Scioli intenta la misión imposible: llegar de pie hasta el último round

Por: Julio Blanck

El lanzamiento de su reelección es la última, y más desesperada, jugada de Daniel Scioli para evitar que el viento kirchnerista lo barra de la Provincia sin pena ni gloria antes de que termine este año.

Néstor Kirchner ya hizo saber que a lo mejor le dan ganas de hacerlo asumir a Scioli como diputado, junto a él, en nombre de la boleta derrotada en la elección de junio. El gobernador respondió con el manual de la política: la reelección es una típica fuga hacia adelante, una maniobra defensiva maquillada de audacia e iniciativa propia.

Es, también, casi lo único que le quedaba por intentar a Scioli, eliminada de su hoja de ruta cualquier variante táctica que pudiera suponer algún grado de enfrentamiento con Kirchner. Tomó este camino a pesar de que la experiencia ya le mostró que esa condescendencia sólo le asegura nuevas amarguras. Todo lo explica con una palabra: "Gobernabilidad". Algunos le creen, muchos no lo entienden.

Los allegados a Scioli habían abundado, antes de la elección de junio, en anunciar inminentes gestos de diferenciación respecto de Kirchner, para perfilarse hacia la candidatura presidencial en 2011. Nada de eso ocurrió. Nunca.

Se ha explicado esa resignación a partir de la asfixia financiera de la Provincia y de los auxilios nacionales que Kirchner y Cristina han sabido manejar con rigor para tener bajo control a Scioli y a cuanto gobernador insinuó sacar los pies del plato. Pero siendo esta una razón estructural del disciplinamiento bonaerense, está lejos de ser el único factor que lo sostiene.

En el entorno de Scioli suelen dibujarse escenarios de pesadilla. "Estamos apretados por todos lados", dice un funcionario que habla todos los días con el gobernador. "Si mirás las encuestas, vas a ver que somos prisioneros de los tipos más desprestigiados ante la sociedad", agrega, espantado. Y pasa a la enumeración: "Kirchner te marca la cancha todo el tiempo, y si hacés la tuya el gremio de Moyano te amaga con dejar la basura tirada en la calle, los piqueteros tienen capacidad para cerrarte la Provincia y los intendentes del Gran Buenos Aires te dicen que el conflicto social es inminente". Toma aire y concluye: "Así es todo muy difícil".

En el armado de este mecanismo de presión y construcción, Moyano y los piqueteros juegan juntos. Emilio Pérsico, el jefe del Movimiento Evita, estuvo la semana pasada en el acto de lanzamiento político del camionero, que sueña con ser gobernador. Y un par de días después proclamó a Kirchner candidato a presidente en 2011. Clarísimo.

Los intendentes del GBA son un caso aparte. Empujados a ser candidatos testimoniales en junio, la mayoría salvó la ropa en su elección municipal mientras la lista de Kirchner se hundía en la Provincia. Kirchner los acusó de ser "la vieja política" y se declaró víctima de los mismos a los que semanas antes había reclutado a palos. Después los fue juntando, como si nada hubiese ocurrido. Les ofreció un liderazgo, el suyo, y un rumbo que quizás los lleve a ninguna parte, pero que es más que la anomia que otros proponen a esos intendentes, expertos sobre todo en cualquier acción que sirva para acumular y conservar poder.

Los intendentes bonaerenses, como muchos gobernadores, creen que ya llegará el tiempo de desprenderse del lastre electoral que hoy significa Kirchner. Pero viven el día a día: hay que pagar sueldos y mantenerse en el rebaño, porque el liderazgo alternativo en el peronismo es otro de los anuncios incumplidos de este tiempo.

Unos cuantos de ellos hablan con Eduardo Duhalde, que sueña de noche y también de día con construir la desgracia de Kirchner. Pero para el futuro falta mucho.

La jugada reeleccionista de Scioli le valió, enseguida, el apoyo declarado de Alberto Balestrini, que es vicegobernador, jefe del PJ provincial y hombre fuerte de La Matanza. Demasiado poder para no haber soñado, alguna vez, con un destino de primera figura y no de eficaz acompañante. Balestrini sería el beneficiado directo si Kirchner decide empujar a Scioli hacia el Congreso en diciembre. Pero no da ninguna señal de estar a la espera: juega en línea con Scioli, sin una fisura en el discurso público.

Algunas de estas cuestiones apremiantes se discutieron esta semana, en el tradicional almuerzo de los lunes en la Gobernación. Las más de las veces se sientan solos, cara a cara, Scioli y Balestrini. Esta vez la mesa fue más amplia. Estaban el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez; los ministros de Gobierno, Eduardo Camaño, y de Economía, Alejandro Arlía; el número dos de Balestrini en el Senado provincial, Federico Scarabino; y el presidente y vice de la Cámara de Diputados bonaerense, Horacio González y Julián Domínguez, el mismo a quien en Olivos le prometieron que iba a ser ministro de Agricultura de Cristina y todavía lo tienen juntando expectativa.

Sobre esa mesa chica está construyendo Scioli su intento de permanecer en la Gobernación.

No tiene nada asegurado. Entre otras cosas, porque desde el oficialismo hay otros jugadores que aspiran a su sillón.

El ex jefe de Gabinete Sergio Massa, desde la intendencia de Tigre, y con una relación con los Kirchner que no parece estar tan mal como hace un par de meses, construye un espacio con intendentes más o menos jóvenes y prestigiados, que buscan apoyarse en la gestión y no tienen alineación con el aparato peronista provincial. Tanto han avanzado que ya se juntaron para una foto. Estuvieron, junto a Massa, Pablo Bruera (La Plata), Cristian Breitenstein (Bahía Blanca), Juan De Jesús (Partido de la Costa), Osvaldo Amieiro (San Fernando) y José Eseverri (Olavarría).

Otro aspirante fuerte a la Gobernación es el actual jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Silencioso en su ambición, pero implacable en perseguirla, Aníbal se transformó en el brazo ejecutor de los Kirchner, con una gestión de perfil muy alto y líneas de diálogo abiertas con todas las vertientes peronistas, aún las refractarias al kirchnerismo.

Y, esto, sin contar a Moyano.

Scioli se fabricó una nueva consigna: "Esta pelea la gana el que llegue de pie al último round". Esto significa que él quiere llegar, como sea, dejando girones. Pero llegar arriba del ring al 2011. Por ahora sólo le esperan días de zozobra.

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