Scioli reforma loterías, pero sin romper nexo con Kirchner

Por: Pablo Ibáñez

Luis Alberto Peluso comenzó ayer su retirada como interventor visible del Instituto de Lotería de Buenos Aires. Secuenció su salida, negoció la sucesión y se reservó, por último, una presencia subterránea en el manejo de un negocio que factura 350 millones de dólares por mes.

La maniobra, sin embargo, se precipitó: anteayer, Peluso relató ante dos tribunas interesadas -legisladores y empresarios del juego- que continuaría por «30 o 40 días» para normalizar el organismo y que el futuro administrador sería un viejo conocido de ellos, Jorge «Piedrita» Rodríguez.

«Chiche» Peluso trató de camuflar su caída, que este diario anticipó el 17 de julio, con un período de adaptación entre la salida de la intervención y la designación de un directorio. Pero el lapso de acortó: ayer Daniel Scioli nombró ese equipo, lo que, de hecho, supone el fin de su mandato.

De todos modos, seguirá presente. Ayer, oficialmente, se informó que permanecerá un tiempo más para completar la transición. Pero, además, uno de los directores forma parte de lo que, en el circuito del juego, se conoce como «grupo Peluso».

Se trata de Felipe Corsunsky, que permanecerá al frente de la Dirección Provincial de Juegos y Explotación, cargo al que llegó de la mano de Peluso. De ese modo, el interventor en retirada, se reserva la tercera área en importancia -detrás del presidente y del vice- de Lotería.

Vínculo

El desembarco de «Piedrita» Rodríguez, empleado de la casa desde 1979, tiene también el sello de Peluso, pero su principal terminal lo lleva a otro territorio: Rodríguez, un hombre de «la línea política», aparece vinculado a Carlos Alberto Gallo, ex director de Lotería Nacional.

Rodríguez y Gallo responden a una misma matriz, el peronismo bonaerense, pero -como muchos otros- descubrieron en los últimos años los encantos del Sur. En el enredo de vínculos y referencias, Gallo aparece vinculado a un empresario del juego K, Cristóbal López.

La influencia de López, que se extendió en la temporada del patagónico, se notará en el nuevo equipo de Lotería bonaerense, lo que implica que, siquiera en ese rubro, perdura la convivencia Scioli-Kirchner.

El aura de Cristóbal es expansiva: en el mismo equipo, según la traducción que el «mercado» del juego hace de las designaciones, se menciona a Eduardo Azconegui que continuará como director de Administración y Finanzas, siempre on line con Gallo.

Al planeta López, que hace tiempo puja por entrar en el mercado bonaerense con el guiño de Néstor Kirchner, también pertenece, vía Gallo, Luis Capellini, que asumirá como director de Hipódromos y Casinos, butaca que deja vacante Rodríguez y donde era, hasta ahora, el segundo.

La otra figura esencial del esquema es Néstor Cotignola, que será entronizado a vicepresidente -hoy es subinterventor-. Cotignola responde al jefe de Gabinete, Alberto Pérez.

Experto

En su larga estadía en Lotería -entró en 1979 como empleado, donde su estrella comenzó a brillar en la gestión de Osvaldo Papaleo-, «Piedrita» se hizo experto en asuntos hípicos, lo que lo hermanó con Bruno Quintana, presidente del Jockey Club de San Isidro.

Todo parece un puzzle perfecto en el que San Isidro es la pieza -y la palabra- clave. Ese distrito es el oasis con el que sueña López para hacer pie en la provincia y donde, además, se entrecruzan cuatro factores poderosos: los grupos López, Codere y Bold, y la Iglesia.

En ese truco, los cuatro actores se torean entre sí y Scioli, a través de Rodríguez y la permanencia invisible de Peluso, deberá oficiar de árbitro. Hasta ahora, vía Jorge Casaretto, la jerarquía eclesiástica ganó la primera pulseada cuando inició una cruzada contra la apertura de una sala en ese distrito.

Ese episodio está cruzado por miradas y lecturas antagónicas. José «Pepe» Scioli ha dicho que la negativa de la Iglesia es funcional a la pretensión del grupo de Antonio Tabanelli, Bold, que explota el casino de Tigre junto a Trilenium, vinculada a Santiago Soldati.

Esa interpretación, que permite varios sobreentendidos, se enlaza con otro ítem sensible: en los próximos meses, dentro del paquete de 10 salas cuyas licencias vencen, figura el casino de Tigre, que además de la renovación aspira a mantener la exclusividad en un radio de 150 kilómetros.

Si esa frontera se consolida, de nada servirá que López y la española Codere se entreveren en un mano a mano por quedarse con la plaza San Isidro. Codere, por otro lado, espera una señal de la gobernación para resolver el conflicto del bingo de La Plata, que opera con un recurso de amparo dictado por la jueza en lo Contencioso Ana Logar.

A los expedientes Tigre y Codere-La Plata, Rodríguez-cuya designación fue bien recibida por las empresas del rubro- les tiene que agregar otro asunto urticante: vence, además, la concesión del sistema de registración on line de las agencias de apuestas.

En gateras, a la espera de una oportunidad, Scioli mantiene vivo su plan para habilitar nuevas salas. Un recurso, obvio, para atacar su fragilidad fiscal. No es el único: en otros círculos se habla de un incremento al 50% del porcentaje que las salas deberían cederle al Estado.

En la actualidad, esa cifra varía del 42% al 45% con la suma del 34% de canon, más el 6% de Ingresos Brutos y el monto fijo por los valores de habilitación.

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