Schiaretti con intendentes: tarde de pocos amigos

Una docena de jefes locales reclamaron al gobernador que se busque la unidad en el Partido Justicialista.
Seis veces les pidió un apoyo explícito y seis veces la respuesta fue un silencio inesperado e irritante. Un Juan Schiaretti "fastidiado" mantuvo ayer una larga charla con no menos de una docena de intendentes del interior provincial que le llevaron el "clamor" de unidad y la necesidad de abrir una negociación interna en el PJ.

No era eso lo que el mandatario provincial quería escuchar, y tampoco fue lo que recibieron sus oídos. Y eso que la reunión duró más de dos horas.

Los jefes comunales, en su mayoría victoriosos en la elección legislativa de junio, sostienen (y así lo expresaron ayer) que la disputa por el control partidario, tal como se plantea en esta coyuntura, restará chances al PJ para el 2011. Piensan también que no hay razones para mantener posturas irreductibles y que la figura que puede prolongar la estadía del peronismo en el poder provincial es, en función de la limitación constitucional que impide la reelección de Schiaretti, solamente José Manuel de la Sota.

Con ese cuadro de situación expuesto esperaban un gesto o una señal que los habilitara a hacer un intento de acercamiento. No lo lograron. Aseguran que se encontraron con un Schiaretti casi irascible, y, según algunas opiniones, por momentos desconcertante.

Peronistas al fin, la mayoría se aferró a la enseñanza histórica: en estas cuestiones el que se enoja pierde y se dispusieron a escuchar. Hablaron poco según sus propios relatos, aunque cada tanto, alguno realizaba una observación, generalmente contrariando el análisis del primer mandatario. A todas luces era esa la postura inconveniente en función del humor-ambiente.

Para varios de los participantes, por momentos Schiaretti subió el tono en su planteo. Para otros, la cuestión fue más allá y refirieron a cierta destemplanza del discurso, algo poco habitual en el jefe de estado cordobés. La interna parece malhumorar más que las generales a este peronismo, en todas sus versiones, y eso que todavía controlan el gobierno. Cuando salieron nadie tenía nada demasiado claro. De ahí también que las evaluaciones, aunque sin contradicciones, mostraban diferentes matices. Pero en un esfuerzo de amalgamar, se puede especular con algunos puntos más o menos firmes:

• Existía la percepción de que la interna es inevitable. Sin embargo varios creen que más allá de sus definiciones los afiliados actuaran con mucho más independencia de las estructuras y de la fuerza de los recursos económicos.

• Creen que Schiaretti hace una sobrevaloración del resultado electoral y que se equivoca en su diagnóstico que fue su decisión la que golpeó a Luis Juez reduciendo sensiblemente sus votos.

• Para la mayoría esa situación no es producto del PJ sino de Daniel Giacomino, y el PJ sigue sin estrategia clara para enfrentar al juecismo en la Capital.

• Saben que el poder del gobierno pesa y temen por la asfixia presupuestaria sobre las gestiones. En algunos casos ese dato paraliza y en otros los revela.

• Creen que si el camino de la interna pasa por el tono del ánimo con que los recibió Schiaretti será muy difícil llegar sin heridas graves al 2011.

• Todos están dispuesto a actuar públicamente alertando de esta situación para evitar que se los trague el conflicto.

También observaron datos y posturas indescifrables. Relatos coincidentes señalan que por momentos el propio Schiaretti planteó que lo provincial puede posponerse a en alguna medida arreglarse o moderarse. Donde más decidido parece estar a ir al enfrentamiento interno es en la Capital. Dos versiones coincidieron es señalar que al menos en tres momentos de la tensa charla el gobernador se expresó planteando la necesidad de ir sí o sí a una elección en el distrito capitalino para destronar a Olga Riutort y en dejar, literalmente, afuera del PJ a Eduardo Accastello.

Para la parsimoniosa y hasta bucólica personalidad de varios de los jefes comunales, la tarde de ayer fue estresante. "Para venir a escuchar esto, bancarse el resentimiento y a que nada de lo que proponés ni siquiera lo valoren, me quedo en mi pueblo. Y que vayan a buscar el voto. Yo no haré una alcantarilla en los dos años que me quedan pero los voy a cagar a piedrazos cuando quieran asomarse y más si me aprietan con la plata ", decía en tono de poco amigos uno de los más experimentados participantes de la frustrada reunión de acercamiento.

Comentá la nota