos casos a las estructuras locales del Estado. Los voceros del oficialismo hablan de una diferencia cómoda sobre el peronismo disidente y la oposición, pero no descansan ni un minuto en esta batalla y piensan además en la que viene.

Para lo que vendrá, entienden, es esencial conservar un lugar significativo en el esquema de poder oficialista. Y ese lugar no es el Congreso. Hasta hace apenas un semana, se dejaban correr otra vez especulaciones sobre la posibilidad de que asumiera como diputado. Nada de eso: las testimoniales son realmente testimoniales. Sólo se permitió, se alentó ese juego a la espera de que la Cámara Electoral avalara el recurso de las candidaturas para cargos que finalmente no serán asumidos.

"Ni de casualidad", dice un funcionario cercano a Scioli para rechazar cualquier otra hipótesis. Lo dice también con palabras más fuertes para dejar en claro que el gobernador seguirá en su cargo.

Afirmado allí, y sea cual fuera el resultado, el punto será entonces cómo quedan paradas las piezas en el tablero peronista. Si la lista de Néstor Kirchner y Scioli gana bien, ¿el ex presidente aceptará compartir el capital político del resultado? ¿Y si no es así, qué lectura se hará del resultado más allá de los límites de la interna del PJ?

En otras palabras, habrá que ver cómo asimilan el mensaje más global de las urnas, en términos de votos propios pero considerando también el cuestionamiento que se exprese a través de la amplia y heterogénea franja opositora.

Además, aún con la mirada limitada al conjunto del peronismo, será determinante lo que ocurra en otros distritos, en especial Santa Fe, donde se juega la suerte de Carlos Reutemann. El senador santafesino reiteró en una entrevista publicada ayer por Clarín que está dispuesto a la pelea con Kirchner por la candidatura presidencial de 2011. Esa decisión, atada al resultado del 28, también impactaría en los planes de Scioli y, más ampliamente, en la dinámica de su relación con el ex presidente.

Eso explica la atención con que es seguido el caso de Santa Fe. Allí, hay encuestas cruzadas como en otras partes, pero todos reconocen que el socialismo viene achicando las diferencias. Reutemann, de todos modos, ya articuló un eje interno con el gobernador cordobés, Juan Schiaretti --que enfrenta una elección complicada en su provincia-- y con el entrerriano Jorge Busti. No es el único que habla con referentes de otros distritos: también Scioli, aunque de manera menos visible, viene afirmando relaciones con colegas peronistas de otras provincias.

Los resultados de la elección terminarán de armar la mesa del Partido Justicialista. Scioli seguramente dará entonces una señal hacia el interior del peronismo. En la noche del 28 empezará escribirse el primer capítulo de la larga, larguísima, novela de 2011.

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