Scioli suma intendentes para mejorar la gestión y conservar poder

Por Paulino Rodrigues

En un intento por recuperarse de la derrota electoral del 28 de junio y garantizarse al menos parte de la gobernabilidad de aquí a diciembre de 2011 -y quizá también, por qué no, de avanzar hacia un tímido despegue del kirchnerismo-, el gobernador Daniel Scioli decidió incluir al peronismo bonaerense en su gabinete y comenzó a sellar un acuerdo más sólido con los intendentes del conurbano, que concretará a su regreso del exterior en las próximas horas.

Por lo pronto, comprometió para la cartera de Desarrollo Social a Baldomero "Cacho" Alvarez de Olivera, intendente de Avellaneda, como sucesor de un cansado y desgastado Daniel Arroyo, que vio esfumarse entre sus manos las posibilidades reales de una transformación en el área al advertir la escasez de presupuesto.

El nombramiento responde directamente a la presión por una mayor participación por parte de los caciques del Gran Buenos Aires en el gobierno provincial, que fue creciente en los últimos días. "Si Daniel sigue gobernando con amigos (Alberto Pérez, Claudio Zin o Rafael Perelmiter) y familiares (José o su otro hermano Nicolás o incluso su esposa Karina), no nos representa y entonces al peronismo bonaerense lo haremos nosotros", dijo un encumbrado intendente con acceso directo a Olivos en tiempos en que esa fluidez cotizaba en bolsa.

Justamente, "Cacho" Alvarez es uno de los que mas fielmente expone esta demanda colectiva. Recibió sondeos unos días atrás, y, antes de aceptar, lo habló hacia el interior de su gabinete. Especialmente se lo comunicó a Jorge Ferraresi, su secretario de Obras y Servicios Públicos, que será quien pasará a comandar el municipio tras la jura de Alvarez como ministro.

Ayer se lo veía entusiasmado horas antes de tomarse unos días de descanso post-electoral, compromiso que había asumido con su familia con anterioridad a los anuncios y que aún no sabe si podrá cumplimentar. También se lo veía activo. El viernes de la semana próxima verá a Alberto Morlachetti, titular de la Fundación Pelota de Trapo, con quien mantiene una vieja relación desde la gestión de Antonio Cafiero como gobernador bonaerense -cuando ambos fueron funcionarios y partícipes de un mismo equipo de trabajo-. Seguramente recogerá consejos, se llevará ideas y hasta es probable que lo convoque para volver a la función pública y ser parte de su equipo.

"El foco estará en los 500.000 chicos que no estudian ni trabajan en la provincia", cuentan que dijo el aún intendente. Sobre esta cuestión, allegados al futuro Ministro aseguran que el programa Envión que ya se aplica en el municipio sería replicado en la provincia. Es un programa que comprende a 400 adolescentes de barrios muy humildes (Villa Tranquila, entre otros). Allí, con apoyo del sector privado se financian becas para la escolarización de los jóvenes y el Estado invierte en un cuerpo de 130 profesionales que están abocados a la capacitación y contención. Incluye asistentes sociales, psicólogos y también sociólogos. "Son chicos que no tienen futuro, sus expectativas de vida son nulas y por tanto matan y están dispuestos a morir en el mundo del delito, simplemente porque es su mundo", se le escucha decir a menudo al futuro Ministro.

Esa mirada y visión impondrá desde el comienzo de su gestión, independientemente de la continuidad de varios de los programas vigentes. "Habrá mucha participación del tercer sector, también del sector privado, porque sin sinergia y sólo con fondos públicos no lo lograremos", le deslizó a un amigo a quien le sugirió su futuro nombramiento.

Trabajará mucho con las áreas de Responsabilidad Social de las empresas. Una cifra no exacta, pero sí aproximada que se repite, es que hay 50.000 grandes y medianas empresas con presencia en la provincia. Con ellas buscará avanzar en procura de fondos adicionales para afrontar la problemática que deberá resolver.

Lo cierto es que los cambios en el gabinete de la provincia (que no se agotarán en la salida de Daniel Arroyo) deberán oxigenar una gestión que ha sido pobre hasta aquí, salvo por la presencia mediática de varios de sus intérpretes, en particular el propio Scioli.

Los intendentes no concurren a La Plata en procura de soluciones ni decisiones políticas. En general, sólo las encuentran en la Casa Rosada o en su defecto en Olivos, aunque por estos días todo es un gran signo de interrogante, incluso lo que ya estaba comprometido.

Más de dos años de gestión por delante, una interna compleja dentro del peronismo y un poder atomizado son signos de un nuevo tiempo en la política. La provincia de Buenos Aires no es la excepción. Mucho menos con un Scioli que procurará reinventarse una vez más, en pos de encontrar un lugar de privilegio en la política argentina, incluso más allá de 2011.

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