Scioli: bailando con la más fea

Por: Alcadio Oña

Entre fines de junio y principios de julio, el gobierno nacional le giró a Buenos Aires nada menos que 1.000 millones de pesos. Salieron de un fondo fiduciario del Presupuesto y fueron al pago de salarios y medio aguinaldos de los empleados públicos bonaerenses.

También le adelantó una cuota, alrededor de 250 millones, de los llamados PAF. Esto es, financiamiento que anualmente se les acuerda a todas las provincias para que éstas, a su vez, salden deudas con la Nación que vienen desde 2002.

Según de quien sea la estimación, Buenos Aires tiene un agujero financiero sin cubrir de entre 2.500 y 3.000 millones. Puesto de otra manera: los apremios que a duras penas ha superado ahora pueden sobrevenir en los próximos meses.

Cualquiera podría imaginar nuevos salvavidas del gobierno nacional. Sólo que eso tiene ciertas limitaciones.

Una es que la caja del poder central se ha achicado considerablemente. Y cierra con fondos de la ANSeS, del Banco Central y el Nación, tal cual acaba de comprobarse con el pago de US$ 2.250 millones por el BODEN 2012.

Otra, que el resto de las provincias exigirán un trato similar, pues también padecen ahogos financieros. Los gobernadores ya empezaron a golpear las puertas de la Casa Rosada, varios fueron a la Justicia por deudas de la Nación y algunos han salido a tomar crédito, caro, en el mercado privado.

Pero aun en el supuesto de que Olivos siguiera bombeándole dinero, eso mismo reforzaría la dependencia de Daniel Scioli. Justo cuando intenta despegarse de Néstor Kirchner o cuando hay quienes le recomiendan una diferenciación pública mucho más contundente.

¿Cómo se leería que el gobernador ponga a Mario Ishii al frente de Obras Públicas, una de las pocas áreas con recursos? El intendente de José C. Paz, con licencia, fue el jefe de la campaña kirchnerista en las últimas elecciones.

Además de los PAF, este año la Provincia ya recibió plata de la ANSeS, del BID, el Banco Mundial y del Instituto de Previsión Social. Como todas, bicicletea obligaciones con proveedores y contratistas y apela a financiamiento del BAPRO. Pero está claro que no le alcanza.

Aún creciendo a tasas mayores que la nacional, la recaudación impositiva bonaerense está abajo del monto proyectado en el Presupuesto. Igual que al resto, le pega la retracción de la economía y, estos meses, los efectos de la Gripe A.

En las cuentas fiscales de 2009 no estaban contemplados aumentos salariales. Ya debió acordar un 15 % a los docentes, según la pauta que fijó el gobierno nacional, y entre 9 y 10 % al resto de los empleados públicos. Y ya hay a la vista nuevas demandas: por si no se sabe, Buenos Aires tiene unos 400 mil empleados y la factura salarial le consume más del 50 % del Presupuesto.

"Scioli se ha desentendido de la conducción del PJ y se metió de lleno en la gestión", dicen en las cercanías del gobernador. La gestión siempre figura al tope de sus prioridades, sólo que ahora eso consiste sencillamente en achicar gastos. Ajustar, si nada más se mira la magnitud fiscal del problema y no se considera la dimensión política y social que también existe: o sea, el paquete completo.

Se pueden pedalear pagos, aunque así aumente la deuda flotante. Pero asoman riesgos con la continuidad de obras públicas iniciadas, si no aparecen recursos de algún lado. Y también, según legisladores bonaerenses, eventuales aprietos con el pago puntual de los salarios.

Hay una veta enorme en el Fondo del Conurbano, que desde hace una década sigue clavado en 650 millones de pesos anuales. Implica, concretamente, que la Provincia recupere el 10 % del Impuesto a las Ganancias que recibía en origen: a plata de hoy, eso representa unos 5.370 millones de pesos.

En cambio, los 650 millones vigentes equivalen al 1,2 % de la recaudación de Ganancias.

Pero lo que suena a sencillo y justo, resulta, a la vez, imposible. Es que por el régimen del Fondo del Conurbano los 4.720 millones que Buenos Aires pierde de Ganancias se reparten entre el resto de las provincias. Como están las cosas, seguro no habrá gobernador dispuesto a resignar un peso.

Dice un ex funcionario bonaerense: "El diálogo con todos los sectores sirve, pero se agota pronto si no se ven hechos concretos". Vale para Scioli y para los demás.

Más directo, alguien que también pasó por despachos clave de La Plata agrega: "Si el gobernador no sale a plantear la situación de la Provincia y a ponerla en cabeza del gobierno central, él solo va a cargar con todos los costos. Y no le sobra tiempo".

Paradójicamente, el caldo social y político que representan los 4 millones de pobres que viven el conurbano es una carta a su favor. No están lejos, sino a las puertas de la Capital. Por varias razones de peso, el caso de Scioli ni por asomo se parece al de un gobernador intervenido de Santa Cruz. Aunque esté apretado.

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