Scioli, el inesperado plan B de Kirchner

Scioli, el inesperado plan B de Kirchner
El ex presidente dijo que, si finalmente se baja de la carrera para suceder a su esposa, apoyaría una eventual candidatura del bonaerense. Y cree que un triunfo de Julio Cobos es un mal menor frente a una victoria del PJ opositor.
Néstor Kirchner desconfía del juego político del gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey. El recelo, sin embargo, quedó circunstancialmente de lado durante la ronda de café que ambos compartieron en la quinta presidencial de Olivos, donde Kirchner sorprendió al norteño con la idea de resucitar la candidatura de Daniel Scioli para 2011.

En el último acto de la Casa Rosada en el cual se cruzaron, Kirchner lo había invitado a una charla para cuando el salteño pasara por Buenos Aires. La semana pasada se concretó. A puertas cerradas, las perspectivas de las presidenciales inundan cualquier charla política. La cita de Olivos no fue una excepción.

Kirchner sondea a propios y ajenos sobre las urdimbres incipientes que se tejen con vistas a 2011. En Olivos, sin embargo, Urtubey también tuvo tiempo para lanzar las preguntas que maduran en su interior mientras resuelve el lugar que ocupará en la divisoria de aguas que se abre en el justicialismo. Por ahora, el salteño juega a repartir sus huevos en diferentes canastas, sin jurar matrimonio ni forzar divorcios con nadie. Kirchner sabe que la distancia del gobernador crecerá a medida que la fortaleza del gobierno nacional se apague. Pero el diálogo entre ambos se mantiene con la familiaridad necesaria como para que Urtubey le preguntara a Kirchner, a boca de jarro, si su candidatura presidencial para 2011 era indefectible o si el santacruceño tenía un plan B.

–Sí, el plan B es Daniel –contestó Kirchner, en referencia al mandatario bonaerense.

La candidatura de Scioli es una eterna muletilla del ex presidente. La zarandeaba antes de anunciar que finalmente Cristina Fernández sería su sucesora y lo repitió luego. Pero la realidad es que mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. Kirchner fue derrotado en Buenos Aires. Scioli acaba de reformular su gabinete en busca de oxígeno, acorralado entre el problema de la inseguridad y los límites que impone la dependencia financiera con la Nación. Y las encuestas ubican en el terreno de lo inalcanzable un triunfo oficialista.

La carta lanzada por Kirchner es un mensaje con múltiples destinatarios. Por un lado, se trata de la forma de sostener las expectativas que llevan a Scioli a atarse a su suerte. Por el otro, es un aviso hacia los justicialistas que, como Urtubey, se preguntan hasta dónde llegará. Y, por último, es una señal para quienes ya pegaron el salto y comenzaron a construir su propio barco, como Sergio Massa y Alberto Fernández. Kirchner había rechazado la posibilidad de apoyar una eventual candidatura de Urtubey cuando tiempo atrás, en una mesa de digresiones políticas, un aliado buscó argumentar a favor de las posibilidades del salteño. En los múltiples escenarios que pergeña en su cabeza, Kirchner vislumbra como un mal menor, por ejemplo, un triunfo de Julio Cobos antes que la victoria de un justicialista ajeno. Cree que un adversario peronista en el sillón de Rivadavia corta definitivamente los puentes que quiere mantener tendidos.

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