"Scioli no está totalmente perdido pero tiene que demostrar que es distinto"

El recaudador bonaerense echado por su rechazo a sumarse a la estrategia electoral de Néstor Kirchner confiesa que teme que la gestión de la Provincia "sea recordada sólo por cosas negativas". "Daniel hace esfuerzos comunicacionales pero la gestión no reacciona", advierte.
Sólo la política argentina puede generar la rareza de un recaudador de impuestos con aspiraciones electorales. El cordobés Santiago Montoya debió abandonar la agencia de recaudación bonaerense a raíz de su negativa a sumarse a las candidaturas testimoniales que impulsó Néstor Kirchner como estrategia electoral. Luego, gobiernos opositores y oficialistas lo tantearon para integrarlo a sus filas. Pero sabe que un cargo público lo estigmatizaría políticamente. Y Montoya, por ahora, mantiene en firme su decisión de alcanzar una candidatura por el PJ en las próximas elecciones. Como testigo inquieto del impredecible verano político, el tributarista golpea sin tregua contra la gestión bonaerense, pero cree que Daniel Scioli todavía "no está totalmente perdido". Acusa a la presidenta Cristina Fernández de malograr oportunidades para recuperar el apoyo social perdido, pero a diferencia de la oposición considera "pretextos" y "cuentos" que los problemas de la Provincia sean atribuibles únicamente a su dependencia de la Nación.

–¿En qué se equivoca el gobernador Scioli?

–El gobierno de Scioli arrancó con muy buen nivel de apoyo y reconocimiento por parte de la sociedad. Y de repente, con el conflicto del campo y la decisión de mantenerse a ultranza dentro del espacio del oficialismo, la gestión de la Provincia tomó un rumbo divergente de la opinión pública. Las candidaturas testimoniales, a la vez, fueron uno de los elementos que castigó el electorado el 28 de junio. Después de las elecciones, Scioli se vio obligado a maniobrar por el mensaje en las urnas. Lo intentó, hizo un par de intentos, pero le salió mal. Su gobierno muestra algunas lagunas en cuanto a gestión. Tener más de 20 días a una familia perdida y no lograr encontrarla, con los medios tecnológicos que tiene el Estado, no es precisamente un éxito de gestión. Se inundaron los campos y se culpó a los canales abiertos por los agricultores. ¿Cómo no los vieron con los medios técnicos que tiene el Estado, los mismos que usábamos hace más de un año para detectar los silos? Más allá de las restricciones de recursos, la gestión de la provincia podría ser más agresiva.

–¿Cree que la falta de recursos no es una limitación?

–Yo rechazo totalmente que la escasez de recursos sea obstáculo para darle algunas satisfacciones a la sociedad. Por supuesto, si queremos hacer milagros es necesario encontrar a Cristo. Cuando necesitábamos imágenes, a nosotros nos pedían 30 millones de dólares para realizar vuelos en la provincia porque tiene un tamaño equiparable a Francia. Y lo resolvimos con 200 dólares que nos costó la suscripción al Google Earth.

–¿Cree que Scioli tiene futuro político?

–Daniel no está totalmente perdido. La sociedad todavía, en algún lugar, siente que es distinto. No tiene ni debe enfrentarse con el gobierno nacional. Tampoco ubicarse en el lugar opositor destructivo. Pero tiene que mostrarle a la gente que es distinto, que es conciliador, dialoguista, que respeta a los adversarios. La gente se cansó del "no me alcanza", Daniel tiene que mostrar a la sociedad algo que confirme que es distinto. Dos años en política todavía permiten hacer muchas cosas.

–Usted habló de "lagunas" en la gestión bonaerense. ¿A qué responden?

–Hay una situación de ahogo fiscal que bloquea la posibilidad de desplegar políticas de Estado desde los gobiernos locales. Los problemas de fondo de la Argentina son tan complejos que requieren políticas de Estado que vayan más allá de una sola gestión. Por ejemplo, el tema de la seguridad.

–Pero, por ejemplo, no encontrar a la familia Pomar no fue un problema de recursos.

–No. Pero dividamos. Los problemas complejos necesitan otra estructura fiscal. Aunque los paliativos, aquellas cosas que se pueden mostrar a la gente estirando como chicle cada peso de los fondos públicos, no aparecen porque falta creatividad y agresividad en la administración. Hay dos partes: la gestión y la comunicación. Daniel hace enormes esfuerzos comunicacionales, pero la gestión real no reacciona. Entonces es muy difícil comunicar cosas que no pasan.

–¿Cuál cree que es en definitiva la mirada que tiene la sociedad de la acción de gobierno en la provincia?

–La sociedad está esperando que nos hagamos cargo de cosas. Si se quiere ser recordado es necesario destacarse en algo. Por ejemplo, la sociedad no quiere que solamente se lidie con los docentes cada vez que se discuten salarios, si después cuando vienen los resultados duros de las evaluaciones en educación resulta que Buenos Aires se cayó del segundo lugar al 22 en comparación con las otras provincias.

–¿Y por qué debería ser recordado Daniel Scioli? ¿Qué le aconsejaría?

–No sé. Durante el gobierno de Felipe Solá, según las encuestas, hubo una evaluación positiva de la política tributaria. No digo que yo debería seguir en ARBA. Eso ya se agotó. Pero la gente recuerda una o dos cosas de una gestión. No mucho más. No tiene tiempo para evaluar 20 variables. Temo que el gobierno de Scioli termine siendo recordado sólo por cosas negativas. Yo no le puedo decir en qué área tendría que destacarse. Pero algo tiene que elegir. La gente no perdona no ser sorprendida de alguna forma. El caso de Daniel es como Sandro. La gente hasta último momento esperaba que se resolviera, porque era querido, sabían que luchaba. A Daniel la gente le reconoce calidades humanas, por eso todavía espera una reacción.

–¿Se puede mejorar la gestión de la provincia con el actual nivel de dependencia con el gobierno nacional?

–Al gobierno nacional le echan la culpa más de lo que corresponde.

–¿Y es manejable la provincia con seis mil millones de déficit?

–No es manejable. Pero Kirchner no llamó para decir: no aprovechen mejor los recursos. Yo hice lo que quise en el área recaudación. Nadie me lo impidió. ¿No lo pueden hacer en otras áreas del Estado? A mí me llaman de municipios para consultarnos, porque están intentando mejorar su administración. Nadie se los prohíbe. Yo no digo que sea fácil. Pero la gente no nos eligió para pasarnos trabajos fáciles. Yo no acepto pretextos de nadie. A mí me tocó recaudar en la provincia de Buenos Aires. En la historia de la humanidad se apedreó a recaudadores. La raza de perros doberman fue creada por un recaudador para protegerse de los ataques que recibía. Por lo tanto, si yo dejé el gobierno con una alta imagen positiva y la gente reconoció el trabajo, entonces no me vengan con cuentos y pretextos en otras áreas.

–Usted integra un grupo disidente junto con el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que no tiene manejo de las estructuras partidarias. ¿La reforma política, al obligar a definir candidaturas dentro del PJ, no les cortó el paso?

–Nos cambia la estrategia. Obliga a meterse dentro del aparato institucional. Pero a mí me interesa entrar a la política si puedo ser agente de cambio. Yo decidí mantenerme dentro del ámbito del PJ. Podría haber ido a otras fuerzas, con las caules hasta ahora siguen las conversaciones. Pero decidí mantenerme adentro. La plataforma de poder más importante que existe en la Argentina es el justicialismo. Tenemos que asumir la realidad. También creo que tiene que cambiar: me gustaría que fuera un partido más moderno, que incorpore límites y respeto a las instituciones. Y además, que demuestre que puede dejar que otros gobiernen y terminen su mandato. No quiero acusar a nadie. Pero me parece mucha casualidad que ningún otro partido pueda terminar su gobierno. El 28 de junio quedó demostrado que el aparato no gana una elección. ¿El PJ realmente va a ir a las presidenciales con una oferta electoral con bajas posibilidades de retener los cargos ejecutivos en el país? ¿O podrá girar en el aire como los gatos y reacomodarse al reclamo de la sociedad? La realidad es que, por ahora, si el PJ mantiene el camino que tomó, el próximo presidente no va a ser un dirigente justicialista.

–¿Quiere decir que si el candidato presidencial finalmente es Néstor Kirchner o Eduardo Duhalde el PJ se encamina hacia una derrota?

–No dije con Kirchner, porque en teoría también podría cambiar. El problema es que hacen falta declaraciones básicas. Las soluciones van a venir del mundo de la política. No de los técnicos. Winston Churchill no era un técnico. Barack Obama no es un técnico. Michelle Bachelet tampoco. A la presidenta Cristina Fernández, por ejemplo, todo el tiempo se le presentan oportunidades para recuperar el mensaje que dio en su discurso del Teatro Argentino, cuando habló de institucionalidad. También la crisis por el Banco Central le ofrece oportunidades para dar un cambio y recuperar aquel mensaje. Y cuando queremos presentar al ex presidente Kirchner como el diablo no nos olvidemos que se retiró del gobierno con niveles altísimos de aceptación. Todo es posible en la política. La capacidad de sorprender siempre se mantiene.

Un llamado de solidaridad con Martín Redrado

En una confitería en la esquina de Figueroa Alcorta y Pampa, Santiago Montoya llega a la entrevista con Crítica de la Argentina con una copia de la Carta Orgánica del Banco Central en la mano. Comenzó a estudiarla apenas se desató el enfrentamiento por el uso de reservas que hizo temblar el verano político. Cuando la presidenta Cristina Fernández echó por decreto de necesidad y urgencia a Martín Redrado de la jefatura del Banco Central, Montoya lo llamó para expresarle su solidaridad.

La semana pasada, cuando el frío político comenzó a rodear al presidente del BCRA, Redrado le retribuyó el apoyo con otro llamado. De la conversación, nada más se supo.

De todas formas, el ex funcionario bonaerense cree que el conflicto encierra una oportunidad. "El Gobierno podría convocar mañana a la oposición para encontrar una salida conjunta a la crisis que se generó con el uso de las reservas. Si se sentaran juntos sería una señal más poderosa que todas las estupideces que oficialismo y oposición están haciendo por separado en estos días", afirma Montoya, en un reparto de críticas por igual a unos y otros.

Sin embargo, el recaudador descree que el mediano plazo muestre una solución acordada para la pelea por las reservas del Banco Central. "Unos y otros están más preocupados en jubilar al otro que en sentarse", concluye con pesimismo.

Dos candidaturas

El ex titular de la agencia de recaudación bonaerense comparte un heterogéneo e incipiente espacio político con el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández. También dialoga con el intendente de Tigre, Sergio Massa. E incluso con el diputado del PJ opositor Felipe Solá. Por ahora son sólo una suma de voluntades sin estructura para competir en una elección. Pero Montoya asegura que no le quita el sueño la debilidad política.

"No me pongo tan nervioso, porque cuando se acerque 2011 el justicialismo tendrá que demostrar que aprendió las lecciones. Siempre y cuando recoja el mensaje de la sociedad. Yo puedo aportar algo porque cuando se armó la estrategia electoral para junio no me presté al manoseo. Creo que el resultado me dio la razón. Yo me gané una cuota de credibilidad".

Entre tanto, Montoya trabaja para otra aspiración electoral: ser el presidente de Belgrano de Córdoba, una pasión que compite palmo a palmo con su interés por la política. Su postulación para encabezar el club ya comenzó a ser medida por las encuestadoras entre los socios, aunque su intención de voto todavía se encuentra a distancia de otros competidores.

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