Scioli, en un cepo político

Por: Ricardo Kirschbaum

Scioli está en un cepo. Atrapado por el déficit provincial, supone que su condescendencia con el Gobierno nacional será un salvavidas para su carrera política. Su apuesta es seguir abonando la relación con Kirchner que, según parece, ya está agonizando.

El kirchnerismo, cada vez más seguido, pisa la manguera financiera que permite al gobierno bonaerense pagar los sueldos y, como contrapartida, avanza en la Provincia tratando de recuperar el terreno perdido en junio.

Ya se sabe. Para Kirchner, los responsables de su derrota electoral -perdió las elecciones, aunque no lo parezca- fueron los medios y Scioli, en ese orden. Desde entonces, viene aplicando una política de paulatino aislamiento al gobernador.

Scioli perdió a sus ministros de Agricultura (fulminado en la reunión que mantuvo con Cristina Kirchner) y de Acción Social. En ambos casos, accedieron al gabinete dirigentes que responden políticamente más a la Casa Rosada que al gobernador bonaerense.

Este avance kirchnerista se apoya en la certeza de que la reacción de Scioli es tibia o nula a las presiones. El gobernador ha caído en la trampa de pensar que cuanto más pasiva sea su actitud frente a Kirchner, le irá mejor. Pero esto no es así. No ha recuperado el diálogo político con el ex presidente y no hay perspectivas de mejora.

Lanzó un impuesto para achicar el déficit. Peor el remedio que la enfermedad: se le abrió otro gran frente de tormenta.

Hizo otro gesto hacia Olivos. Scioli promete abandonar su sueño presidencial y pelear por la reelección para no estorbar la aventura Kirchner 2011. Nada saciará a Kirchner: en diciembre quiere a Balestrini en lugar de Scioli y a éste, en Diputados.

Salvo que Scioli decida, al final, resistir.

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