Scioli "presidenciable" banca a Stornelli y Oporto

En su libro sobre conducción política, La Organización vence al Tiempo, Juan Domingo Perón dejaba como una de sus máximas que no hay hombre que se pueda realizar en soledad y que necesita que toda la sociedad en su conjunto acceda al progreso social.
En términos políticos, la traducción por estos días puede ser: “Nadie se corta solo y lo que se dice tiene que ver con un diseño preestablecido”. Este método de transmitir las cosas casi por casualidad lo introdujo tibiamente Carlos Menem a través de sus ministros más cercanos: Eduardo Bauzá, Carlos Corach o Alberto Kohan como emblemas o a través de otros que lo conocían muy bien, tal el caso de José Luis Manzano.

Sin embargo, quien llevó a su máxima expresión este esquema, donde nadie puede decir nada si antes no fue analizado por él mismo, es Néstor Kirchner. Ahora devaluado, en su momento supo ser Luis D´Elía quien expresaba el brutal pensamiento kirchnerista para que fuese él mismo quien recibiera las supuestas críticas por el “exhabrupto” expresado con toda provocación. De la vieja guardia, sólo subsisten Carlos Kunkel, Dante Dovena o Carlos “Cuto” Moreno, mientras que del gabinete de Cristina Fernández sólo dos multiplican el pensamiento del ex presidente: Julio De Vido y Florencio Randazzo.

Alertado de antemano sobre este esquema, con el que convivió y por el que sufrió buena parte de su gestión como vicepresidente K, Daniel Scioli lo empezó a aplicar sigilosamente en la Provincia de Buenos Aires luego que se acomodara en su gestión como gobernador y tras haber dado pruebas suficientes de lealtad al proyecto del matrimonio Kirchner.

Lo que antes era discutido en un cuarto por el gobernador, su hermano José, el jefe de gabinete Alberto Pérez y el legislador Martín Ferré se transformó en un reunión metódica y ampliada todos los martes, donde se discuten las estrategias a seguir y, fundamentalmente, se proyecta cómo cuidar al gobernador de los múltiples ataques a los que está expuesto.

Por eso es imposible que Carlos Stornelli o Mario Oporto fuesen a renunciar en el futuro cercano. Ambos representan dos vallas muy altas que protegen a Scioli en discusiones más que sensibles: la seguridad y la educación.

Para este año, entonces, esta mesa debe encontrar la forma para seguir siendo kirchnerista pero marcar una presencia mucho más firme del gobernador como jefe político del territorio. Además de intentar ubicar la mayor cantidad de dirigentes de confianza en las listas de legisladores provinciales y nacionales en las próximas elecciones (hoy sólo le responden directamente poco más que un puñado de diputados y senadores provinciales), la idea central es colocarlo como el candidato a presidente más fuerte de un sector que, suponen, se quedará sin candidatos por la lectura que hacen de todas las encuestas a su alcance.

“Sólo un milagro hará que Néstor o Cristina puedan presentarse en 2011. Entonces, algo tenemos que hacer” dicen en el entorno de Scioli que, en lo que va del año y a pesar de haber sostenido la posición oficial en la lucha de “la 125”, últimamente apoyó el reclamo del campo. Además, anteriormente, dialogó con la Iglesia cuando el gobierno nacional no lo hacía, convocó a la mesa del diálogo a los partidos políticos con representación parlamentaria y recibió en tres oportunidades a los intendentes radicales sin pedirles que se hagan K para recibir su apoyo.

En política “lo que abundan son audaces pero no suicidas” se escuchó decir en una de estas tantas reuniones sciolistas. Por eso, no pueden llamar la atención las declaraciones del diputado Raúl Pérez anunciando lo importante que sería para el peronismo que Scioli fuera candidato a presidente si los Kirchner no llegan. “Es uno de los precandidatos naturales que va a tener el peronismo”, que además podrá servir para contener la fuga de oficialistas hacia la triple alianza de Macri, De Narváez y Solá.

Scioli, además, deja en claro que los tiempos los sigue manejando él. Cuando Alfredo Atanasof renunció, lo hizo porque el gobernador seguía apoyando al kirchnerismo casi como un suicidio político. Para el ex jefe de gabinete de Eduardo Duhalde, “Daniel tenía que ser el post kirchnerismo”. Parece que lo está haciendo, pero cuando él quiere, no cuando se lo imponen otros.

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