Scioli, Nacha Guevara y Massa apuntalan la lista

Por Carlos Pagni

Néstor Kirchner-Daniel Scioli-Nacha Guevara-Sergio Massa: esa será la cabeza de la lista del oficialismo en la provincia de Buenos Aires. La novedad le fue confirmada anoche a la conducción del PJ provincial, reunida con Kirchner en Olivos, y será blanqueada de manera informal hoy, cuando se reúna el congreso de esa fuerza para delinear su política de alianzas.

La candidatura de Kirchner terminó de definirse en El Calafate durante Semana Santa, cuatro días después de que el ex presidente calificara a Scioli del "mejor candidato" en un programa cómico. El matrimonio presidencial, reunido con cuatro colaboradores íntimos, llegó a esta conclusión: "Si Scioli participa, más que nunca debemos encabezar la lista. Si no, seremos los únicos sin una victoria para mostrar".

A la oferta se agregó la figura de Nacha Guevara, referencia subliminal a Eva, el personaje que representa en un costoso musical, financiado por el gobierno de la provincia a instancias de los socios de la Esquina de Carlos Gardel, que son íntimos amigos de Scioli. La cantante, actriz y ahora candidata se impuso sobre Cristina Alvarez Rodríguez, sobrina nieta de Eva Perón. Al parecer, este nepotismo de ultratumba fue reemplazado por una evocación sólo histriónica de la "abanderada de los humildes". Todavía nadie pensó en convocar a Víctor Laplace, para hacer, en la lista, el papel de Juan Perón.

La eventual candidatura de Massa -algo que en su entorno aún relativizan- desató una carrera por su sucesión en la Jefatura de Gabinete: a las pretensiones de Florencio Randazzo (Interior) se agregaron las de Aníbal Fernández (Justicia) y las de Ricardo Echegaray (AFIP).

El comité de campaña quedó constituido ayer por Kirchner, Scioli, Randazzo -responsable de la ingeniería territorial- y Massa, encargado de las finanzas. Habrá que ver si alcanzan su objetivo más ambicioso: ablandar la imagen del esposo de la Presidenta para que se reduzcan los niveles de rechazo que motiva en los sectores medios. El proceso será paulatino, con exhibiciones homeopáticas de tolerancia y autocrítica: no vaya a ser que el público no reconozca al candidato. Como es su costumbre, Kirchner se negó a contratar a un experto en metamorfosis de este tipo. En cambio, admitió reducir la presión sobre los medios de comunicación con su proyecto intervencionista de ley de radiodifusión.

A Scioli se le encomendó otra misión con la misma finalidad: que los intendentes de las ciudades más populosas de la provincia se postulen como concejales. Son Pablo Bruera, de La Plata; Gustavo Pulti, de Mar del Plata, y Cristián Breitenstein, de Bahía Blanca. Los tres superan el 60% de imagen positiva en sus vecindarios, donde Kirchner no registra más del 15% de intención de voto. Hasta anoche, Bruera insistía en llevar a su hermano en la nómina. Pulti y Breitenstein se negaban a cualquier participación. Pero la presión sobre ellos será redoblada en las próximas horas. Scioli tuvo más suerte entre los intendentes del conurbano bonaerense, a quienes convoca de a uno a su despacho. Kirchner insiste en tenerlos en las listas para impedir acuerdos clandestinos con el PJ disidente de Francisco de Narváez.

Para esa corriente están dedicados los mejores esfuerzos de la imaginación kirchnerista. Que lo diga un colaborador principal del equipo de campaña: "Esto es a todo o nada. Nos jugamos mucho. La agresividad será inevitable". Cuando el asesor entra en detalles las novedades son pocas. A De Narváez lo presentarán como el mascarón de proa del duhaldismo más cerril, aprovechando que lo secundan Alfredo Atanasof, Carlos Brown, Eduardo Amadeo y Jorge Sarghini.

Sin embargo, el blanco preferido de la campaña negativa que preparan en Olivos es Felipe Solá: Kirchner no se perdona el error de cálculo de haber supuesto que Solá jamás se uniría a Mauricio Macri y De Narváez. En su odio va también la venganza por esa irreverencia.

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