Schiaretti en el iglú

En el libro Aventura en el Ártico, el explorador danés Peter Freuchen relata cómo quedó atrapado en una tormenta de nieve en Groenlandia. Solo, con pocos víveres, decidió construir un iglú y esperar a que amaine el temporal.
Los días pasaban y el clima no cambiaba, pero el problema mayor estaba en su propio iglú. Freuchen empezó a notar que las paredes, de a poco, se cerraban sobre él. Ocurría que, debido a las condiciones externas, su aliento literalmente se congelaba en las paredes que, con cada respiración, se volvían más gruesas y achicaban el interior.

Menuda paradoja: si no respiraba, se moría; pero al mismo tiempo, cada respiración lo acercaba a la muerte. Se sabe que Freuchen se salvó (de lo contrario, no hubiera escrito la historia), aunque con secuelas en su salud.

La comparación puede sonar extemporánea para estos días calientes, pero bien vale para preguntarnos cómo saldrá Schiaretti de su iglú. Adentro, choca con las limitaciones que le impone la coyuntura y el agitado aliento de los gremios. Afuera, la tormenta política con los Kirchner amenaza con llevarse la esperanza de una mejor sobrevida.

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