Scioli no sólo piensa en las elecciones.

Daniel Scioli piensa en la inseguridad y la crisis económica como principales problemas a resolver. Sin embargo, considera que si algo pasa políticamente en el oficialismo K, puede tener un resguardo junto con Sergio Massa.

Daniel Scioli está pensando en el hoy y en el mañana con la urgencia que marcaron los últimos acontecimientos. La incorporación de Eduardo Camaño como futuro ministro de Gobierno no hizo más que cubrir esa doble necesidad.

Desde hace un mes su jefe de gabinete, Alberto Pérez, se había mostrado “sobrepasado” por su múltiple rol de ejecutor político del presupuesto provincial y de contenedor de las demandas insistentes que provenían desde los municipios.

Además, para hoy está prevista una reunión de gabinete, de la que no abundan por La Plata, para discutir no sólo el tema del adelanto electoral sino de las consecuencias imparables de la crisis económica, el conflicto docente y la delicadísima situación de seguridad.

Sobre este último aspecto el Gobernador no duerme desde hace tiempo. Ni siquiera en el momento en que se debatía las retenciones móviles, él marcaba que el verdadero problema de la gestión era cómo combatir la inseguridad y que todo se vería mucho más expuesto tras la resolución o no del conflicto, cuya crisis desató el voto no positivo de Julio Cobos.

Lamentablemente para él, su acierto fue parcial. Porque la crisis de inseguridad no sólo que no se resolvió sino que se le agregaron otros temas que hace un año no estaban en la agenda, como la crisis económica y la caída en picada de la imagen presidencial.

Sigilosamente, desde hace un par de meses, los mismos equipos técnicos que componen parte del andamiaje político provincial son los que operan políticamente para Sergio Massa en el territorio. Entre ambos siempre existió una excelente corriente personal, generada por la capacidad de relacionarse con todos los sectores del actual jefe de gabinete y su pasado común por el menemismo primero y luego por el duhaldismo.

Hoy la relación puede decirse que está en su mejor momento, y ambos saben que pueden potenciarse con sus proyecciones y capacidades. Inclusive Massa tiene todavía la guardada esperanza de que Karina Rabolini sea su candidata a concejal en Tigre, donde reside desde hace más de dos años.

Si bien no lo pueden decir abiertamente, todos intuyen que ya han hablado al respecto. Y que Scioli debe ser el encargado de “contener a las viudas del kirchnerismo” para ser su candidato presidencial dentro de dos años, y Massa fuese su remplazante natural.

Así las cosas, la inclusión de Camaño lo ayudará a Pérez a aliviarse en la relación política y podrá dialogar casi como pares con varios intendentes que lo conocen desde hace años, aunque algunos de ellos tomó nota, con su designación, que el “de Daniel no es nuestro proyecto. Sino, nos hubiera nombrado a alguien más afín”. Léase: algún intendente.

Acerca de la incorporación de Carlos Ruckauf, la misma fue desechada desde lo más alto del poder provincial. “Sólo hubo un encuentro con otras personas para hablar de Seguridad”. Ningún ofrecimiento. “Eso lo tiró “rucucu” para levantarse el precio en la negociación con el peronismo disidente o con el kirchnerismo inclusive”, fue la rápida reflexión de un hombre cercano al gobernador.

“Camaño tiene varios requisitos indispensables para Scioli: conoce a los dirigentes del Conurbano, maneja sus mismos códigos, los entiende sin necesidad de escuchar de su propia boca lo que dicen” explicó un operador del gobernador, quien adelantó: “no será el único del equipo de trabajo de Roberto Lavagna que estará con nosotros”.

Sobre el ex ministro de Economía, la misma fuente confió que “habla seguido con Daniel pero no se va a incorporar a ningún cargo”. Aunque sí puede estar para alguna charla política en el futuro.

Comentá la nota