Schiaretti no se reconciliará con Kirchner.

El gobernador promete que seguirá reclamando menos retenciones al campo y más fondos para la provincia.
"Querrán cambiarnos alguna ley por los fondos que nos tienen que mandar, pero no tendrán suerte. En lo que me queda de mandato, voy a trabajar para que Córdoba recupere al menos una parte de los fondos que todos los meses la Nación se lleva con las retenciones (a las exportaciones de granos)".

Es la tarde-noche de ayer. Pocos escuchan pronunciar esas palabras al gobernador Juan Schiaretti. El gobernador acaba de salir de la oficina contigua a su despacho. El televisor trajo a Córdoba la conferencia de prensa en la que Cristina Fernández afirmó que el Frente para la Victoria ganó las elecciones.

No le oculta la sorpresa a su gente. Schiaretti exhibe el desencanto como respuesta a la negación de la derrota, que durante más de una hora desarrolló la Presidenta.

Schiaretti tiene un discurso armado que pensó durante los últimos días y comenzó a repetir desde la noche del domingo.

Ese conjunto de palabras que ayer descargó en decenas de micrófonos pone el acento en resaltar la derrota K y en soslayar la caída al tercer lugar del peronismo.

Derrotas propias y ajenas. Cuando fuera de cámara le recuerdan el resultado adverso, saca uno de los datos políticos de la elección cordobesa y se lo atribuye como un mérito. "Sabíamos que para evitar que (Luis) Juez fuera gobernador teníamos que arriesgarnos a perder nosotros. Pero lo logramos, Juez no será gobernador en 2011", augura.

Como argumento complementario de la derrota, pone el armado peronista de la lista kirchnerista. Y juzga: "La mitad de los votos que sacó el kirchnerismo en Córdoba (en total sumó alrededor del nueve por ciento) son votos peronistas que nos faltaron para ganarle a Juez".

Cuando reconoce que el gran problema electoral del peronismo sigue siendo la ciudad de Córdoba, destaca en cambio que en el interior el oficialismo "está casi intacto".

Anuncia que se tomará su tiempo para definir la estrategia del próximo turno electoral, dentro de dos años, cuando se elija su sucesor. "Tenemos que largar cuatro o cinco dirigentes a la cancha y después ver quién está mejor", dice, y fija para mayo del año que viene el comienzo de ese ensayo.

El día después de las elecciones, el teléfono del gobernador sólo sonó para recibir la llamada de un amigo mendocino. "Julio Cobos me habló para hablar de lo ocurrido", comenta el gobernador sobre el contacto con el vicepresidente de la Nación.

Cobos resultó clave en la táctica del gobernador para quebrar el intento juecista de formar una alianza con el radicalismo cordobés. Fue el vicepresidente el que prometió apoyo personal a la UCR cordobesa para mejorar sus chances, desde su condición de dirigente con mejor imagen positiva en la provincia.

Schiaretti dice haber venido advirtiendo que el radicalismo estaba en condiciones de hacer una muy buena elección. "Se lo dije varias veces a (Oscar) Aguad y a Ramón (Mestre). En mis encuestas, ellos, lo mismo que Rubén Martí y Mario Negri, aparecían con muy buena imagen positiva. La gente buscó en ellos la idea de gobernabilidad que Juez nunca dio", analiza.

Schiaretti no recuerda haber dialogado en los últimos días con ningún funcionario kirchnerista. Allá lejos, hace algunas semanas, lo llamó el ministro del Interior, Florencio Randazzo, para reclamarle el traslado de fondos nacionales a algunas municipalidades.

En la charla, Schiaretti le anticipó lo que consumaría luego: presentar un pleito en la Corte por la deuda de la Nación con Córdoba por la Caja de Jubilaciones.

La campaña terminó, pasaron las elecciones, pero Schiaretti sigue de largo con su campaña contra los Kirchner.

Plata frenada. ¿La Nación seguirá frenando los fondos para pagar la deuda cordobesa y para paliar el déficit jubilatorio? Schiaretti supone que sí, pero no cree que la sangre llegue al río. Dice tener previsto obtener créditos bancarios para paliar la falta de financiamiento nacional en lo que queda del año. "Plata tendremos", pronostica.

La falta de diálogo con la Casa Rosada, estima el gobernador, puede ser parcialmente salvada con la gestión componedora que encarara Daniel Scioli como nuevo presidente del peronismo. "Lo primero que le voy a decir es que tenemos que bajar las retenciones y negociar una nueva coparticipación", anunció a su equipo, una vez que se enteró de que Néstor Kirchner abandonaba el sillón principal del peronismo.

Schiaretti sabe que en algún momento vendrán a buscarlo para canjear apoyo en el Congreso a cambio de fondos para Córdoba. Insiste en que no habrá trueque alguno, pero desliza una acción común que ya comenzaron a charlas unos cuantos gobernadores peronistas: "Todos tenemos buena voluntad de salir adelante".

Dispuesto a militar en el peronismo disidente al peronismo, el gobernador no cree que la danza de las candidaturas presidenciales vaya a comenzar de inmediato. Cita de memoria a los dirigentes que ya anunciaron sus intenciones, pero reclama prudencia.

Descuenta, sin embargo, que para la gran carrera de 2011, el domingo quedaron anotados dos dirigentes con los que siempre se encarga de destacar su afinidad: el radical Cobos y el reelecto senador santafesino Carlos Reutemann. "El peronismo lo irá a buscar", asegura.

Derrota K

"Está claro que el kirchnerismo sufrió una derrota en todo el país. Su política de confrontación ha sido repudiada por la sociedad".

Renovación

"Junto a otros dirigentes peronistas tenemos como objetivo renovar el partido. En ese sentido, el PJ cordobés está en contacto con dirigentes de otras provincias".

Unidad

"Si el PJ de Córdoba hubiera estado unidos, ganábamos la elección. Pero lo importante es que el 90 por ciento de los cordobeses le dijo que no al kirchnerismo".

Cambio

"Ahora la gente quiere tolerancia, pluralismo y consensos. Espero que

el Gobierno nacional tome nota y que cambie por el bien de los argentinos".

Daño

"El kirchnerismo le hizo daño a Córdoba. En siete años, se llevó 9 mil millones de dólares en retenciones, equivalente a tres presupuestos anuales".

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